La fiesta del libro y la rosa: Sant Jordi en Cataluña y su eco en Galicia
Hoy las redes sociales arden con mensajes en catalán: «Bona diada de Sant Jordi», se lee en cientos de perfiles, acompañados de rosas y libros. La fiesta catalana, que cada 23 de abril convierte las calles de Barcelona y otras ciudades en un hervidero de cultura y afecto, vuelve a ser trending topic. Ahora bien, más allá del fervor catalán por la literatura y el simbolismo de la rosa, cabe preguntarse: ¿cómo vive Galicia esta jornada? ¿Tenemos aquí nuestra propia versión de Sant Jordi?
Lo cierto es que el Día del Libro, que también se celebra el 23 de abril, ha ido ganando terreno en nuestra terra, si bien con un sabor particular y menos espectacularidad que la fiesta catalana. Allí, regalar un libro y una rosa es ya una tradición centenaria. Aquí, la morriña por la lectura se expresa de manera más discreta, pero igualmente sentida en librerías, colegios y bibliotecas de toda la comunidad.
El Día del Libro en Galicia: menos rosas, más letras
En Galicia, la efeméride del libro tiene una agenda propia. Las librerías de A Coruña, Vigo, Ourense o Lugo suelen sacar sus mesas a la calle, ofreciendo descuentos que superan en algunos casos el 10 %, el doble de lo habitual en otras fechas. Los colegios organizan mercadillos de libros de segunda mano, fomentando el trueque entre rapaces —una costumbre con retranca, que algunos padres agradecen en estos tiempos de inflación—.
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Conoce más →Las bibliotecas públicas, por su parte, aprovechan la jornada para organizar cuentacuentos, presentaciones y hasta maratones de lectura, como el celebrado este año en la Biblioteca Ánxel Casal de Santiago, donde participaron más de 200 personas de todas las edades. Según datos de la Consellería de Cultura, en 2023 se prestaron un 12 % más de libros la semana del 23 de abril respecto a la media anual, tres veces más que la subida nacional. No será Sant Jordi, pero hay hambre de letras.
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Ver planes de email →«El Día del Libro es una oportunidad para que la gente descubra autores gallegos y renueve su vínculo con la lectura, especialmente entre los más nuevos», explica una bibliotecaria de Lugo.
Quizá no tengamos la tradición del obsequio floral, pero en muchos colegios gallegos los niños intercambian libros y hasta escriben relatos cortos que luego leen en público. Es la fiesta de la palabra, con acento propio y una pizca de morriña por aquellas historias que nos contaban los abuelos al calor de la lareira.
Iniciativas gallegas para acercar los libros a todos
De hecho, en los últimos años han surgido en Galicia iniciativas específicas para animar a la lectura y compartir libros. Una de las más populares es el movimiento Bookcrossing, que permite dejar libros «libres» en bancos, cafeterías o incluso en paradas de autobús para que otros los recojan y sigan la cadena. Solo en Vigo, la asociación Libros ao Aire calcula que han circulado más de 3.000 ejemplares gracias a esta iniciativa.
Además, los clubes de lectura en gallego, muchos impulsados por las bibliotecas municipales y asociaciones culturales, han crecido un 15 % en los últimos cinco años. Los hay para todas las edades y temáticas, desde novela negra hasta poesía en galego. Y no podemos olvidar la labor de editoras como Galaxia, Xerais o Kalandraka, que cada abril lanzan campañas para acercar los nuevos títulos a los lectores más reticentes.
La Xunta también ha puesto en marcha el programa «Ler conta moito», que lleva cuentacuentos y talleres de animación lectora a pequeños concellos y zonas rurales, donde muchas veces la biblioteca es el único refugio cultural. Según datos oficiales, en la última edición participaron más de 34.000 personas en toda Galicia.
En resumen, el Día del Libro gallego se vive con menos fanfarria que el Sant Jordi catalán, pero con un fondo igual de resistente. Mientras en Barcelona la rosa y el libro son símbolos inseparables, aquí el protagonismo lo tienen los relatos, la oralidad y ese gusto por compartir lecturas entre vecinos. Como dicen muchos libreros gallegos, «quizá no tengamos dragones ni caballeros, pero sí historias para dar y tomar… y a veces, un poco de morriña por los libros que se nos escapan».
Así que, mientras media España felicita a sus amigos catalanes con un «Bona diada de Sant Jordi», en Galicia seguimos defendiendo la lectura a nuestra manera: con menos estruendo, mucha retranca, y la certeza de que cada libro compartido es una pequeña fiesta para la comunidade lectora.
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