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Bibbiana Cau y «La comadrona»: las parteras recuperan la voz en una novela que ya es fenómeno en Italia

Bibbiana Cau, obstetra con más de 40 años de experiencia, se ha convertido en un fenómeno editorial en Italia con su novela La comadrona, recién traducida al castellano y con ventas que superan los 100.000 ejemplares. La obra reconstruye la historia de las parteras y su papel en la transformación de la manera de nacer, desde el saber empírico transmitido de madre a hija hasta la plena medicalización del parto en el último siglo.

Una voz profesional que rescata memorias invisibles

El punto de partida de la novela no es literario al uso: proviene de la experiencia clínica y de una larga investigación académica. La propia autora trabajó durante décadas en obstetricia y defendió una tesis doctoral cuyo título resume la preocupación que atraviesa su libro —“De la medicalización del parto a la humanización del nacimiento”—, un trabajo que tardó cerca de 15 años en gestarse. Esa doble condición, profesional e investigadora, le permite a Cau combinar documentación de archivo con el testimonio directo de las protagonistas.

Para reconstruir la vida de las comadronas consultó registros parroquiales y archivos municipales; entrevistó a mujeres que asistieron partos en los años 40 y 50 y llegó incluso a revisar expedientes judiciales cuando las parteras eran denunciadas. De esas pesquisas emergen escenas pequeñas pero reveladoras: hermanas que atendieron partos durante décadas sin haber cobrado jamás, redes de solidaridad local que satisfacían necesidades sanitarias cuando la asistencia “oficial” aún no había llegado a muchas aldeas.

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La novela busca, además, restituir un método de trabajo y una relación con el cuerpo que no estaban escritos en los libros de historia. Según Cau, figuras como la comadrona eran portadoras de saberes prácticos —uso de plantas, fármacos naturales, diagnóstico por observación— y en no pocos casos esos métodos inspiraron a la medicina clásica. No es casual que la autora recurra a referencias antiguas: Hipócrates, sostiene, reconoció de alguna manera esa deuda, y la genealogía del método observacional puede rastrearse hasta relatos populares sobre la transmisión de conocimientos.

El retroceso del protagonismo femenino: historia, datos y consecuencias

La novela traza en pocos capítulos una transformación profunda: en menos de un siglo, el parto pasó de ser un espacio predominantemente femenino a uno institucionalizado y masculinizado. Ese proceso fue acompañado por ganancias objetivas para la salud pública —una reducción de la mortalidad materna y neonatal—, pero también por pérdidas difíciles de cuantificar: el tiempo dedicado al acompañamiento, la cercanía física y las redes informales de cuidado que tejían las comadronas en las comunidades rurales.

En Galicia, donde la memoria de las parteras y las curanderas ha sido recogida en relatos orales y en archivos parroquiales, la historia que cuenta Cau resulta especialmente reconocible. Las parroquias, las casas de labranza y las ribeiras conservan todavía ecos de esa presencia femenina en la asistencia al nacimiento. La documentación citada por la autora —actas, partidas de nacimiento, testimonios y pleitos— no sólo reconstruye biografías, sino que muestra el choque entre modelos: la medicina científica, con su necesidad de infraestructuras y dinero, y la medicina tradicional, que funcionaba dentro de la economía doméstica y de la reciprocidad comunitaria.

Además, la novela instala al lector ante una contradicción humana: la modernidad trajo seguridad y tecnologías decisivas, pero también desmontó una economía del cuidado que no siempre encontró sustituto. En algunos pasajes, la narración muestra cómo el boticario o el médico acaban recurriendo a saberes locales; en otros, cómo esas mujeres fueron sistemáticamente invisibilizadas, pese a que su oficio proporcionó seguridad y continuidad a generaciones.

Del pueblo a las letras: recepción y posibles debates

La llegada de La comadrona al mercado en castellano puede leerse como una ola más en la corriente editorial que rescata voces femeninas olvidadas. La acogida en Italia y ahora en España abre la puerta a debates sobre la humanización del nacimiento, las condiciones laborales de las matronas y la memoria profesional. No es descartable que la novela sirva también para que algunos servicios sanitarios revisen protocolos o recuerden prácticas que favorezcan el acompañamiento en el parto.

En las librerías y en las tertulias culturales la obra está llamada a generar preguntas sobre qué se documenta y qué se deja fuera de las historias oficiales. La investigación de Cau, basada en fuentes locales y en entrevistas vivas, pone en primer plano la idea de que la historia de la asistencia sanitaria es también historia social: quién cuida, cómo se remunera ese cuidado y qué reconocimiento reciben esas mujeres en los relatos nacionales.

Los lectores gallegos, familiarizados con los relatos de parteras que circulan en comarcas y parroquias, encontrarán en la novela ecos de lo que contaban sus abuelas y abuelos. A la vez, la pieza literaria puede funcionar como una herramienta pedagógica: reavivar la memoria de las prácticas sanitarias tradicionales en la formación de profesionales y en la reflexión pública sobre los cuidados.

Es probable que la traducción al castellano estimule presentaciones en librerías y foros de debate, y que el eco de la novela traspase el ámbito cultural para situarse en la conversación sobre políticas de salud perinatal. En un momento en que las demandas por una atención más personalizada y respetuosa del parto cobran fuerza, la evocación de aquellas parteras —su técnica, su generosidad y, en demasiados casos, su falta de remuneración— aporta una perspectiva necesaria para pensar en la justicia del cuidado.

Al final, lo que propone Bibbiana Cau no es un rechazó nostálgico de la ciencia, sino una reflexión sobre los costes humanos de su expansión y sobre la necesidad de recuperar las memorias que no suelen entrar en los archivos oficiales. Si algo queda claro al cerrar La comadrona es que las historias pequeñas —las de las parteras que atendían partos en casas de piedra, las de las hermanas que trabajaron durante 50 años sin cobrar— conforman una trama indispensable para comprender cómo hemos llegado a nacer como sociedad. Recuperarlas, como hace la novela, es una manera de empezar a repararlas.

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Carmen Dorado

Periodista especializada en cultura y sociedad gallega. Colaboradora habitual en medios digitales del noroeste peninsular.

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