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La torre medieval entre vides salvada del olvido

La torre medieval entre vides salvada del olvido

La Torre do Olivar domina el paisaje en medio del viñedo, en la ribera del Miño. / ROI CRUZ

En una ladera que se adentra con una suave pendiente en un meandro del Miño —el río fluye manso pero imponente por este lugar del municipio ourensano de Toén—, la uva treixadura, que configura uno de los vinos más apreciados de la denominación de origen de O Ribeiro, crece en una parcela de nueve hectáreas.

En este lugar, el producto de las vides comparte protagonismo con un elemento del patrimonio histórico y cultural gallego. La Torre do Olivar, conocida también como Torre de Puga —la parroquia que la alberga—, asienta sus raíces en la Edad Media.

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Con origen en los siglos XV-XVI, ha dejado de ser patrimonio en peligro. Luce como una muestra del pasado que ha rejuvenecido, gracias a una reforma por fases —la primera ya está lista— que no resta importancia al peso de la historia.

La rehabilitación, impulsada por la bodega Pazo do Mar, con un proyecto diseñado por los arquitectos Sonia López Calvo y Manuel Seoane Feijoo, salva del deterioro la antigua fortificación, una atalaya con una vista privilegiada de los valles del Miño y el Barbantiño, erigida entre las rutas que conectaban Ourense con la costa y el norte de la provincia.

De la Lista Roja a la Lista Verde

En junio de 2021, la asociación Hispania Nostra, que se nutre de los avisos que remiten los ciudadanos, incluyó la Torre de Puga entre el catálogo de bienes históricos de España en la Lista Roja.

Esta acción da visibilidad al patrimonio cultural y natural en peligro, con el objetivo de sensibilizar sobre los bienes en riesgo de desaparición, destrucción o alteración esencial de sus valores.

Cuando se llevan a cabo intervenciones que frenan el deterioro, y desaparece por tanto el peligro que amenazaba la conservación, Hispania Nostra mueve los casos a la Lista Verde.

Es el lugar que ocupa, desde mayo de 2024, la Torre de Puga, que estuvo habitada hasta mediados del siglo XX.

Estado de ruina, previo a la reforma inicial ya ejecutada. / CEDIDA

— Administradora de Pazo do Mar

La recuperación de la torre y el viñedo

Pazo do Mar adquirió el viñedo, después de una primera etapa en régimen de alquiler de la parcela que, en su origen, perteneció a distintos propietarios.

En el pasado, el terreno se dedicaba al cultivo de la aceituna, y la denominación de Olivar resiste hasta el presente, para dar nombre a la fortificación y también a un pazo, de otro propietario, situado en las proximidades.

El deterioro que presentaba la atalaya, cuya función original era la de ser un elemento defensivo, se fue agravando con la filtración del agua, hasta el punto de que alguna pared se había desmoronado parcialmente.

La situación de ruina se prolongaba desde hacía décadas.

Antes de la primera fase de la reforma, la torre carecía de cubierta, forjados intermedios y carpinterías, y además presentaba importantes deterioros en parte de las fábricas de piedra.

El Concello de Toén animó a la nueva propietaria, la bodega, a impulsar un proyecto de rehabilitación, que Pazo do Mar decidió emprender.

«La finca pertenece a nuestro proyecto empresarial y no queríamos que la torre se cayese. La primera fase, que incluía volver a levantar las paredes que se habían caído, limpiar los escudos, instalar la cubierta, ventanas y piedras, ya está ejecutada.

Ahora la idea es arreglar y decorar la torre por dentro para utilizarla en eventos empresariales, como catas de vinos, en actividades enológicas relacionadas con nuestra bodega», explica Eva Méndez Gutiérrez, que administra junto a su hermano la empresa familiar de Pazo do Mar, en la que el padre, Manuel, es el gerente.

El principal vino de la bodega lleva el nombre de Torre do Olivar y está elaborado únicamente con la uva treixadura del viñedo, de 110.000 metros cuadrados de extensión sobre bancales en la ladera de ribera del Miño, donde la vendimia se hace de forma manual.

La Torre de Puga se encuentra en un viñedo de nueve hectáreas de la bodega Pazo do Mar. / ROI CRUZ

La rehabilitación inicial, que ha dado prioridad al empleo de materiales nobles, se ha adaptado a los requisitos estipulados por el área de Patrimonio de la Xunta, pues se trata de un bien que forma parte del catálogo del patrimonio cultural de Galicia.

«Nuestra intención es dedicar la torre a eventos pequeños, no al enoturismo, sino para organizar eventos con personas relacionadas con el mundo del vino», dice Eva.

En la próxima fase de la reforma, además de acondicionar el interior, la empresa tiene la intención de restaurar un hórreo y unas construcciones anexas, que se fueron adosando con el tiempo a la edificación inicial, incluidos antiguos lagares que también se encuentran vinculados a la propiedad.

Entramado de vigas y cubierta, en una vista desde el interior de la Torre de Puga. / ROI CRUZ

Historia y arquitectura de la Torre do Olivar

La Torre do Olivar, a la que se llega en un viaje por carretera de apenas 15 kilómetros desde la ciudad, es un recuerdo del patrimonio militar de la Edad Media.

Fechada en el periodo de los siglos XV-XVI, perteneció al caballero Gonzalo de Puga, regidor de Ourense en torno al año 1473, enterrado en la iglesia de San Francisco.

La torre fue objeto de múltiples intervenciones durante etapas diferentes de su historia secular. Estuvo habitada hasta mediados del siglo XX, época en la que fue abandonada por su última residente.

Aunque existe otra versión que asegura que el usuario final del recinto fue un párroco.

Un muro circunda la antigua fortificación. En el recinto había dependencias para la casa, cuadras para los animales, un antiguo horno, zonas de bodegas, un pajar, un palomar y almacenes.

La torre, construida con muros gruesos, fue rematada con una cornisa ornamentada, con pináculos de bolas a modo de decoración en el remate.

El acceso al interior era sencillo. A ambos lados de la puerta principal de entrada y en la propia torre lucen en total cuatro escudos blasonados nobiliarios, unos distintivos tallados en piedra de elevado valor histórico, con la consideración de Bienes de Interés Cultural (BIC).

Eva Méndez, en el acceso principal a la Torre do Olivar. / ROI CRUZ

De la ruina a la conservación

Cuando fue incluida, el 25 de junio de 2021, en la Lista Roja del patrimonio histórico en peligro en España, la entidad Hispania Nostra documentaba que el estado de la Torre de Puga era de ruina.

«Se localizan pocos restos de la primitiva construcción. Estos están muy deteriorados, debido principalmente a las diversas modificaciones realizadas a lo largo del tiempo y a la pérdida de gran parte de los sillares de piedra, reutilizados en la construcción del vecino Pazo do Olivar», detallaba la asociación.

«Hoy día, se localizan pocos restos de la primitiva construcción, bastante alterados debido principalmente a las diversas modificaciones y sustracciones de material pétreo sufridas a lo largo del tiempo», coincidían los arquitectos en el proyecto básico y de ejecución para la reforma de este bien.

El 28 de mayo de 2024, Hispania Nostra justificaba así la inclusión de la torre en la Lista Verde: «Se han llevado a cabo trabajos para la rehabilitación de la torre. Estos han consistido en el entramado estructural de forjados y cubierta a cuatro aguas. Los materiales utilizados son especialmente resistentes a las inclemencias del tiempo y a las plagas de xilófagos», valoraba la asociación cultural.

El proyecto de los arquitectos Sonia López Calvo y Manuel Seoane Feijoo diseñó una serie de «actuaciones apremiantes» centradas en la consolidación y recuperación de distintos elementos en la Torre de Puga, «necesarias para contener el avance» del deterioro, «así como para evitar futuros daños y nuevos derrumbes en dicha edificación principal y algunas construcciones anexas, y posibilitar una mejor conservación», indicaban los técnicos.

«El objetivo prioritario de los trabajos previstos es el de procurar la seguridad y protección del bien», para así «evitar su deterioro y colapso, y permitir una conservación más adecuada», incidían.

Un momento de la obra para la colocación de la nueva cubierta. / MADERAS RUBÉN GALICIA

El estado de conservación de parte de las edificaciones y de los elementos era «precario, con importantes deterioros en algunas zonas, que hacen necesarias actuaciones para su conservación, estabilización y protección», profundizaban los expertos.

«El objetivo prioritario es intentar frenar la situación de deterioro y prevenir los exponenciales daños y nuevos derrumbes que podrían desencadenarse de continuar la actual exposición de las construcciones y sus fábricas, particularmente de la torre, frente a las lluvias y otros agentes meteorológicos», decían.

La primera fase de esta serie de actuaciones prioritarias, que han salvado del olvido la histórica Torre de Puga, «se ampliarán posteriormente con una segunda fase de actuaciones complementarias, que comprenderá algunas mejoras para la conservación de la torre y de otros elementos singulares», según anticipa el proyecto, como por ejemplo en el hórreo anexo, al que se refiere Eva.

La historia es capital en O Ribeiro, donde ya se elaboraba vino en el siglo II antes de Cristo, donde la vid, la naturaleza y el patrimonio son íntimos amigos.

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Sofía Martínez

Periodista gallega especializada en información local y política. Licenciada en Periodismo por la USC. Redactora jefe de Galicia Universal.