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Un invierno húmedo dispara la maleza en el monte gallego y aviva la preocupación por la próxima temporada de incendios

Las persistentes lluvias de enero y febrero de 2026 han dejado un rastro evidente en la vegetación de los montes gallegos: el matorral y la herbácea han rebrotado con una vigorosidad inusual en muchas fincas. Técnicos y empresas de desbroce alertan de que, aunque la humedad favorece el crecimiento, la coexistencia con biomasa seca acumulada en años previos complica la gestión del combustible forestal de cara a la primavera y el verano.

Crecida visible en el monte

En el ayuntamiento coruñés de Rois, propietarios de maquinaria y equipos de limpieza del monte notan la diferencia a simple vista. «Hay mucha más maleza que en los años anteriores», resume Jorge Casal, responsable de Desbroces Casal. Sus jornadas de trabajo, donde antes predominaban labores puntuales de mantenimiento, han derivado ya en solicitudes masivas para retirar matorral que en zonas abandonadas ha llegado a alcanzar tallos de más de un metro en apenas semanas.

La explicación, según los profesionales consultados, no se reduce a la elevada pluviosidad. El profesor de Ingeniería Forestal de la Universidade de Vigo, Juan Picos, aporta un matiz decisivo: las temperaturas suaves del invierno han impedido que muchas especies entren en reposo vegetativo. «Cuando no hace frío, la planta no se detiene completamente», señala, y añade que esa continuidad favorece sobre todo a herbáceas y matorral en las zonas costeras, donde las condiciones son más benignas.

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«Siempre pensamos en la precipitación, pero lo que realmente determina el crecimiento es la temperatura», Juan Picos.

La combinación de humedad y calor moderado también potencia la actividad de hongos y plagas; Picos menciona expresamente el avance del hongo conocido como banda roja en el Pinus radiata, un problema que en galería y en los pinares más gestionados ya obliga a tratamientos fitosanitarios adicionales. Además, las raíces de la cuestión son locales: en la franja atlántica, donde la marina influye en el termómetro, los episodios de invierno que ahora se repiten favorecen una primavera precoz y un rebrote más homogéneo que años atrás.

Antecedentes: abandono, sequías previas y acumulación de combustible

Este impulso estacional llega además sobre un fondo de material vegetal seco heredado de olas de calor y sequías de años recientes, incluido el verano pasado. Esa materia muerta, que en algunos casos no ardió en incendios previos, permanece en el monte actuando como un combustible listo para prender si las condiciones se secan. No es lo mismo la biomasa que brota ahora, con cierto contenido hídrico, que los restos secos que pueden alimentan un fuego con rapidez y intensidad.

En el análisis de campo se repite una idea que ya conocen los técnicos forestales gallegos: el problema no es tanto el crecimiento puntual de un invierno, sino la suma año tras año de vegetación sin gestión. Lo explica con claridad Juan Carballo, de Desbroponte en la provincia de Pontevedra: «Es un proceso acumulativo». Donde hay parcelas abandonadas durante décadas, el matorral ha ido ganando terreno y ahora la rápida brotación actúa como la guinda en un pastel combustible, no como su causa única.

Medidas y limitaciones para la prevención

Ante este escenario, la dirección xeral de Medio Rural ha decidido anticiparse y ha prohibido temporalmente las quemas agrícolas desde el mismo inicio de la primavera, una orden que pretende evitar el encadenamiento de pequeños fuegos que, en malas condiciones, escalan hasta convertirse en incendios forestales. La prohibición llega en un contexto en el que muchas labores de prevención —cortafuegos, aclarados, pastoreo controlado— chocan con costes elevados y la fragmentación de la titularidad de la tierra: propietarios diminutos, parcelas diseminadas y falta de coordinación local dificultan la acción efectiva.

El coste del desbroce mecánico y la logística de retirada de restos vegetales siguen siendo una barrera para muchos vecinos. En municipios del interior y en comarcas costeras se repite la misma escena: propietarios que preferirían ejecutar labores de limpieza no cuentan con la maquinaria ni el permiso administrativo necesarios, o bien no perciben incentivos económicos suficientes para mantener las fincas limpias de forma continuada.

Además, la prevención técnica exige tiempo: las redes de vigilancia, helitransporte y brigadas forman un entramado que necesita inversión y planificación anual. Si bien la campaña de extinción se activa cuando el fuego aparece, la prevención requiere programas sostenidos que aborden la raíz del problema, no solo las alarmas puntuales tras cada verano caliente.

Repercusiones y próximos pasos

Si la primavera y el verano transitan secos, la confluencia de maleza reciente y combustible viejo puede multiplicar la intensidad de los incendios. No obstante, los expertos subrayan que la solución no es sencilla ni inmediata: exige articular ayudas económicas para limpieza, poner en marcha iniciativas de economía rural que incentiven el uso del monte —ganadería extensiva, biomasa con aprovechamiento energético— y coordinar políticas entre ayuntamientos, la Xunta y comunidades de montes vecinales.

En las próximas semanas se espera un aumento de las solicitudes de trabajos de desbroce y una mayor actividad de las administraciones locales, que suelen recurrir a campañas informativas y ayudas puntuales en primavera. A falta de medidas decididas y de un calendario claro de actuaciones, la advertencia que lanzan técnicos y empresas es sencilla: los montes gallegos tienen ahora más matorral que en años anteriores y la combinación con restos secos es una variable de riesgo que conviene no subestimar.

Para los habitantes de pueblos donde el monte es paisaje y sustento, la cuestión no es solo medioambiental, sino social. La gestión del territorio —recordemos la evolución del uso del suelo en Galicia desde décadas atrás— exige recuperar la articulación entre iniciativas públicas y privadas si se quiere minimizar la amenaza que, cada verano, ha marcado ya episodios dramáticos en la comunidad. La decisión de prohibir las quemas es un primer gesto; queda por ver si se acompañará de instrumentos duraderos que transformen la abundancia de esta primavera en una oportunidad para ordenar el monte, y no en combustible para el fuego.

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Sofía Martínez

Periodista gallega especializada en información local y política. Licenciada en Periodismo por la USC. Redactora jefe de Galicia Universal.

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