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Darle la vuelta a la tortilla tras un ictus

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Cinco mujeres de Vigo, con edades comprendidas entre los 50 y los 70 años, han pasado de depender de una silla de ruedas a recuperar fuerza y autonomía practicando ejercicio de alta intensidad en un centro de neurorrehabilitación de la ciudad. Tras sufrir ictus isquémicos o hemorrágicos en los últimos años, estas pacientes han incorporado rutinas supervisadas que les permiten, entre otras hazañas, levantar cargas de 40 o 50 kilos en ejercicios de fuerza. El proceso, que combina trabajo físico intenso con seguimiento clínico, se ha desarrollado a lo largo de meses y ha cambiado de forma sustancial su calidad de vida. La experiencia refleja la importancia de programas de rehabilitación activos y comunitarios para la recuperación tras un accidente cerebrovascular.

En concreto, Luisa Dopeso, Begoña Román, Celia Sacasa, Elena Pazó y Carmen Vázquez son las protagonistas de esta transformación: fueron ingresadas por distintos tipos de ictus y, en fases iniciales, muchas de ellas necesitaron ayuda para las actividades básicas. A partir de la terapia estructurada y el entrenamiento progresivo, su evolución les ha permitido dejar atrás gran parte de la dependencia que condicionaba su día a día. Hoy forman parte de grupos de ejercicio donde se trabaja la fuerza, el equilibrio y la resistencia bajo la supervisión de profesionales sanitarios.

El programa que siguen combina sesiones de fuerza con elementos de alta intensidad adaptada, ejercicios funcionales y trabajo neuromuscular específico. Las rutinas incluyen movimientos de cadena cerrada, entrenamiento de la marcha y levantamientos controlados que, progresivamente, aumentan la carga y la complejidad. Todo se desarrolla en un entorno controlado y con monitorización, lo que permite individualizar las cargas según la capacidad y los objetivos de cada persona. La intensidad no se impone de forma indiscriminada: es el resultado de una evaluación clínica y de la respuesta observada en la evolución.

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Para estas mujeres, la rehabilitación ha significado recuperar gestos cotidianos que antes resultaban imposibles, como subir escaleras, llevar bolsas o volver a conducir. Además de la mejoría física, muchas subrayan el efecto sobre el ánimo y la autoestima: el hecho de entrenar en grupo ha creado una red de apoyo que influye en su adherencia y en su voluntad de seguir avanzando. La dimensión social del ejercicio aparece como un factor clave, porque reduce el aislamiento que con frecuencia acompaña a las secuelas del ictus.

La apuesta por entrenamientos más intensos en neurorrehabilitación se apoya en conocimientos sobre neuroplasticidad: estímulos repetidos y desafiantes facilitan la reorganización neuronal y la recuperación de funciones. Especialistas consultados por pacientes del centro recomiendan que la rehabilitación sea temprana, sostenida y lo más funcional posible, centrada en tareas relevantes para la vida diaria. Sin embargo, la respuesta es individual y requiere supervisión continua para evitar sobrecargas y optimizar beneficios.

En Vigo y en el resto de Galicia crece la demanda de servicios que combinan fisioterapia tradicional con programas de ejercicio guiado, impulsada por el envejecimiento de la población y por una mayor concienciación sobre la posibilidad de rehabilitarse después del ictus. Los centros que ofrecen estas intervenciones suelen coordinar equipos multidisciplinares, integrando rehabilitadores, fisioterapeutas y preparadores físicos adaptados al ámbito clínico. Los pacientes y sus familias valoran especialmente la continuidad y la personalización del tratamiento.

A pesar de los avances, las necesidades de acceso y financiación siguen siendo un reto: muchos pacientes buscan alternativas privadas para acortar listas de espera o ampliar las horas de terapia, mientras otros dependen exclusivamente de la oferta pública. Profesionales y asociaciones reclaman una mayor inversión en servicios de neurorrehabilitación y programas comunitarios que permitan sostener los progresos logrados en la fase aguda. También insisten en políticas de prevención que reduzcan la incidencia de ictus mediante control de factores de riesgo.

El caso de estas cinco viguesas pone de relieve que, con terapia adecuada y compromiso, la recuperación puede ir mucho más allá de lo que antes se consideraba posible. Su historia transmite un mensaje de esperanza y subraya la importancia de combinar técnicas basadas en la evidencia con el apoyo social para conseguir una vuelta a la vida activa. Mientras tanto, profesionales y gestores sanitarios enfrentan el desafío de ampliar y democratizar estos recursos para que más personas con secuelas de ictus puedan transformar su pronóstico.

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Redacción

Periodista de Galicia Universal.