Cuando Matthew Wright cruce las primeras millas frente a la ría de Arousa, llevará consigo algo más que provisiones y equipo de navegación. En los costados de su modesto velero, el Agitator, quedará escrito el nombre de una localidad gallega que, hasta ahora, apenas figuraba en los mapas de la vela oceánica de altura: A Illa de Arousa, punto de partida y destino final de una circunnavegación que se prolongará durante más de ocho meses.
El reto no es menor. Hablamos de unos 50.000 kilómetros a vela, en solitario, sin escalas y sin recibir ayuda exterior de ningún tipo. Un médico australiano, sin patrocinios estridentes ni despliegue tecnológico aparente, apuesta por la fórmula más pura y antigua de la aventura náutica: un barco pequeño, un océano inmenso y una sola persona a bordo para tomar todas las decisiones.
Una despedida con sabor a tradición
La salida, desde el puerto de O Xufre un domingo a media mañana, tuvo más de ceremonia marinera que de simple acontecimiento deportivo. Salvas de cañón protocolarias, una flotilla de una veintena de embarcaciones acompañando al velero en sus primeros metros de singladura y la presencia institucional a bordo de una dorna tradicional reflejaron hasta qué punto la isla hizo suyo el proyecto del navegante.
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Conoce más →¿Por qué una isla de la ría de Arousa como escenario de partida para una gesta así? La pregunta invita a mirar más allá de la anécdota. Galicia cuenta con una tradición marinera secular, pero rara vez ha sido escenario de salidas hacia circunnavegaciones de este calibre. Que un ciudadano australiano elija estas aguas para iniciar y culminar su periplo dice mucho del vínculo que ha construido con la comunidad durante su preparación.
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El itinerario previsto sigue la ruta clásica por el hemisferio sur, doblando los tres grandes cabos que históricamente han puesto a prueba a los navegantes solitarios. No en vano, la circunnavegación sin escalas es considerada una de las empresas individuales más exigentes que existen: a la soledad prolongada y la fatiga se suma la necesidad de resolver cualquier avería sin más apoyo que el propio talento y las herramientas a bordo.
Con apenas 10,77 metros de eslora, el Agitator pertenece a esa estirpe de veleros compactos con los que se han escrito algunas de las páginas más memorables de la navegación oceánica. Su tamaño, lejos de ser una limitación, forma parte del espíritu del proyecto: demostrar que la voluntad pesa más que la eslora.
Un regreso que ya tiene fecha emocional
Más allá del hito deportivo, la travesía tiene una dimensión simbólica para la isla: el lema que el navegante lleva pintado en el casco anticipa que el círculo solo se cerrará cuando regrese al mismo puerto del que zarpó. Ocho meses de viaje por los mares más duros del globo tendrán, en A Illa de Arousa, su punto de llegada natural.
Mientras tanto, la comunidad que lo despidió entre salvas y barcos acompañantes seguirá la evolución de una aventura que convierte a una localidad de la ría en origen de una historia que recorrerá el planeta entero. El mar, que tantas veces llevó a los gallegos a los confines del mundo, ahora recibe a un marinero australiano que eligió estas aguas como su punto de partida. La vuelta, como toda gran gesta náutica, estará llena de incertidumbre; lo único seguro es el lugar al que pretende volver.
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