La ciudad de Ourense vuelve a enfrentarse a un fenómeno que combina lo absurdo y lo dañino: asaltos a vehículos aparcados en los que el beneficio obtenido es ridículo y el coste de los daños, elevado. El barrio de O Posío ha registrado esta semana nuevos episodios de este tipo, en una madrugada del lunes que se suma a una racha de incidentes similares repartidos por otras zonas de la capital, como el entorno de A Ponte.
Un modus operandi ya conocido
El método empleado apenas tiene sofisticación, y ahí radica buena parte de su eficacia destructiva. Los autores recurren a tapas de alcantarilla u otros objetos metálicos pesados que encuentran en la propia vía pública para reventar las lunas de los turismos y acceder al interior. Se trata de una técnica que ya dio que hablar en la ciudad en ocasiones anteriores, y cuyo regreso confirma que el problema no quedó resuelto entonces.
En el caso más reciente documentado en O Posío, una vecina descubrió cerca de las nueve y media de la mañana que su coche había sido forzado durante la noche. La ventanilla trasera quedó destrozada mediante una tapa de alcantarilla que los responsables abandonaron junto al vehículo. El botín: las monedas sueltas del cenicero, una cantidad que ni siquiera llega a comprar un café.
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Ver en Hotels.com → PublicidadLa desproporción entre daño y botín
Es precisamente esa desproporción lo que más desconcierta a quienes lo sufren. La afectada expresó que la pérdida económica de las monedas pasa a un segundo término frente al disgusto de encontrar el automóvil destrozado. Y no es para menos: sustituir una luna templada puede costar bastante más que cualquier objeto que habitualmente se deja a la vista dentro de un coche.
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Ver servidores VPS →Este perfil de delito plantea además una cuestión incómoda para las políticas de seguridad. Cuando el incentivo material es tan bajo, la lógica disuasoria habitual —multas, condenas proporcionales al hurto— apenas funciona. El daño real no está en lo robado, sino en lo roto, y eso obliga a pensar la respuesta policial y judicial en términos de vandalismo y reincidencia más que de hurto.
La pista de la toxicomanía
Según ha trascendido de las investigaciones policiales, los cuerpos de seguridad vinculan esta oleada de asaltos a personas que atraviesan problemas de adicción. Es un dato revelador, porque sitúa el fenómeno menos en el terreno de la delincuencia organizada y más en el de la exclusión social: sujetos que buscan ingresos mínimos e inmediatos, con total despreocupación por las consecuencias.
Esta conexión, que corresponde al trabajo policial valorar y confirmar, abre un debate que Ourense ya conoce: hasta qué punto estos episodios son un problema de seguridad ciudadana y hasta qué punto un síntoma de que determinadas personas no están recibiendo atención sanitaria y social adecuada. La experiencia de otras ciudades sugiere que, cuando el motor del delito es la adicción, la represión por sí sola rara vez corta el ciclo.
Vecinos en alerta
Mientras tanto, la cotidianidad de los residentes de O Posío se ve alterada. Estacionar en la calle conlleva la incertidumbre de encontrar el coche con la luna reventada a la mañana siguiente, y la sensación de impunidad que transmite la repetición de los hechos erosiona la confianza en el espacio público. Que los asaltos se produzcan de madrugada, aprovechando la ausencia de transeúntes, dificulta además la posibilidad de testigos.
Las recomendaciones prácticas en estos escenarios son limitadas pero útiles: no dejar objetos a la vista, tampoco monedas ni objetos aparentes de valor, y avisar a la Policía de cualquier incidencia, porque los patrones repetidos son precisamente lo que permite a los investigadores trazar una línea entre casos aparentemente aislados.
Un problema que pide respuesta integral
El regreso del «alcantarillazo» a O Posío debería leerse como una llamada de atención en dos direcciones. Por un lado, la ne
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