António Costa, presidente del Consejo Europeo, sostuvo este martes en Bruselas que la misión de la Unión Europea sigue siendo defender un orden internacional regido por normas, en contraste con la visión expresada la jornada anterior por la presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen. El intercambio tuvo lugar en una reunión con embajadores de la UE en la que Costa defendió una posición firme frente a las presiones de potencias como Rusia, China y Estados Unidos. El debate refleja las tensiones internas sobre cómo combinar principios y eficacia en la política exterior europea. La discusión adquiere relevancia ante varias crisis simultáneas, desde Ucrania a Oriente Medio.
En su intervención, Costa planteó que la Unión no puede renunciar a su responsabilidad de sostener las reglas internacionales asentadas en la Carta de las Naciones Unidas, y pidió que esas normas sigan guiando la respuesta comunitaria a agresiones y vulneraciones de derechos humanos. El presidente del Consejo enumeró sin ambages los desafíos: la agresión rusa, señales de tensión comercial por parte de Pekín y actuaciones que, a su juicio, erosionan el marco multilateral. Según Costa, admitir estas conductas sin respuesta equivaldría a resignarse ante un mundo con menos reglas. Su argumento fue claro: la UE debe ser guardiana activa de un sistema internacional ordenado.
La intervención de Costa se produjo un día después de que Von der Leyen planteara la necesidad de replantear las herramientas multilaterales cuando los formatos tradicionales resultan inoperantes, y defendiera la búsqueda de soluciones creativas para gestionar crisis complejas. Esa lectura pragmática provocó la respuesta del presidente del Consejo, que insistió en que innovar no puede significar abandonar los principios que sostienen el derecho internacional. En su turno, Von der Leyen había subrayado que Europa no puede limitarse a sostener modelos del pasado si éstos no sirven para proteger sus intereses en un entorno cambiante.
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Conoce más →El portugués pidió además una política exterior multidimensional que combine diplomacia, cooperación y, cuando proceda, medidas de seguridad conjuntas, sin soslayar la primaria de la ley internacional. Costa puso como ejemplo la respuesta coordinada de varios países europeos ante amenazas en el Mediterráneo oriental, que según él demuestra tanto autonomía estratégica como solidaridad operativa. También advirtió sobre el riesgo de que conflictos periféricos desvíen capacidades que podrían emplearse en apoyar a aliados como Ucrania. En varios momentos apeló a la moderación y al retorno a la negociación en crisis como la de Irán.
Durante su alocución insistió en que ni la libertad ni los derechos humanos se garantizan mediante el recurso exclusivo a la fuerza, y que el respeto a las normas internacionales es la vía para su protección duradera. Costa remarcó que violaciones de soberanía o de derechos, dondequiera que ocurran —en Ucrania, Gaza, África o Latinoamérica— no deben quedar sin respuesta. Asimismo defendió que la ONU necesita reformas para adaptarse a los retos actuales, pero subrayó que no puede ser suplantada por fórmulas alternativas. Para él, el organismo sigue siendo la piedra angular del sistema multilateral.
La réplica de Von der Leyen, formulada la víspera, incidía en la idea de que Europa debe explorar nuevos marcos de gobernanza cuando los existentes resultan ineficaces, sin negarle valor al orden internacional. Su diagnóstico es el de una UE que debe combinar defensa de normas con instrumentos más flexibles para gestionar crisis y proteger intereses estratégicos. Esa perspectiva busca conciliar la dimensión normativa de la Unión con la necesidad de respuestas ágiles ante amenazas híbridas y cambios geopolíticos.
La discusión entre el Consejo y la Comisión pone de manifiesto una tensión institucional clásica: mientras la presidencia del Consejo representa a los gobiernos y aboga por una defensa explícita del marco jurídico internacional, la Comisión subraya la urgencia de adaptar herramientas. La ministra española presente en las discusiones, Teresa Ribera, advirtió en paralelo que corresponde al Consejo Europeo fijar la orientación política exterior, lo que añade otra capa al debate sobre competencias y liderazgo en la UE. A corto plazo, la confrontación verbal tendrá incidencia en las conclusiones que los jefes de Estado y de Gobierno debatan en próximas cumbres.
El contraste de posiciones revela un dilema central para la Unión: cómo mantener su papel como defensora de normas universales sin perder capacidad operativa ante un entorno internacional más fragmentado y competitivo. Para observadores europeos, el pulso entre Costa y Von der Leyen anuncia más deliberaciones sobre la estrategia exterior común, que deberán conjugar principios jurídicos, solidaridad entre Estados miembros y respuestas prácticas. En cualquier caso, la polémica pone de manifiesto que la UE sigue, por ahora, lejos de una única hoja de ruta frente a los grandes retos globales.
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