Cinco mujeres de Vigo, de entre 50 y 70 años, han transformado su recuperación tras sufrir ictus isquémicos y hemorrágicos en una rutina de ejercicio de alta intensidad en el centro de neurorrehabilitación Neurem, donde han pasado de la dependencia y la silla de ruedas a recuperar fuerza y autonomía. El caso más llamativo es el de Luisa Dopeso, que sufrió el accidente cerebrovascular el 2 de julio de 2023 en Cíes, fue trasladada en helicóptero al Hospital Álvaro Cunqueiro y, dos años después, ya levanta cargas de peso muerto y vuelve a realizar movimientos que creía perdidos. Hasta cinco pacientes se entrenan dos veces por semana bajo programas adaptados que combinan fuerza y rehabilitación funcional. El objetivo es claro: minimizar secuelas motoras y recuperar la vida diaria con la mayor independencia posible.
La trayectoria de recuperación de estas mujeres no es uniforme: hay antecedentes distintos y tratamientos personalizados. Begoña Román afronta la rehabilitación tras un tumor cerebral, Celia Sacasa superó un ictus trombótico precedido por una hemorragia, Carmen Vázquez convive con las secuelas de un aneurisma congénito y Elena Pazó sufrió un derrame cerebral en octubre de 2025. Estas diferencias médicas condicionan los programas, pero comparten la misma estrategia: ejercicios intensos y supervisados dos veces por semana que combinan trabajo de fuerza, control postural y tareas funcionales orientadas a las actividades cotidianas.
Los avances son concretos y medibles. Según relatan las pacientes, algunas han pasado de depender para acciones básicas —como cortar su comida— a recuperar la destreza manual y la fuerza suficiente para realizar levantamientos de hasta 40 o 50 kilos en el peso muerto supervisado. En el caso de Luisa Dopeso, la progresión fue especialmente dramática; tras no poder caminar ni abrir la mano después del ictus, ahora puede salir sola a la calle y realizar tareas domésticas que antes eran imposibles. Estos logros, celebrados en el grupo, ilustran cómo la neurorrehabilitación basada en ejercicio puede cambiar el pronóstico funcional incluso años después del evento agudo.
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Conoce más →El modelo que aplican en Neurem apuesta por la intensidad controlada y la individualización. Los profesionales adaptan la carga y las tareas a cada historial clínico, combinando trabajo de fuerza con ejercicios que potencian la coordinación y la movilidad. Además del aspecto físico, el grupo aporta un componente social y motivacional importante: entrenar con otras personas que comparten la experiencia del ictus refuerza la adherencia y la autoestima, según cuentan las propias protagonistas.
Los especialistas recuerdan que el ictus no es una única enfermedad: existen variantes isquémicas y hemorrágicas con consecuencias distintas, y la rehabilitación debe ajustarse a las lesiones cerebrales y a las comorbilidades de cada paciente. En estos casos, la intervención temprana hospitalaria —como la atención que recibieron en el Hospital Álvaro Cunqueiro— fue clave para la supervivencia, pero la mejora funcional sostenida llega con programas continuados y específicos. El seguimiento multidisciplinar facilita que los logros adquiridos en la clínica se trasladen a la vida diaria.
Las pacientes describen momentos simbólicos que marcan su recuperación. Luisa Dopeso rememora la primera vez que volvió a manipular un utensilio con las dos manos o el día en que dejó de necesitar ayuda para cortar su comida; esos hitos, dice, valen más que cualquier cifra de fuerza. Las compañeras celebran cada progreso con aplausos y gestos de apoyo, y ese reconocimiento mutuo se convierte en un motor para mantener la constancia en los entrenamientos. Para muchas de ellas, la rehabilitación ha dejado de ser una obligación clínica para convertirse en una rutina bimensual con efectos visibles.
Los resultados observados en este grupo viguesa abren preguntas sobre la accesibilidad de este tipo de programas en la red sanitaria y privada. La combinación de recursos especializados y entrenadores formados en neurorrehabilitación no está disponible en todos los centros, y las esperanzas de replicar estos éxitos dependen de la inversión en servicios y en la formación de profesionales. Mientras tanto, las pacientes subrayan la importancia de la perseverancia y de una atención adaptada a cada caso como factores determinantes en su recuperación.
Tras año y medio desde que el grupo comenzó a entrenar conjuntamente, las cinco viguesas mantienen la previsión de seguir progresando. Sus historias reflejan que, aunque el ictus deje secuelas duraderas, la rehabilitación basada en ejercicio puede ampliar los límites de la recuperación funcional y devolver cotidianidad a la vida de las personas afectadas.
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