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Celta entrega un triunfo que tenía atado: del 3-0 al 3-4 ante el Alavés en Balaídos

El partido empezó a escribirse como una noche de fiesta para Vigo y terminó convertido en una lección amarga. Con el marcador en 3-0 a los 36 minutos, el Celta de Claudio Giráldez parecía encarrilar una victoria cómoda; sin embargo, la complacencia defensiva, los cambios del rival y dos contras certeras del Alavés firmaron una remontada histórica y un resultado final de 3-4 que deja más preguntas que certezas en Balaídos.

De la inspiración goleadora al naufragio defensivo

La primera mitad fue un claro ejemplo de lo que el Celta puede ofrecer cuando su tridente ofensivo aparece. El catalán Ferran Jutglà fue el epicentro de la primera media hora: dos goles y la asistencia que culminó Hugo Álvarez en el segundo tanto. El tanto inicial llegó tras una acción colectiva que arrancó desde la sala de máquinas y terminó con Javi Rodríguez sirviendo un pase milimétrico que Jutglà transformó con un tiro cruzado.

Ocho minutos después, otra diagonal de Jutglà —esta vez desde la banda derecha— dejó la asistencia perfecta para Hugo Álvarez, que abrió su cuenta con la misma precisión en la definición. El tercer gol, obra de Borja Iglesias, fue una pieza de delantero clásico: aceleración, recorte y un tiro cruzado que dejó al guardameta Sivera sin opciones. En esos instantes, Balaídos vibraba y los cánticos olían a victoria segura.

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Pero la fiesta se moderó justo antes del descanso. Toni Martínez recortó distancias en la prolongación del primer acto aprovechando una pérdida de marcaje en el área pequeña; Aidoo perdió la referencia y Álvaro Núñez no cerró la banda. Fue un aviso que no supo ser interpretado por los vigueses al inicio de la segunda mitad.

La sensación de control del Celta tenía mucho de artificio: los visitantes presionaban menos de lo esperado y concedían espacios que Ferran y Borja supieron explotar, pero aquellas facilidades recibidas a lo largo del primer tiempo iban a pasar factura cuando el Alavés ajustó su lectura en los vestuarios.

La remontada y los momentos que marcaron el destino

Quique Sánchez Flores movió el banquillo con cuatro cambios en el descanso y el duelo dio la vuelta en cuestión de minutos. El Celta, que había planteado un once con hasta nueve cambios respecto al partido del jueves en Lyon —solo mantuvo a Radu y a Javi Rodríguez— pareció pagar caro esa rotación. La línea defensiva ofreció espacios y, sobre todo, una sucesión de errores individuales que el Alavés supo aprovechar.

La segunda mitad se convirtió en un carrusel de alternativas. Primero, el 3-2 llegó por un fallo colectivo que terminó con Ángel Martínez definiendo a placer tras una acción desafortunada en la salida del balón. La grada, que todavía confiaba en el colchón de goles, quedó helada cuando una acción intermedia —un gol anulado a Javi Rodríguez por una falta previa muy discutida— fue confirmada por el VAR y no devolvió la calma.

Con Radu tocado y la zaga desnortada, la tormenta se materializó en dos contras letales. Primero empató Toni Martínez con un tiro ajustado desde la frontal y, cuatro minutos después, Abde Rebbach culminó la remontada con un tanto que resolvió una transición rápida del Alavés. Quedaban doce minutos y nueve de añadido; el Celta apenas generó ocasiones y la mejor fue un remate en el minuto 96 que Sivera sacó con una mano milagrosa, ayudado por un poste que evitó el empate.

El resultado no admite matices: el 3-4 refleja tanto la capacidad de los vigueses para abrir partidos como su incapacidad actual para cerrarlos. Y en Balaídos ese fallo ya es recurrente esta temporada.

Contexto: rotaciones, plantilla y el problema de cerrar los partidos

El choque dejó al descubierto cuestiones que vienen de lejos. La acumulación de encuentros obliga a Giráldez a rotar y a dar minutos a futbolistas con menos rodaje; el técnico, natural de O Porriño, intenta equilibrar carga física y competitividad, pero en noches como la de hoy se comprueba la estrechez de plantilla cuando hay que mantener concentración defensiva durante 90 minutos.

En clave local, el termómetro social marca inquietud. Balaídos, que en otras temporadas fue un fortín, empieza a verse como un terreno propicio para sorpresas. El calificativo de «chollo» que circula por la liga no aparece por casualidad: varios equipos han llegado, han marcado y se han ido con puntos. La afición, que siempre genera remontadas a favor, hoy vivió la experiencia inversa y la bronca y las preguntas ya se escuchan en los bares de Vigo.

Desde lo táctico, la solución no pasa solo por repetir nombres, sino por readaptar conceptos: mayor compactación, agrupar líneas cuando se posee el balón y extremar la vigilancia en transiciones. El cuerpo técnico tendrá que decidir si prioriza continuidad en el once o protege más la retaguardia en próximos compromisos.

Repercusiones y próximos pasos

La derrota modifica la lectura de la clasificación y obliga a una respuesta inmediata. Más que puntos, lo que cuesta recuperar es la confianza colectiva. Giráldez y la dirección deportiva deberán valorar la gestión de minutos, el estado físico de jugadores como Radu y la necesidad de refuerzos si la intención es competir en varias competiciones sin sufrir bajones de rendimiento.

El calendario aprieta y la siguiente jornada será un termómetro claro: un tropiezo más podría reavivar debates sobre la idoneidad de rotaciones tan extensas en partidos en Balaídos. Para la afición queda la sensación de haber perdido algo más que tres puntos: la seguridad de que un marcador favorable a media hora del final hoy no vale como garantía de triunfo.

El Celta tiene gol, recursos y argumentos para volver a sumar, pero la asignatura pendiente sigue siendo la misma: aprender a cerrar los partidos cuando los tiene decididos. Si la noche de hoy sirve para eso, la lección será aprovechada; si no, la campaña se hará larga y las voces en Vigo, más insistentes.

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Miguel Ángel Vázquez

Redactor especializado en economía y empresas. Cubre la actualidad económica de Galicia y España para Galicia Universal.

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