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El temporal tira en Cospeito las antenas alemanas: heridas de guerra en A Terra Chá

El temporal tira en Cospeito las antenas alemanas: heridas de guerra en A Terra

El viento no perdona ni a los gigantes de hierro. El reciente temporal derribó en la comarca de A Terra Chá las dos antenas alemanas de Cospeito, instalaciones históricas que durante la Segunda Guerra Mundial funcionaron como un primitivo sistema de geolocalización para el ejército nazi. Mientras decenas de curiosos se acercaban hasta las inmediaciones de las localidades de Momán y O Arneiro para observar los restos de la torre caída, el episodio ha venido a poner sobre la mesa un capítulo de la historia de Galicia rara vez transitado.

El abstracto corazón del espionaje nazi en la península

Conviene recordar el escenario político y militar de la época para entender lo que hacían esas estructuras en plena geografía lucense. Tras el final de la Guerra Civil Española, el régimen emergente mantuvo una profunda deuda de gratitud con las potencias del Eje. Sin el decisivo apoyo logístico, las tropas y el material bélico facilitados por Alemania e Italia, el desarrollo de aquel conflicto habría sido ostensiblemente distinto. A nadie se le escapa que esta relación forjada en la contienda se tradujo, años después, en un altísimo precio estratégico.

Aquella connivencia ideológica abrió las puertas de la península al Abwehr. El Servicio de Inteligencia Alemán tejió durante los años previos a la contienda mundial una complejísima red de lazos, contactos y favores con las fuerzas de seguridad españolas, los altos mandos del Ejército y la cúpula de la Falange. La colaboración no fue casual, sino perfectamente articulada desde la cúspide del poder. Lo cierto es que aquellos contactos resultaron determinantes.

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Movidos por la certeza de un inminente conflicto global, en el verano de 1939 los mandos germanos empezaron a desplegar su infraestructura. El jefe del espionaje alemán ordenó la creación de una red de puestos avanzados de contraespionaje y vigilancia en los países que teóricamente permanecerían neutrales cuando estallara la guerra en Europa. Bautizadas con el nombre de Organizaciones de Guerra, estas delegaciones extraterritoriales operaron siempre con el visto bueno de las autoridades de Madrid. Demasiada influencia para ser una simple embajada.

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Una estructura colosal en territorio gallego

Pocas veces una red clandestina alcanzó tales cotas de gigantismo operativo. La delegación de la Organización de Guerra desplegada en España llegó a convertirse, por amplio margen, en la mayor infraestructura del Servicio de Inteligencia Alemán en el extranjero. Una auténtica máquina de espionaje con un presupuesto mensual de cien millones de las antiguas pesetas, una nómina directa que superaba las doscientas personas y una fuerza laboral y de confidentes que rozaba la cifra de dos mil agentes y colaboradores repartidos por todo el país. La cifra habla por sí sola.

Aquella red humana necesitaba un soporte técnico a la altura de sus ambiciones. Para garantizar el control de las comunicaciones y el seguimiento de los movimientos marítimos y aéreos, los alemanes desplegaron una amplia estructura de estaciones de radio y centros de escucha y vigilancia. Y ahí está la clave de la presencia militar teutona en A Terra Chá. Las planicies de la comarca lucense ofrecían un marco geográfico inmejorable para la instalación de equipos de radiogoniometría de larga distancia. Las dos estructuras caídas ahora en Momán y O Arneiro formaban parte de esa extensa red de control.

El «GPS» de la Kriegsmarine

Difícil es imaginar hoy la sofisticación de aquellos primitivos sistemas de navegación. Mucho antes de que los satélites artificiales orbitaran la Tierra para guiarnos por las carreteras, el ejército alemán dependía de gigantescas torres de metal y cables para fijar las rutas de sus barcos y aviones. Los radiofaros instalados en Cospeito funcionaban como un anticuado y colosal GPS, emitiendo señales de radio de manera ininterrumpida. Permitían a los submarinos y a la flota aérea calcular

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Carmen Dorado

Periodista especializada en cultura y sociedad gallega. Colaboradora habitual en medios digitales del noroeste peninsular.

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