El delantero del Celta de Vigo Borja Iglesias manifestó este martes su honda preocupación por la dificultad que aún afrontan los futbolistas homosexuales para hacer pública su orientación, en una entrevista con el diario francés L’Équipe realizada antes del partido de ida de octavos de la Liga Europa en Lyon. Iglesias explicó que, a pesar de los avances sociales, continúa existiendo un temor real entre los profesionales a perder lo conquistado si hablan abiertamente. La conversación, en la víspera del encuentro en Francia, volvió a situar la homofobia en el deporte en la agenda pública y provocó reacciones en el mundo del fútbol. El jugador santiagués defendió la necesidad de visibilizar el problema para poder abordarlo.
En el diálogo con el rotativo galo, el ariete gallego repasó su trayectoria y el compromiso personal frente a la discriminación por motivos de orientación sexual, un asunto que le ha acompañado a lo largo de su carrera. Iglesias subrayó que la estructura del fútbol profesional mantiene barreras culturales que impiden una salida del armario más natural y segura. Aunque reconoce cambios en la percepción social de las últimas décadas, recalcó que esos avances no se han traducido por completo en los vestuarios de élite. Para él, la convivencia y el respeto dentro de los equipos son condiciones imprescindibles para que cualquier futbolista pueda vivir con libertad su identidad.
El delantero aseguró que, hasta la fecha, ningún compañero le ha confiado su homosexualidad, una ausencia que él interpreta como síntoma de miedo a represalias personales y profesionales. Iglesias apuntó que muchos jugadores sienten que exponer su orientación podría afectar contratos, patrocinadores o la aceptación dentro del grupo, y defendió que esa sensación de riesgo explica la escasez de confesiones públicas. Su testimonio pone de relieve la distancia entre las normas formales de igualdad y la realidad cotidiana en los clubes. Ese desfase, dijo, es lo que hace que la salida del armario siga pareciendo una quimera para algunos.
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Conoce más →En la entrevista también destacó la influencia de figuras que, a su juicio, han ayudado a ensanchar los márgenes de la masculinidad en el fútbol moderno. Según Iglesias, jugadores como David Beckham y Guti contribuyeron a ofrecer «otros looks» y modelos de expresión que han abierto espacios de libertad para generaciones posteriores. No obstante, añadió que esos ejemplos, positivos en lo estético, no han sido suficientes para eliminar los estereotipos que imperan en determinados ámbitos del deporte. «Han ayudado, pero queda mucho por hacer», afirmó, en una reflexión sobre el peso de las tradiciones y la imagen del futbolista.
El atacante celtista también valoró el papel que individualidades con gran proyección pública pueden jugar en debates sociales, y puso como ejemplo la postura de Kylian Mbappé contra el extremismo en Francia, que, dijo, tuvo «un impacto admirable». Al mismo tiempo mostró comprensión con quienes optan por mantenerse al margen de la política y los grandes debates, citando al portero Unai Simón como ejemplo de esa prudencia pública. Iglesias reconoció que la decisión de implicarse o no es personal y compleja, pero defendió que, cuando los futbolistas hablan, sus voces pueden contribuir a cambios culturales importantes.
El problema, según expuso, no es únicamente individual sino estructural: la concepción del fútbol como espacio de virilidad y competición todavía dificulta la normalización de la diversidad sexual. Iglesias explicó que cambiar mentalidades pasa por medidas en múltiples niveles, desde la educación en categorías base hasta políticas claras por parte de clubes y federaciones. Además, señaló la importancia de campañas contra la homofobia y de la visibilidad de referentes que muestren que la orientación sexual no condiciona la profesionalidad ni el talento. Para él, la igualdad en el fútbol exige tanto protección institucional como transformación cultural.
El pronunciamiento del futbolista gallego llega en un momento en el que el debate sobre la diversidad en el deporte sigue vigente en Europa y en España, y aporta la voz de un profesional en activo que reclama más valentía colectiva. Iglesias confía en que la cercanía de generaciones que ya crecieron con modelos sociales más abiertos facilite la aparición de futbolistas que hablen sin miedo. Mientras tanto, su llamado insiste en que no basta con declaraciones puntuales: es necesario construir entornos seguros que permitan que cualquier jugador pueda «salir del armario» sin perder su carrera ni su dignidad.
La conversación con L’Équipe, en vísperas del duelo continental en Lyon, sirvió para que Borja Iglesias reafirmase su compromiso público contra la homofobia y para colocar nuevamente el tema en el foco mediático. El delantero concluyó apelando a la responsabilidad colectiva de instituciones, clubes y compañeros para convertir en normal lo que hoy sigue siendo excepcional: que la orientación sexual no sea un tabú en el fútbol profesional. Su mensaje, claro y directo, reclama que la libertad de ser uno mismo deje de ser una excepción y pase a ser la norma.
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