Una extraña mancha blanca aparecida a primera hora de la mañana del sábado en el río Lérez, a la altura de la Illa das Esculturas de Pontevedra, está siendo analizada por la empresa adjudicataria del servicio. El supuesto vertido, cuya procedencia aún no ha podido identificarse, fue detectado cerca del puente de Os Tirantes y ha puesto en marcha los protocolos de análisis para determinar su naturaleza y origen.
Un aviso a primera hora junto a un enclave sensible
No es un punto cualquiera. La mancha se localizó al comienzo de la Illa das Esculturas, a la altura del aparcamiento para autocaravanas y muy cerca del puente de Os Tirantes, uno de los accesos más transitados de la ciudad. Es decir, en pleno pulmón fluvial de Pontevedra, un espacio que los pontevedreses recorren a diario y que concentra buena parte de la vida ambiental del Lérez a su paso por el casco urbano.
Que el aviso llegara a primera hora de la mañana dice poco o dice mucho. Lo cierto es que detectar un vertido temprano, cuando todavía no hay apenas actividad en la zona, complica la tarea de rastrear su procedencia. La empresa adjudicataria analiza desde el sábado qué se ha vertido exactamente y de dónde puede provenir, sin que por el momento haya una respuesta concluyente.
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Conviene recordar que el Lérez no es un río cualquiera para Pontevedra. Desemboca en la ría, atraviesa espacios protegidos y configura junto a la Illa das Esculturas uno de los paisajes urbanos más queridos de la ciudad. Cualquier alteración en sus aguas se percibe de inmediato, y de ahí que la aparición de una mancha de color blanco, visible y fuera de lo habitual, haya generado la preocupación que corresponde.
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Ver planes de hosting →El trabajo que ahora se desarrolla pasa por analizar las muestras y determinar si se trata de un vertido puntual o de algo más persistente. Son preguntas básicas: qué sustancia es, en qué cantidad, si puede afectar a la fauna fluvial y si el foco sigue activo. Mientras no haya resultados, la prudencia es la única respuesta razonable.
Un río que acumula avisos
El episodio llega, además, en un año en el que los problemas hídricos de Pontevedra no han dejado de aparecer. El propio Valdecorvos, afluente del Lérez, ha sumado ya nueve desbordamientos en lo que va de año, un dato que da idea de la fragilidad de la red fluvial urbana y de la presión que soporta. La cifra habla por sí sola.
A nadie se le escapa que vertidos y desbordamientos responden a problemas distintos, pero ambos apuntan en la misma dirección: la necesidad de una vigilancia constante y de inversiones que eviten que los episodios se repitan. No parece casualidad que los vecinos de la ciudad estén cada vez más atentos a lo que ocurre en sus ríos.
Pendientes de los resultados
Por ahora, toca esperar. Los análisis de la empresa adjudicataria deberán aclarar qué ha teñido de blanco las aguas del Lérez en uno de sus tramos más visibles. La rapidez con la que se detectó el vertido es una buena noticia; la identificación del origen, que es lo que realmente permite evitar que se repita, sigue siendo la tarea pendiente.
Queda la pregunta de fondo: ¿cuántos de estos episodios son necesarios antes de que la protección de los ríos urbanos deje de reaccionar a los avisos y pase a anticiparlos? El Lérez ha vuelto a dar la voz de alarma. Ojalá sea la última vez que haga falta.
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