Hay cruces que funcionan, cruces que colapsan y cruces que simplemente desconciertan. En el ámbito de Ramón Ferreiro, en Lugo, conviven desde hace tiempo varias de estas categorías a la vez. Ahora, el gobierno municipal ha decidido que la confusión se resuelva con hormigón y no con pintura: la intersección que muchos conductores asocian a una rotonda «invisible» contará con una glorieta física.
La clave del problema está en la señalización actual. El punto donde confluyen las avenidas de Ramón Ferreiro y Rodríguez Mourelo se ordena hoy únicamente mediante marcas viales sobre el asfalto, una solución que, según reconoce el propio Concello, despista a quien circula por la zona. Una glorieta sin elevación ni isleta es, a efectos prácticos, una convención: si el conductor no la interpreta como tal, deja de serlo.
Una reforma que va mucho más allá de un cruce
El proyecto municipal no se limita a ese punto concreto. La reorganización afectará a buena parte del entorno, con cambios de sentido previstos en varias vías colindantes. El área abarcada incluye las dos avenidas principales y calles como Alcalde Anxo López Pérez, Salvador de Madariaga, Dinán, Senador Xacinto Calvo, Galicia y Celso Emilio Ferreiro, además de la Praza da Bretaña y otras vías próximas.
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Conoce más →Desde el Concello justifican la intervención apuntando a una mejora global del funcionamiento de la red viaria en la zona: actuar sobre los puntos de mayor complejidad, reforzar la seguridad de los itinerarios peatonales y buscar una distribución más eficiente tanto del tráfico como del espacio público. Es decir, no solo se trata de ordenar el circulación rodada, sino de replantear quién ocupa la calle y cómo.
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El calendario municipal prevé que el proyecto de ejecución de los primeros trabajos esté listo en octubre, lo que sitúa el inicio de la intervención en un horizonte relativamente inmediato. La noticia llega además en un momento de cambios recurrentes en la movilidad luguesa: hace pocos días se reabrió al tráfico la calle Conde de Fontao, que permaneció cortada durante cuatro meses por las obras de la estación intermodal. El entorno de Ramón Ferreiro, tradicional nudo de conexión entre barrios, se está reconfigurando por tanto en varios frentes casi simultáneos.
¿Es una glorieta física la solución definitiva para un cruce problemático? La experiencia urbanística sugiere que la infraestructura visible suele cumplir mejor su función que la señalética pintada, porque impone geometría donde antes solo había acuerdos tácitos entre conductores. El riesgo, como en toda reordenación, estará en la fase de adaptación: modificar sentidos de circulación en media docena de calles a la vez exige una señalización transitoria clara para que la mejora no se traduzca en semanas de caos añadido.
Lo que parece indiscutible es que Lugo continúa actualizando su red viaria a una realidad de tráfico que las soluciones antiguas ya no absorben. Cuando el proyecto se licite y las obras arranquen, será el momento de comprobar si el cruce de Ramón Ferreiro deja por fin de ser esa rotonda que solo existía en la mente de quien la conocía.
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