Nuevo radar fijo en la VG-20 / Marta G. Brea
Respetar los límites de velocidad evitaría uno de cada cuatro muertos en carretera. De no pisar más de la cuenta el acelerador, el año pasado habría al menos 20 fallecidos menos en la red viaria gallega y casi 270 en el conjunto del país.
Con el objetivo de frenar las negras estadísticas en el asfalto de siniestros por exceso de velocidad, la DGT puso en marcha este viernes 33 nuevos radares fijos en once comunidades autónomas, dos de ellos en Galicia: uno en la N-550, a la altura del kilómetro 15, 730 C, a su paso por el municipio coruñés de Carral y otro en la VG-20 en Vigo, en el punto kilométrico 10,28 D de la circunvalación.
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Conoce más →Nuevos cinemómetros en Galicia
Con la puesta en funcionamiento de estos dos cinemómetros en la comunidad gallega, que durante el primer mes no multarán y se limitarán a avisar a los conductores del exceso de velocidad cometido con el envío de una carta, se elevan a 226 los puntos de medición de velocidad en su red viaria: 75 fijos, 131 móviles y 20 de tramo.
A la cabeza del mapa autonómico de radares se sitúa la provincia de A Coruña, con un total de 66; seguida de Pontevedra, con 57; Lugo, con 56 y, finalmente, Ourense, con 47, según la lista actualizada hoy por el departamento que dirige Pere Navarro y colgada en la web de la DGT.
Galicia, con su orografía sinuosa, sus rectas engañosas y una meteorología cambiante, ha sido tradicionalmente un territorio donde los radares no solo controlan, sino que condicionan la forma de conducir.
El anuncio de los nuevos cinemómetros reabre un viejo debate: la velocidad como factor de riesgo y la sensación de vigilancia permanente en unas carreteras que combinan tráfico denso, climatología adversa y trazados complejos.
Ubicación de los nuevos radares
En Galicia habrá dos nuevos puntos de control. Uno en la N‑550, a la altura del kilómetro 15,7, en Carral. No es un tramo cualquiera: se trata de una de las vías más transitadas, vertebradora entre núcleos urbanos y con un historial de siniestros que preocupa a Tráfico.
El otro está la VG-20, en Vigo, en el punto kilométrico 10,28 de la circunvalación, en un tramo de bajada posterior al enlace con la AG‑57 y justo antes del viaducto de O Porto, en dirección al hospital Álvaro Cunqueiro.
Plan nacional de control de velocidad
Los 33 nuevos dispositivos forman parte del plan de un total de 122 puntos de control previstos para 2025. De ellos, 106 ya están operativos y el despliegue se completará a lo largo de este año.
Entre los recién activados figuran 20 radares fijos —como los de la N-550 y la VG-20— y 13 radares de tramo, que calculan la velocidad media y se han convertido en la herramienta preferida de Tráfico para zonas de riesgo continuado.
Además de Galicia, los nuevos cinemómetros han llegado a Andalucía, Aragón, Asturias, Canarias, Cantabria, Castilla-La Mancha, Castilla y León, Comunidad Valenciana, Madrid y Murcia.
Impacto y percepción ciudadana
Durante los primeros 30 días, los conductores captados por exceso de velocidad recibirán una carta informativa, sin multa. A partir de ahí, comenzará el régimen sancionador habitual.
La DGT insiste en que el objetivo no es recaudar, sino reducir siniestros mortales y heridos graves. Y es que, destacan desde el departamento que dirige Pere Naarro, la velocidad inadecuada está presente en el 24% de los accidentes mortales.
En 2024 se registraron 307 siniestros mortales donde este factor fue determinante y desde la implantación del primer plan de radares en 2005, las víctimas mortales se han reducido un 75%.
En la comunidad gallega, la relación con los radares es ambivalente. Por un lado, existe una conciencia clara del riesgo: carreteras secundarias, tráfico pesado, lluvia frecuente y desplazamientos diarios entre núcleos urbanos muy próximos.
Por otro, persiste la sensación de que Galicia es uno de los territorios donde más se controla la velocidad, especialmente en vías convencionales.
Los nuevos radares que empiezan operar en las carreteras gallegas llegan en un momento en que la siniestralidad en tramos interurbanos preocupa, y donde cada punto de control puede marcar la diferencia entre un susto y un desenlace fatal.
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