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La demolición como política: cuando la vigilancia urbanística se convierte en conflicto social

Un modelo de aplicación que golpea sobre el terreno

En los últimos meses, decenas de familias y pequeños propietarios de una provincia gallega han visto cómo órdenes administrativas para devolver a la legalidad sus inmuebles han pasado de ser expedientes técnicos a multas y, en muchos casos, a derribos reales. El fenómeno no se limita a una cuestión técnica: está remodelando calles, tensando relaciones entre ayuntamientos y la Administración autonómica y poniendo sobre la mesa preguntas sobre proporcionalidad y prevención.

El organismo autonómico encargado de velar por la legalidad urbanística ha intensificado las actuaciones en determinados territorios, algo que se traduce en un volumen de intervenciones especialmente alto en esa provincia. El impacto no es solo material: genera inseguridad jurídica, costes para las entidades locales y angustia entre propietarios que, en ocasiones, llevan décadas residiendo en construcciones que ahora son calificadas como irregulares.

«La prioridad debe ser proteger el territorio, pero también garantizar que las familias no paguen el precio de decisiones administrativas de hace años», afirma un responsable municipal.

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De qué hablamos cuando hablamos de derribos

Hablar de demolición implica abordar varios frentes: la existencia de viviendas levantadas fuera de normativa, la capacidad de los ayuntamientos para controlar la obra pública y privada, y la respuesta de la Justicia cuando se impugnan las órdenes. En muchas ocasiones, los procesos se enquistan. La demora provoca que las medidas correctoras lleguen cuando el coste social y económico para los afectados ya es muy elevado.

Además, las zonas costeras y las periferias urbanas suelen concentrar la mayor parte de las controversias. El crecimiento no regulado del pasado, unido a la presión sobre el litoral y a la demanda de segundas residencias, configura un paisaje donde las actuaciones de control pueden chocar frontalmente con expectativas sociales y económicas locales.

Contexto y comparaciones: lecciones de otras políticas

Otras comunidades han combinado sanción con políticas preventivas: refuerzo de los planes de ordenación, campañas de información dirigidas a propietarios y programas de regularización acotados en el tiempo. La experiencia muestra que actuar solo con órdenes de ejecución, sin ofrecer alternativas claras ni recursos para atender el coste de adaptación, suele agravar el conflicto y sobrecargar el sistema judicial.

En algunos países europeos, además de sancionar, se han desplegado fondos para facilitar la reposición de la legalidad y se han establecido mecanismos rápidos de mediación entre la Administración y los afectados. El objetivo: reducir la litigiosidad y priorizar soluciones que preserven el bien público sin provocar desarraigo ni hipotecas económicas insalvables para hogares vulnerables.

Consecuencias locales y dilemas éticos

Los consistorios se encuentran en una posición incómoda: deben aplicar las normativas urbanísticas, gestionar el malestar ciudadano y, a menudo, asumir costes derivados de actuaciones que ellos no generaron. A la vez, la Administración autonómica tiene la competencia y la responsabilidad de garantizar el cumplimiento de la planificación territorial. ¿Cómo conciliar estas obligaciones cuando las consecuencias recaen de forma desigual sobre determinados municipios?

El problema pone de manifiesto una tensión entre dos principios igualmente legítimos: la defensa del interés público y la protección de quienes, por falta de asesoramiento o por decisiones anteriores de las propias administraciones, se encuentran con expedientes sancionadores que alteran sus vidas.

Hacia un enfoque más preventivo y transparente

Más allá de la polémica sobre cifras y titulares, el debate debería centrarse en medidas prácticas que reduzcan la conflictividad. Entre las propuestas.

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Carmen Dorado

Periodista especializada en cultura y sociedad gallega. Colaboradora habitual en medios digitales del noroeste peninsular.

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