Fontanería Márquez cierra este viernes sus puertas en Vigo después de más de medio siglo de servicio. El negocio, fundado en 1970 por Luciano Martínez y asentado desde hace décadas en el bajo de Vía Norte 25, dice adiós por la falta de relevo generacional tras la jubilación de uno de sus pilares. Los hermanos propietarios, que representan una de las últimas sagas de comercios artesanos en la ciudad, ponen fin a una etapa intensa de trabajo, vecindad y oficios que han cambiado más de lo que parecen.
El cierre: una decisión familiar y una rutina que se apaga
«Es una decisión dura pero irremediable». Con esas palabras, Moncho Márquez resumía el final de un proyecto que arrancó hace casi sesenta años en un pequeño local de la calle Canadelo y que más tarde pasó por la calle San José hasta su ubicación definitiva, donde lleva 33 años atendiendo la demanda de hogares, comunidades y centros sanitarios. La empresa se especializó en instalaciones de fontanería, calefacción y gas, así como en el mantenimiento de viviendas, frigoríficos u hospitales, labores que en Vigo y su área metropolitana han tenido siempre una visibilidad cotidiana.
Su hermano, Pepe Márquez, que aunque está jubilado seguía pisando el taller con frecuencia, admite que el negocio fue siempre más que una actividad económica: «Los clientes vienen por aquí, te saludan, hablas con ellos y te entretienes». Esa cercanía, dicen, es parte del legado que quieren dejar. La plantilla llegó a estar formada por personas «muy de la casa» —Elías, Alfredo, Justino, José o Juan aparecen en los recuerdos como nombres propios de una comunidad laboral que ayudó a sostener la tienda con oficio y memoria.
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Conoce más →«Al jubilarme no hay nadie que venga detrás y no hay continuidad laboral. Me da mucha nostalgia, pero no nos queda más remedio que cerrar las puertas» — Moncho Márquez
El cierre se percibe en la calle: la persiana bajada no es solo la ausencia de un proveedor técnico, sino la pérdida de un punto de encuentro donde se solucionaban problemas domésticos, se intercambiaban historias y se enseñaban oficios. En la práctica, muchos vecinos seguirán necesitando a quien arregle una caldera o sustituya un tramo de tubería; lo que cambia es que ese servicio ya no tendrá el rostro de la familia Márquez.
Un oficio transformado: materiales, formación y mercado
Los hermanos no ocultan que la profesión ha cambiado. «La fontanería no tiene nada que ver con antes, ha cambiado todo», comenta Pepe. Rememoran tuberías de hierro y desagües de plomo que han sido sustituidos por plásticos y polímeros; un cambio en los materiales que ha modificado técnicas, presupuestos y tiempos de intervención. Al mismo tiempo, alertan sobre una menor especialización de la mano de obra: «La mano de obra es menos especializada ahora que antes», dicen, una percepción compartida por muchos oficios del sector de la construcción.
La ausencia de relevo generacional que motiva el cierre de Fontanería Márquez no es un fenómeno aislado en Vigo ni en Galicia. La estructura demográfica, la menor llegada de jóvenes a los gremios tradicionales y la competencia de grandes cadenas o empresas de servicios que externalizan tareas han modificado la oferta laboral. Para los dueños, sin embargo, la esperanza está en la honestidad del trabajo: «Si eres trabajador, competente y honrado, hay mucho trabajo todavía en el camino», apunta Moncho, con un pragmatismo propio de quien ha vivido los altibajos del sector.
Además del relevo, los hermanos mencionan las vicisitudes económicas de las últimas décadas: «Algunos problemas que siempre hubo en la construcción en los que económicamente nos vimos afectados», recuerda Moncho. Esos baches, combinados con el desgaste propio de una actividad manual, han hecho que la decisión de cerrar, aunque dolorosa, se sienta como el cierre de un ciclo natural.
Repercusiones locales y el futuro de los oficios en Vigo
El cierre de un establecimiento con casi seis décadas de historia provoca una reflexión obligada sobre el tejido del pequeño comercio vigués. Los bares, ferreterías y talleres familiares que han sido hilos invisibles en la vida cotidiana se enfrentan a la same cuestión: ¿quién toma el relevo cuando las nuevas generaciones optan por otras carreras o por empleos con condiciones distintas?
En términos prácticos, la parada de Fontanería Márquez deja un vacío en la oferta técnica local: los mantenimientos regulares de comunidades, la atención rápida a averías domésticas y la resolución de problemas en infraestructuras menos estandarizadas eran su campo. Para los clientes fieles, el cambio será gestionar nuevos proveedores y adaptarse a interlocutores que no compartan la historia y la proximidad que ofrecían los Márquez.
En clave municipal y autonómica, la situación refuerza debates ya abiertos sobre la necesidad de formar en oficios, dignificar la FP y diseñar incentivos para que pequeños negocios familiares puedan sobrevivir al relevo generacional. No es una receta sencilla: requiere tiempo, coordinación y, sobre todo, un reconocimiento social del valor de estos oficios, que sostienen ciudades como Vigo tanto en lo práctico como en lo simbólico.
Para la familia, el cierre no es sinónimo de retiro absoluto. Moncho confiesa que ahora tocará «vivir lo que no pudimos vivir con el trabajo y disfrutar de la familia». La emoción se mezcla con pragmatismo: la tienda se despide con la petición sencilla de que se la recuerde por su forma de ser.
«Nos gustaría que la gente recordase a la Fontanería Márquez como lo que somos: humildes y honrados» — Pepe Márquez
Cuando la persiana baje este viernes, en el local quedará el eco de herramientas, presupuestos escritos a mano y de manos que aprendieron a doblar caños y a medir pérdidas. Es la memoria de un Vigo que cambia: más moderno, con nuevos servicios y otras vocaciones, pero también con menos puntos donde lo artesanal se combina con lo vecinal. El cierre de Fontanería Márquez es, en suma, la historia de una ciudad que pierde parte de su oficio y, con él, una manera de entender el trabajo y la cercanía.
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