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Adriana Páramo volvió de Londres a Vigo y convirtió su duelo y su embarazo en un documental: «Fue durísimo grabarlo»

Adriana Páramo, cineasta viguesa que llevaba once años en Londres, proyecta este jueves en A Morada su largo autobiográfico Grelei raíces no teu lar, una pieza rodada en primera persona durante la pandemia en la casa de su tía, donde afrontó la muerte familiar y el inesperado deseo de ser madre. El film, parte de su doctorado en la Royal Holloway, sigue su día a día con la cámara al hombro y muestra la tensión entre el dolor y la transformación personal.

Un regreso íntimo y sin artificios

La historia arranca con un gesto sencillo pero cargado de significado: volver a casa. Tras la muerte de su tía, Páramo dejó su trabajo y su vida en Londres y regresó a Vigo, convirtiendo la vivienda familiar en estudio y refugio. Allí, con recursos propios y un enfoque claramente autobiográfico, empezó a registrar lo que llamó «un período de transición en mi identidad»: la gestión del duelo y el nacimiento de la idea de maternidad en una mujer que se había convencido toda la vida de que no quería ser madre.

Fotogramas domésticos, imágenes de archivo familiares y tomas cotidianas se entrelazan en la película para narrar un proceso que fue, según la propia directora, doloroso en su constatación y en su montaje. «Fue durísimo tanto enfrontarme coas imaxes de arquivo familiar como rexistrar coa cámara como me facía sentir a idea de ser nai», confiesa Páramo en una de las declaraciones más sinceras de la película.

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«Foi durísimo tanto enfrontarme coas imaxes de arquivo familiar como rexistrar coa cámara como me facía sentir a idea de ser nai»

No hay voluntad de espectáculo: la cámara acompaña, a veces temblorosa, a una mujer que se enfrenta a imágenes del pasado mientras negocia su futuro. La última imagen del rodaje recoge a la propia directora dando el pecho a su hijo con tres meses, un cierre que liga la memoria con la continuidad. Hoy, con su hijo ya con 3 años, Páramo reconoce que esa distancia temporal le permite observar la obra con ojos distintos, aunque el proceso de montaje y visión inicial fue traumático.

De la investigación académica a la cámara doméstica

El proyecto tiene su origen en una investigación académica. Durante su doctorado en la Royal Holloway, Páramo profundizó en el proceso creativo del actor y en cómo éste se volca en la construcción de personajes. Fue durante ese trabajo cuando topó con la obra de teatro Anatomía dunha serea, de Iria Pinheiro, que abordaba experiencias de violencia obstétrica. La dramaturgia la sacudió y la investigación derivó en una mirada más amplia sobre la experiencia femenina en el parto y el posparto.

Aunque inicialmente no se veía como madre, el enfrentamiento con esas historias —y luego la pérdida de su tía— transformó su objeto de estudio. La cámara, que en lo académico servía para observar, pasó a ser herramienta terapéutica y documento íntimo. Páramo filmó durante la pandemia de 2020, un periodo en el que muchos retornos a Galicia se aceleraron por la emergencia sanitaria; en su caso, esa vuelta significó echar raíces literales en la casa familiar y explorar la maternidad en solitario, con una mirada crítica y sin concesiones.

Su énfasis no está solo en narrar el embarazo, sino en mostrar cómo el deseo y el temor conviven en una mujer que rondaba los 35-36 años cuando decidió dar ese paso. La experiencia, cuenta, le obligó a replantear narrativas personales y sociales sobre la maternidad: la pieza habla de familia monomarental, de duelos no resueltos y de cómo la intimidad puede convertirse en material de investigación creativa.

Recepción, proyección y lo que queda por decir

La proyección en A Morada, prevista para este jueves a las 19.00 horas, se presenta como una cita relevante dentro de la escena cultural viguesa. La sala, que viene apostando por propuestas independientes y por dar visibilidad a proyectos surgidos desde la ciudad, será el primer escenario local donde el público pueda confrontar la pieza. Cabe recordar que Vigo vive un momento de efervescencia cultural: los retornos de creadores formados fuera, las residencias artísticas y los ciclos de cine alternativo han tejido en los últimos años un ecosistema cada vez más sólido.

Para Páramo, la película es además un capítulo hacia la culminación de su tesis, que está «a punto de rematar». En términos académicos se trata de una investigación basada en la práctica, donde el propio proceso creativo genera conocimiento. Para la audiencia, supone una propuesta que mezcla documental íntimo y reflexión sobre la violencia obstétrica, la soledad de la maternidad en solitario y la potencia de la memoria familiar como material narrativo.

No es la primera vez que la directora aborda temas difíciles: su anterior trabajo ya exploró la violencia obstétrica desde la cercanía, y en esta nueva obra reafirma esa línea de compromiso tanto intelectual como emocional. A escala local, su regreso y la presentación de un film así funcionan también como señal de que Vigo atrae y retiene talento que, después de formarse y trabajar fuera, vuelve para dar voz a historias que parten del territorio y vuelven a él transformadas.

Mirando hacia adelante, la pieza puede abrir diálogos en ámbitos tan dispares como la salud maternal, las políticas de apoyo a familias monomarentales y la manera en que las instituciones culturales acogen trabajos de autoría femenina que cruzan lo personal y lo académico. A falta de confirmación oficial sobre itinerancias del documental, la expectativa es que Grelei raíces no teu lar encuentre un recorrido en festivales y en muestras dedicadas al cine de autor y a las prácticas documentales contemporáneas.

La experiencia de Páramo pone sobre la mesa una cuestión que, en Galicia, resuena con particular fuerza: la del retorno y la reconstrucción de la vida tras una pérdida. Entre la ría y las casas de aldea que guardan archivos familiares, muchos creadores han encontrado materia prima para obras que, al traducir el dolor en imagen, ayudan a comprender mejor las transiciones individuales y colectivas. Esta película es, en ese sentido, un ejemplo de cómo el cine puede funcionar como salvaguarda de la memoria y como herramienta de transformación personal.

Al salir de la sala, el público no solo verá una crónica íntima; verá el mapa de una decisión: dejar Londres, volver a Vigo, vivir en la casa de quien se ha ido y filmar lo que sucede para no perderlo. Esa huella, capturada con modestia técnica pero con una honestidad implacable, es el legado principal que Adriana Páramo entrega ahora a su ciudad y, por extensión, a quienes buscan en el cine una forma de nombrar lo que duele y lo que cura.

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Carmen Dorado

Periodista especializada en cultura y sociedad gallega. Colaboradora habitual en medios digitales del noroeste peninsular.

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