Amancio Ortega ha vuelto a mover ficha, y esta vez lo ha hecho a lo grande. Pontegadea, el hólding a través del cual el fundador de Zara gestiona su fortuna, ha vendido el 13,7% que controlaba en REN, la eléctrica portuguesa que opera las redes de transporte de electricidad y gas del país vecino, por 325 millones de euros. La operación se cerró mediante una colocación acelerada entre inversores institucionales, tras una fuerte revalorización del valor lusita impulsada por los planes de electrificación ibérica.
Lo cierto es que no es un movimiento improvisado. Pontegadea atesoraba esa participación desde hacía más de una década como un activo tranquilo, de renta sostenida, con dividendos cercanos al 5% anual. Ahora bien, con la cotización por las nubes, el empresario ha preferido tomar beneficios y liberar caja para otras batallas.
El imperio que nació cosiendo batines
Cabe recordar que detrás de Pontegadea está la historia empresarial más importante que ha dado Galicia en el último medio siglo. Ortega empezó en los años sesenta en un pequeño taller de confección coruñés, abrió la primera Zara en A Coruña en 1975 y terminó levantando en Arteixo la sede de un grupo que hoy factura más de 38.000 millones de euros al año, el equivalente a más de la mitad del PIB gallego. Da empleo directo a más de 150.000 personas en el mundo.
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Conoce más →La terra sigue siendo el corazón del negocio. En el polígono de Sabón trabajan varios miles de personas entre las oficinas centrales y las plataformas logísticas del grupo textil. De hecho, muchas de las decisiones que determinan qué se vende en las más de 5.500 tiendas de Inditex en los cinco continentes se toman a escasos kilómetros del Atlántico.
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Ver planes de hosting →Pontegadea controla además el 50,01% de Inditex, participación que sumada a la de Partler, la caja del entorno familiar, eleva el control de los Ortega por encima del 59% del capital. Esa posición le reporta cada ejercicio más de 2.000 millones de euros solo en dividendos, una cifra seis veces superior a la que ahora ha ingresado con la venta de REN.
Ladrillo de primer nivel y ajuste energético
¿Y en qué se reinvierte ese río de dinero? Básicamente, en inmuebles de lujo y en participaciones de grandes cotizadas. La cartera inmobiliaria del hólding incluye la Torre Cepsa y la galería Canalejas en Madrid, oficinas en Londres, Nueva York o Chicago y naves logísticas alquiladas a Amazon en España. En bolsa, mantiene posiciones en CaixaBank, Enagás, Colonial o Naturgy, esta última incorporada en 2023.
La salida de REN, de hecho, no rompe la apuesta por la energía, sino que la afina. Ortega conserva su 5% de Enagás, el gestor de la red gasista española, y ha reforzado su presencia en el sector con Naturgy, señal de que sigue viendo las infraestructuras como refugio frente a la inflación. Los 325 millones de la operación vienen a engordar una caja que ya era de las más saneadas de Europa.
«Es la lógica de todo gran patrimonio familiar: vender cuando el activo está caro y reinvertir donde queda valor. La retranca del fundador de Zara, si me lo permiten, también se nota en cómo gestiona sus inversiones, sin prisa y sin estridencias», apunta un analista de renta variable de una gestora con oficinas en A Coruña.
Para Galicia, la noticia llega con sabor agridulce. El imperio crece y diversifica, aunque lo haga cada vez más lejos de la comunidad que lo vio nacer. Ahora bien, la Fundación Amancio Ortega mantiene desde hace más de dos décadas sus becas de estudios en el extranjero para estudiantes de bachillerato, que han beneficiado a miles de jóvenes gallegos, y ha destinado millonarias donaciones a equipamiento hospitalario en la comunidad.
Quienes le tratan aseguran que la morriña nunca le ha abandonado. Con casi noventa años, el fundador de Inditex sigue viviendo con discreción en A Coruña, lejos de los focos, mientras su hólding suma millones aquí y allá. El chico que empezó cosiendo batines ya no para cuentas: las hace, y en grande.
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