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Adiós a un emblema de Vigo: Fontanería Márquez baja la persiana tras casi seis décadas de servicio

Por última vez, este viernes 20 de marzo de 2026 el bajo de Vía Norte 25 cerró sus puertas. Tras más de medio siglo atendiendo averías, instalaciones y mantenimientos en Vigo, la familia Márquez pone fin a la actividad de su comercio por la falta de relevo generacional. Fundado en 1970 por Luciano Martínez y consolidado por los hermanos Pepe y Moncho Márquez, el establecimiento deja un hueco en el mapa cotidiano del barrio y en el tejido del pequeño comercio local.

El cierre y los últimos días en el bajo

La decisión no ha sido un golpe súbito, sino la conclusión lenta de un oficio en manos de una misma familia. «Es una decisión dura pero irremediable. Costó y sigue costando tomarla», admite con voz contenida Moncho Márquez, que después de casi 60 años en el oficio se jubila sin que haya quien tome el testigo. El local, conocido por la vecindad y por profesionales de la construcción, ofrecía servicios de fontanería, calefacción y gas, y también mantenía frigoríficos y equipos en viviendas y hospitales de la ciudad.

«Al jubilarme no hay nadie que venga detrás y no hay continuidad laboral. Me da mucha nostalgia, pero no nos queda más remedio que cerrar las puertas» —Moncho Márquez

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El negocio atravesó varias direcciones: empezó en un pequeño local en la calle Canadelo, pasó por la calle San José y finalmente se estableció en Vía Norte hace 33 años. Su plantilla, siempre de «gente muy de la casa», incluía a trabajadores que acabaron formando parte de la historia cotidiana del taller: Elías, Alfredo, Justino, José o Juan, nombres que los Márquez repiten con una sonrisa y cierta melancolía. Aunque Pepe, de 75 años, formalmente estaba jubilado desde hace tiempo, seguía acudiendo al local; su presencia simbolizaba la fidelidad del cliente a cara conocida y al trato directo.

En los últimos días el ritmo fue el de siempre: últimas reparaciones, el pase de clientes que querían despedirse y la rutina de desmontar herramientas y revisar facturas antiguas. Para la clientela habitual, además del servicio técnico, la fontanería era excusa para el saludo y la charla, un rasgo del comercio de proximidad que muchos, en la ciudad, echan en falta cuando un negocio cierra.

Una historia de oficio y de cambios materiales

La transformación del sector queda reflejada en las anécdotas de los propios hermanos. «La fontanería no tiene nada que ver con antes, ha cambiado todo», rememora Pepe. Del hierro y el plomo se pasó a plásticos y polímeros; las técnicas, los materiales y la normativa han impuesto una modernización que no siempre casa con la transmisión tradicional de saberes. Esa evolución técnica convive, hoy, con una menor especialización de la mano de obra, según los empresarios, una de las razones que complican la viabilidad a largo plazo de talleres familiares.

Entrar en la historia de Fontanería Márquez es recorrer medio siglo de la propia ciudad: las oleadas de construcción que transformaron barrios, las reformas de viviendas antiguas, los vaivenes económicos que marcaron épocas de abundancia y otras de apretón. Los Márquez trabajaron tanto en pisos familiares como en instalaciones más grandes, y su trayectoria es, en pequeño, la crónica de Vigo durante las últimas décadas. Los hermanos recuerdan con cariño las instalaciones que quedaron bien, y con amargura los proyectos en los que problemas del sector les llegaron a afectar económicamente.

La falta de relevo es un fenómeno que no solo toca a esta fontanería. En la ciudad, como en otras muchas localidades, la sucesión en negocios artesanales y comerciales se ha convertido en cuestión prioritaria: muchos hijos optan por otras profesiones, y la entrada de nuevos técnicos no siempre compensa la salida de generaciones que acumulaban experiencia práctica irrepetible.

Repercusiones en el barrio y en el oficio

La interrupción de la actividad tendrá efectos inmediatos para la clientela habitual de Vía Norte y zonas colindantes. Más allá de la pérdida de un servicio técnico, la clausura compromete una red informal de recomendaciones y confianza que facilitaba arreglos rápidos y asesoramiento profesional. Algunos clientes han expresado su pena: «era lo que nos gustaba y es de lo que vivimos siempre», repiten los Márquez, que desean ser recordados por su humildad y honradez.

Para el inmueble, por ahora, la incógnita es el futuro uso. La reconversión de locales comerciales vacíos en Vigo ha sido en los últimos años una constante, y este bajo podría transformarse en otro tipo de comercio, en oficinas o incluso quedar tiempo cerrado. Pero la pérdida que más pesa es intangible: un oficio que se apaga, conocimientos que no terminan de sistematizarse y una forma de relación con el cliente que se disuelve.

Desde la perspectiva sectorial, el cierre subraya la necesidad de políticas y de iniciativas de apoyo a la formación profesional y a la atracción de jóvenes hacia oficios técnicos. No es solo una cuestión económica: tiene que ver con preservar capacidades, con mantener una red de servicios locales y con mantener viva la memoria laboral de barrios como el de Vía Norte.

Los hermanos, por su parte, miran al futuro con una mezcla de alivio y nostalgia. Moncho anuncia planes sencillos: disfrutar de la familia y del tiempo que el trabajo no les dejó. «Bajar la persiana por última vez va a costar, pero es un cambio en la vida al que hay que adaptarse», confiesa. Su petición final es modesta: que la gente recuerde la Fontanería Márquez «como lo que somos: humildes y honrados».

«Nos gustaría que la gente recordase a la Fontanería Márquez como lo que somos: humildes y honrados» —hermanos Márquez

El cierre de este negocio nos recuerda que las calles de Vigo están hechas, además de de piedra y asfalto, por pequeñas empresas que sostienen la vida cotidiana. Cuando una de ellas se marcha, se lleva consigo parte de la memoria del barrio. Resta por ver si nuevos oficios surgen para ocupar ese hueco o si, poco a poco, la ciudad asume que algunos saberes solo estarán en la memoria de quienes los practicaron.

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Sofía Martínez

Periodista gallega especializada en información local y política. Licenciada en Periodismo por la USC. Redactora jefe de Galicia Universal.

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