La despoblación y el aislamiento de las aldeas gallegas son un desafío constantemente actual, pero hace décadas, la lucha contra el vacío requería iniciativas mucho más imaginativas. La figura del sacerdote recientemente fallecido en Vilalba, a los 94 años, ejemplifica a la perfección un modelo de clérigo que trascendió las labores estrictamente religiosas para convertirse en un verdadero motor de desarrollo comunitario y cultural. Su trayectoria invita a reflexionar sobre el papel histórico de la iglesia local en la vertebración social de territorios tan complejos como la Galicia interior.
El acceso a la educación como punto de inflexión
El camino hacia el sacerdocio para este hombre, nacido en la parroquia de O Buriz, no estuvo exento de las limitaciones económicas propias de la España rural de mediados del siglo XX. La posibilidad de acceder a estudios superiores dependió íntegramente de una beca familiar, un mecanismo de mecenazgo privado que, en aquella época, era a menudo el único billete de salida para jóvenes con inquietudes intelectuales.
Su vocación y capacidades eran tan evidentes que, al culminar su formación eclesiástica, la institución se encontró con un escollo burocrático: la edad mínima legal para ejercer como párroco exigía tener cumplidos los 24 años. La necesidad de comenzar cuanto antes con su labor pastoral fue tan apremiante que se tuvo que elevar una petición formal hasta la Santa Sede. La concesión de esta dispensa pontificia resultó, a la postre, un acierto que benefició enormemente a las comunidades en las que serviría durante casi treinta años.
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Conoce más →Un motor de dinamización en la Terra Chá
Su destino principal fue la parroquia de Pígara, un entorno donde su influencia superó con creces la administración de sacramentos. Comprendiendo que el progreso de una comunidad rural pasaba inexorablemente por el acceso a la cultura y al ocio, lideró la creación de un teleclub que se convertiría en el epicentro de la vida social local.
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Ver servidores VPS →Aquel centro, inaugurado en 1967, no se limitaba a la pura proyección cinematográfica en una época en que el cine era un lujo inalcanzable para muchas familias campesinas. El edificio actuaba como un verdadero centro cívico polivalente. En sus salas se organizaban coloquios, conferencias divulgativas e incluso talleres tan prácticos como cursos de cocina. Su incansable activismo logró que esta iniciativa recibiera un galardón estatal, un reconocimiento oficial a una labor de dinamización que hoy equivaldría a los mejores proyectos de revitalización rural.
Compromiso inquebrantable con los mayores
La segunda gran etapa de su vida pastoral estuvo marcada por su vinculación al Hospital Asilo de Vilalba. En este centro sociosanitario ejerció como capellán durante numerosos años, desarrollando una importante tarea de acompañamiento espiritual y emocional hacia las personas mayores y enfermas de la comarca de A Terra Chá.
El círculo de su existencia se cerró en este mismo recinto, donde residía durante sus últimos años. Su fallecimiento este lunes supone la pérdida de un testigo de excepción de la evolución social de la provincia de Lugo durante el último siglo. Este miércoles, a las 11.00 horas, la parroquia natal de O Buriz, en el municipio de Guitiriz, acogerá el funeral de cuerpo presente, un último reconocimiento a una vida dedicada por completo a los demás.
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