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Daniel Niebla y Amador Rey: medio siglo de lucha reconocida ahora institucionalmente

Daniel Niebla y Amador Rey: medio siglo de lucha reconocida ahora institucionalmente

El Gobierno ha aprobado el 10 de marzo de 2026 una declaración institucional que reconoce a Daniel Niebla y a Amador Rey, los dos operarios asesinados por la policía franquista en Ferrol durante una manifestación laboral en marzo de 1972, en un gesto que busca condenar la violencia policial y reforzar la memoria democrática. Aquella jornada, que tuvo lugar hace 54 años, terminó con dos muertos —de 20 y 38 años— y casi un centenar de heridos en una ciudad convulsionada por las protestas obreras. La resolución del Ejecutivo subraya la necesidad de preservar la verdad histórica y evitar que la represión vuelva a ampararse en el silencio institucional. Con esta declaración, el Estado se suma a décadas de homenajes locales que habían reclamado reconocimiento y reparación.

Los hechos ocurrieron en Ferrol, entonces conocida oficialmente con la coletilla «del Caudillo» y con una población próxima a los 90.000 habitantes, cuando alrededor de 5.000 trabajadores de la entonces Bazán salieron a la calle en demanda de mejores condiciones y un nuevo convenio. Las fuerzas conocidas como «grises» cargaron contra la protesta y, según los relatos y la documentación conservada, hicieron uso de armas de fuego: Daniel y Amador cayeron mortalmente alcanzados, mientras decenas de compañeros resultaron heridos por disparos y contusiones. La brutalidad de la intervención marcó un antes y un después en la movilización obrera de la comarca y alimentó una ola de solidaridad en toda Galicia.

La declaración institucional, que han impulsado responsables del Ejecutivo central, reprocha expresamente el uso de la fuerza como respuesta a reivindicaciones laborales y sitúa el reconocimiento de las víctimas dentro de una política de memoria que busca también la verdad y la reparación. Desde asociaciones memorialistas y colectivos de trabajadores se valora el gesto como un avance simbólico que viene a acompañar los homenajes que desde entonces se celebran cada 10 de marzo —el Día da Clase Obreira Galega— en recuerdo de quienes perdieron la vida enfrentando la represión franquista. Para las familias y las entidades memoriales, la resolución es una reafirmación institucional de lo que durante décadas fueron memorias locales y testimonios.

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La repercusión de aquellos sucesos en 1972 estuvo marcada por la censura y la manipulación informativa del aparato del régimen, que intentó describir a las víctimas como elementos subversivos para desactivar la indignación pública. Pese a ello, la versión alternativa cobró fuerza en Ferrol y en otras ciudades gallegas, y contribuyó al creciente descontento social que caracterizó el tramo final del franquismo. Durante los años posteriores se convirtieron en símbolo de la lucha obrera, y su muerte sigue siendo recordada como un ejemplo de la violencia empleada para acallar demandas laborales en plena dictadura.

La memoria colectiva de la comarca ha estado impulsada por organizaciones como la Fundación 10 de Marzo y por familiares que mantuvieron viva la reivindicación de justicia y reconocimiento. A lo largo de más de cinco décadas se han celebrado actos, ediciones y mesas de recuerdo que han mantenido presentes los nombres de los dos trabajadores en el mapa de la memoria gallega. El reconocimiento oficial llega, por tanto, en un contexto en el que las reivindicaciones por esclarecer responsabilidades y restituir la dignidad de las víctimas han ido ganando espacio en la agenda política y cultural.

En Ferrol, la conmemoración anual sigue convocando a sindicatos, fuerzas políticas y vecinos, y el relato local insiste en que la represión de marzo de 1972 no fue un episodio aislado sino parte de una estrategia más amplia para frenar la movilización obrera en los astilleros. Para muchos historiadores y activistas, la reacción social que siguió a las muertes contribuyó a erosionar la legitimidad del régimen en Galicia y a articular un movimiento obrero más organizado que, con el paso del tiempo, logró poner en el centro del debate público las demandas laborales y democráticas.

La declaración del 10 de marzo no cierra las demandas de quienes piden verdad judicial o medidas concretas de reparación, pero sí aporta un marco simbólico de reconocimiento por parte del Estado. Fuentes institucionales consultadas por este diario arguyen que el pronunciamiento pretende servir de precedente para abordar otros episodios de violencia política y policial del franquismo, así como para reforzar políticas públicas de memoria que eviten la impunidad histórica.

Para las familias de Daniel Niebla y Amador Rey y para las organizaciones memoriales, el paso dado este marzo es la culminación tardía de una lucha prolongada. Más allá del gesto oficial, reclaman que la memoria se traduzca en acciones concretas que permitan clarificar responsabilidades y dignificar a las víctimas, y advierten de que recordar también es una forma de garantizar que el uso de la violencia no vuelva a ser una respuesta a la reivindicación social en una democracia.

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Redacción

Periodista de Galicia Universal.