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«¿Cuántas mamografías se podrían pagar con un tratamiento como el mío y prevenir la enfermedad a partir de los 40?», se pregunta María Varela

"¿Cuántas mamografías se podrían pagar con un tratamiento como el mío y prevenir la enfermedad a partir de los 40?", se

María Varela, santiaguesa afincada en A Baña, viajó este miércoles a Madrid para entregar en el Ministerio de Sanidad las más de 55.000 firmas recogidas en su campaña en change.org con la que reclama que el cribado del cáncer de mama comience a los 40 años en lugar de a los 50. La iniciativa, impulsada en noviembre coincidiendo con su cumpleaños, busca que la detección precoz reduzca el número de diagnósticos en fases avanzadas y mejore el pronóstico de las pacientes. Varela sostiene que la prevención es «el mejor tratamiento» y que los datos de incidencia en mujeres jóvenes justifican un cambio en la política de cribado.

En su viaje la acompañó Esther Taboada, diagnosticada de cáncer de mama en dos ocasiones, la primera cuando tenía 31 años. También tienen previsto sumarse ante el ministerio otras mujeres afectadas, entre ellas Marina y Nuria, que han sufrido detecciones a edades tempranas: a Marina le detectaron un tumor con 30 años y Nuria fue diagnosticada a los 46. La entrega de firmas quiere poner el foco en que las pautas actuales, pensadas para empezar a los 50, están dejando fuera a un grupo creciente de pacientes jóvenes.

Varela, que comenzó la recogida de apoyos el pasado 10 de noviembre, admite que la campaña llega «tarde para mí», pero confía en que su impulso sirva para las mujeres que vendrán detrás. A lo largo de los últimos años, según relatan las impulsoras, los diagnósticos en mujeres menores de 50 han aumentado, y ello ha llevado a pedir una revisión de las edades de cribado. Para ellas, el objetivo no es solo detectar más casos, sino hacerlo en fases tempranas, cuando los tratamientos son más efectivos y las probabilidades de curación mayores.

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La activista cuestiona además los argumentos económicos que habitualmente se utilizan para frenar el adelanto del cribado. «¿Cuántas mamografías se podrían pagar con un tratamiento como el mío?», se pregunta, poniendo en relación el coste de terapias de última generación y la inversión en detección precoz. Señala que, además del coste económico, está el coste emocional y humano que implica para las pacientes y sus familias el avance de la enfermedad hasta fases metastásicas. Para Varela, una política preventiva más ambiciosa podría ahorrar recursos sanitarios a medio y largo plazo y mejorar la calidad de vida de muchas mujeres.

En su caso personal, recibe un tratamiento hormonal de carácter ambulatorio en el Complejo Hospitalario Universitario de Santiago (CHUS), pero denuncia que no todas las afectadas tienen acceso a las mismas opciones terapéuticas. «Hay compañeras que por desgracia no tienen tratamiento», ha señalado, recordando que en las últimas semanas fallecieron dos mujeres de 46 años, una en Santiago y otra en Negreira, ambas con dos hijos. Ese testimonio refuerza para Varela la urgencia de cambiar los protocolos actuales y ampliar la cobertura del cribado.

La hoja de ruta de las impulsoras es dar continuidad a la entrega en Madrid con una presentación de las firmas ante la Consellería de Sanidade en Santiago. Varela ha trazado la campaña «paso a paso»: primero la entrega en el ministerio, después una cita oncológica que tenía programada para el día siguiente y, a partir de ahí, planificar nuevas acciones. Reconoce la carga emocional que supone mantener la movilización mientras se somete a controles médicos, pero insiste en que la respuesta de la ciudadanía les da fuerza para seguir.

El argumento económico que muchas veces se esgrime para mantener el inicio del cribado a los 50 años ha sido también rebatido por Varela con cifras de costes de tratamiento. Ella pone como ejemplo su propia medicación, que se administra cada 28 días y supera los 3.000 euros por ciclo, para cuestionar si no sería más eficiente prevenir que afrontar terapias prolongadas y costosas. La comparación busca abrir el debate público sobre la asignación de recursos sanitarios y sobre cómo medir el valor de la prevención frente al de la curación.

La entrega de más de 55.000 firmas evidencia, según las promotoras, un apoyo social significativo a la petición de revisar las edades de cribado en España. Mientras las autoridades sanitarias estudian los criterios poblacionales y de coste-efectividad, las afectadas y sus allegados reclaman que se priorice la protección de mujeres más jóvenes y se actualicen los protocolos a la evidencia del aumento de casos en edades tempranas. Varela concluye que su lucha no es solo por ella, sino por «todas las que vendrán», con la esperanza de que la detección temprana cambie historias y reduzca muertes evitables.

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Redacción

Periodista de Galicia Universal.