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Burundanga en la Casa Blanca

Burundanga en la Casa Blanca

Una veintena de pastores evangélicos se reunió en el despacho oval de la Casa Blanca para orar por la protección del presidente y de las tropas en el contexto de la guerra con Irán, según una carta publicada el 11 de marzo de 2026 en el diario ourensano La Región. El encuentro, liderado por Tom Mullins, fundador de «Christ Fellowship», incluyó la imposición de manos sobre el mandatario, que permaneció con la cabeza baja durante la ceremonia. Los líderes religiosos pidieron fuerza y dirección divina para el presidente y por el éxito de las operaciones militares, justificando así su intervención pública en un momento de conflicto internacional.

El relato remitido a La Región describe a Mullins como la voz principal entre los asistentes, que entonaron oraciones pidiendo protección y triunfo frente a los «infieles islamitas», en palabras que la misiva atribuye a los predicadores. Los pastores realizaron una plegaria colectiva que incluyó invocaciones por la gracia de Dios sobre el presidente y por la seguridad de las fuerzas armadas, una escena que, según el autor de la carta, tuvo un carácter netamente ceremonial y público. La imagen de varios religiosos con las manos sobre el jefe del Ejecutivo reaviva el debate sobre la visibilidad de la fe en la política estadounidense.

Entre los asistentes destacó la figura de Paula White-Can, consejera espiritual del presidente y fundadora del New Destiny Christian Center en Florida, a quien la carta señala como una guía influyente en la órbita presidencial. La misiva recuerda que White-Can atribuye su vocación a una visión juvenil y mantiene una cercana relación con el mandatario, defendiendo que quienes se oponen a él están, en su opinión, confrontando la voluntad divina. Ese tipo de afirmaciones, que vinculan la legitimidad política con un mandato religioso, han encendido críticas entre los sectores que reclaman la separación entre Estado y confesión.

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El autor de la carta también alude al lema nacional «In God We Trust», impuesto durante la era de Dwight D. Eisenhower, para contextualizar la mezcla histórica de religión y patriotismo en Estados Unidos. En esa línea, recuerda episodios en los que la potencia norteamericana apostó por la fuerza militar —como el uso de napalm en Vietnam— y satiriza la coherencia entre la invocación divina y las decisiones bélicas. La referencia busca proyectar una crítica sobre la hipocresía de ciertas retóricas religiosas cuando se sustentan acciones militares con consecuencias humanitarias.

Desde Ourense, el firmante de la carta, Abelardo Lorenzo, expresa un tono irónico y contundente al describir la escena como una suerte de «pachanga mística», insinuando que los predicadores parecían actuar bajo efectos de escopolamina, conocida coloquialmente como burundanga. El autor utiliza ese recurso para subrayar, en clave crítica, su incredulidad ante la teatralidad del acto y para denunciar lo que considera una mezcla impropia entre fe y poder. La carta, situada en la sección de Cartas al Director, recoge una opinión que ha circulado con intensidad en medios y redes.

La visita y las declaraciones públicas de estos líderes evangélicos vuelven a poner sobre la mesa la influencia de ese sector religioso en la Casa Blanca, algo documentado en las últimas décadas y especialmente visible en el apoyo a decisiones de política exterior y seguridad. Observadores y académicos han señalado que la asunción de causas políticas por marcos religiosos puede legitimar acciones bélicas ante la opinión pública, al tiempo que dificulta el disentimiento y la pluralidad de argumentos en tiempos de conflicto. Ese debate se acentúa cuando las plegarias se realizan en espacios de poder como el despacho oval.

En Estados Unidos, la relación entre el presidente y pastores de peso mediático no es nueva, pero la coincidencia de un acto público de imposición de manos con un conflicto activo plantea preguntas sobre el uso de la religión como instrumento de apoyo a campañas militares. La presencia de figuras multimillonarias y con audiencias amplias amplifica el alcance de sus mensajes y la posibilidad de que su retórica trascienda lo espiritual para influir en decisiones políticas. Entre quienes critican estas prácticas hay quienes alertan de la polarización que generan y de la monetización de la fe.

La carta publicada en La Región cierra con un reproche hacia la escena vivida en la Casa Blanca y con una reflexión sobre la responsabilidad ética de los líderes religiosos que se implican en la política exterior de una potencia. Ese testimonio desde Ourense se suma a otras voces que reclaman mayor prudencia en la confluencia entre religión y Estado en tiempos de guerra, y pone de manifiesto que, más allá de fronteras, la imagen del poder orando por la guerra suscita preocupación y debate público. El intercambio de críticas y defensas alrededor de este episodio promete mantenerse activo en los próximos días a medida que se amplíen las informaciones y las reacciones.

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Redacción

Periodista de Galicia Universal.