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Científicos estadounidenses aseguran haber copiado el cerebro de una mosca en un ordenador y que ahora «vive en una simulación»

Científicos estadounidenses aseguran haber copiado el cerebro de una mosca en un ordenador y que ahora "vive en una simu

Un equipo de Estados Unidos, liderado por Alex Wissner-Gross y vinculado a la startup Eon Systems, afirma haber recreado en un ordenador el cerebro de una mosca de la fruta neurona a neurona, lo que según los autores deja a la mente del insecto «viviendo en una simulación». El anuncio público, fechado en marzo de 2026 y difundido a través de redes sociales con imágenes de la criatura virtual, asegura que la emulación permite que el animal virtual camine, reaccione e interactúe de forma instintiva con su entorno simulado. Los investigadores sostienen que se trata de la primera vez que se consigue trasladar y hacer funcionar un cerebro biológico completo en un ecosistema digital. La afirmación ha despertado expectación y escepticismo porque el trabajo aún no ha pasado por la revisión por pares ni se ha publicado en una revista científica.

Según la presentación del equipo, la réplica computacional incluye las cerca de 125.000 neuronas y los aproximadamente 50 millones de conexiones sinápticas que caracterizan al cerebro de la mosca de la fruta. Los responsables explican que esos elementos fueron mapeados y volcados en un entorno virtual al que se acopló un «cuerpo» digital del insecto, de modo que las señales neuronales generan movimientos y percepciones en la simulación. Las imágenes difundidas muestran una mosca moviéndose en un espacio virtual y los autores aseguran que su comportamiento es coherente con respuestas instintivas observables en ejemplares reales.

La comunidad científica ha tomado la noticia con cautela. El propio anuncio incluye declaraciones destinadas a subrayar la novedad del logro, pero los especialistas recuerdan que afirmaciones de esta naturaleza requieren verificación rigurosa. La falta de un artículo revisado, de datos abiertos y de replicaciones independientes impide por ahora valorar con certeza hasta qué punto la emulación reproduce procesos dinámicos reales y no solo modelos predictivos del comportamiento.

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En los últimos años, laboratorios de todo el mundo han trabajado en la creación de «gemelos digitales» de órganos para estudiar respuestas a fármacos y enfermedades, aunque esos modelos suelen ser simplificados y estadísticos. A diferencia de esos proyectos, los autores del experimento sostienen que su trabajo ha ido más allá al intentar reproducir la arquitectura completa y la actividad de un cerebro pequeño, lo que implicaría no solo una descripción estructural sino también una dinámica funcional detallada. Para lograrlo, explican, han combinado técnicas de imagen de alta resolución, análisis de conectómica y una enorme capacidad computacional para simular las interacciones neuronales.

Expertos no implicados en el estudio insisten en que la distancia entre modelar conexiones y reivindicar una «transferencia» de mente es grande. Validar que la entidad simulada experimenta sensaciones equivalentes a las de un organismo vivo exige protocolos de prueba específicos y, en última instancia, criterios éticos y filosóficos sobre lo que se entiende por conciencia. Además, la reproducibilidad del procedimiento, la disponibilidad de los datos y la transparencia sobre algoritmos y parámetros serán claves para que la comunidad científica pueda juzgar el valor del hallazgo.

Las implicaciones prácticas y éticas de una emulación funcional, si se confirmara, serían amplias: desde nuevas vías para la investigación neurobiológica hasta debates sobre el estatus moral de entidades simuladas. También plantea interrogantes regulatorios sobre el uso de estas réplicas en experimentación y sobre los límites de la ingeniería de sistemas que imitan procesos biológicos. Por el momento, algunos investigadores advierten sobre el riesgo de una narrativa sensacionalista que anticipe escenarios de ciencia ficción sin las pruebas adecuadas.

La noticia ha tenido impacto global y ha suscitado interés entre centros de investigación en Europa y en España, donde grupos dedicados a la inteligencia artificial y la neurociencia siguen de cerca estos avances por su posible repercusión en biomedicina y tecnología. En Galicia, como en otras regiones, las instituciones científicas observan con atención las publicaciones que en los próximos meses puedan aportar datos verificables y permitir réplicas independientes del supuesto experimento.

Los autores del trabajo han indicado que el documento completo se enviará a una revista científica y que esperan la evaluación por pares; hasta entonces, la comunidad reclama transparencia en los métodos y acceso a los datos. Si la emulación se demostrara sólida, marcaría un hito en la relación entre biología y computación; si no, servirá como recordatorio de la necesidad de rigor frente al impacto mediático que generan anuncios sobre la «transferencia» de mentes a máquinas. La espera por la revisión científica será, en todo caso, determinante para separar avances reales de afirmaciones prematuras.

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Redacción

Periodista de Galicia Universal.