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Parque o reciclaje: el futuro del edificio de la vieja estación de autobuses divide a Lugo

Un debate tan urbano como simbólico llenó el auditorio de O Vello Cárcere este martes: ¿demoler el edificio de la antigua estación de autobuses para ganar espacio verde o conservarlo y transformarlo en un equipamiento público? Frente a frente se situaron el teniente de alcalde y portavoz del BNG, Rubén Arroxo, y el presidente de la asociación Lugo Monumental, Luis Latorre, ante más de cien vecinos que tomaron nota y cuestionaron costes, movilidad y el impacto patrimonial.

La apuesta por un «pulmón verde» frente a la propuesta de reciclaje

La propuesta municipal, defendida por Arroxo, plantea la demolición del inmueble con el objetivo de habilitar una gran zona verde en el entorno del casco histórico, una intervención que pretende crear lo que definió como un nuevo «pulmón verde» de la ciudad. En sus cálculos, la actuación posibilitaría habilitar una área peatonal de más de 27.000 metros cuadrados, casi 3 hectáreas, o en otra estimación señalaron la necesidad de al menos 2 hectáreas para garantizar un parque de cierta envergadura.

El proyecto municipal no se limita a los jardines. Arroxo defendió la construcción de un aparcamiento subterráneo bajo el parque que, según sus palabras, «suprimiría definitivamente los problemas de estacionamiento en el centro de Lugo», y la creación de un eje peatonal que conecte Rúa Dinán con la Avenida Anxo López Pérez, avanzando en la aspiración histórica del BNG de peatonalizar gradualmente las inmediaciones de la muralla romana, el monumento más emblemático de la ciudad.

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Quienes respaldan la demolición insisten en que la liberación de superficie asfaltada y de tráfico rodado contribuiría a mejorar la calidad ambiental del casco antiguo y a recuperar visiones urbanas perdidas alrededor de la muralla. No es una idea nueva: en la última década se han repetido debates sobre la necesidad de espacios verdes en el entramado urbano de Lugo, donde la densidad y el turismo han tensionado el uso del suelo.

Renovación y usos multifuncionales: la alternativa de Lugo Monumental

Por su parte, Luis Latorre, en representación de los comerciantes y hosteleros del casco histórico, rechazó la demolición como una solución contradictoria con fines medioambientales. «Tirar el edificio generaría toneladas de escombros imposibles de reciclar», dijo, y defendió que la rehabilitación es «más ecológica y más económica» para la ciudad. En su propuesta, la vieja estación se reimaginaria como un centro de servicios integrados con usos de proximidad.

«Renovar el edificio y darle nuevos usos es la opción más ecológica y más económica», aseguró Latorre durante la charla.

El plan de Lugo Monumental incluye un apeadero para las líneas interurbanas en la propia parcela —una demanda repetida desde que se anunció la futura estación intermodal— y la creación de un punto de recepción de viajeros. En el edificio se propone mantener locales comerciales en planta baja, una zona polivalente para ferias, charlas o ensayos de grupos locales; y en las plantas superiores se contemplan oficinas, un vivero de empresas y una terraza con cubierta vegetal desde la que disfrutar de las vistas del casco y la muralla.

Además del beneficio para la actividad comercial, este modelo busca responder a un problema logístico real: un espacio ordenado para el reparto de mercancías y para servicios que requieran estar junto al centro, reduciendo vueltas de vehículos y la ocupación indebida de aceras y plazas. Latorre propuso asimismo un aparcamiento en altura en una parcela próxima, con cuatro plantas y más de 500 plazas, que sería gratuito y, a su juicio, más barato tanto de construir como de mantener que un subterráneo.

Aparcamientos, arqueología y el acuerdo mínimo: un apeadero en la parcela

En el punto en el que ambos convergieron hubo más matices que contradicciones: tanto Arroxo como Latorre coincidieron en la conveniencia de mantener un punto de parada para autobuses en la zona de la vieja estación. La idea de un apeadero responde a la realidad de que la inmensa mayoría de usuarios que llegan a Lugo en autobús se dirigen al casco histórico, y perder esa llegada directa dificultaría la accesibilidad.

Donde surgen las dudas es en la forma y el coste de los aparcamientos. El proyecto municipal apuesta por un estacionamiento subterráneo que liberaría superficie para el parque; la patronal del casco, en cambio, augura que los hallazgos arqueológicos en una actuación de ese tipo podrían encarecer y retrasar la obra de manera significativa, razón por la que aboga por un aparcamiento en altura en una finca entre las calles Castelao, Miguel de Cervantes y la Ronda. La solución de Latorre contempla cuatro plantas y más de 500 plazas, de gestión pública y gratuitas, para facilitar la llegada de clientes al comercio local.

La posibilidad de toparse con restos arqueológicos no es hipótesis: el subsuelo del entorno de la muralla es delicado y las intervenciones en los últimos años, desde excavaciones puntuales hasta obras de saneamiento, han sacado a la luz hallazgos que han obligado a modificar proyectos. A falta de confirmación oficial sobre estudios geotécnicos y arqueológicos, esa incertidumbre añade presión sobre la decisión final y sobre los plazos de ejecución.

El coste económico es otro factor que eclipsa el debate puramente urbanístico. Una obra de demolición y posterior gestión de residuos conlleva una factura y un impacto ambiental; del mismo modo, un aparcamiento subterráneo suele multiplicar costes respecto a soluciones en altura. El mantenimiento a medio plazo de cada alternativa también entra en la ecuación: Latorre subrayó que una estructura elevada sería más barata de sostener en el tiempo.

En términos políticos y culturales, la discusión no es neutra. La propuesta del BNG encaja con su discurso continuado de peatonalización del entorno de la muralla, mientras que los comerciantes temen que la pérdida de un edificio con usos pueda debilitar la actividad económica del entorno en un momento en que el pequeño comercio busca alternativas frente a la centralidad de ejes comerciales y la competencia online.

Ahora el debate pasa a la arena técnica: estudios arqueológicos, geotécnicos y de viabilidad económica serán determinantes. A falta de confirmación oficial sobre plazos y presupuestos, la ciudadanía espera que la decisión, sea demoler o reciclar, no se adopte de espaldas al consenso local. La vieja estación es mucho más que un edificio; es una intersección de movilidad, patrimonio y economía urbana que exige una solución meditada y sostenible para el Lugo que viene.

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Sofía Martínez

Periodista gallega especializada en información local y política. Licenciada en Periodismo por la USC. Redactora jefe de Galicia Universal.

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