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De una intimidación con nunchakus a un lanzamiento de gel en los ojos: enemistad vecinal en O Ribeiro llega a juicio con versiones enfrentadas

De una intimidación con nunchakus a un lanzamiento de gel en los ojos: enemistad vecinal en O Ribeiro llega a juicio con

Dos vecinos de la zona de O Ribeiro, en Ourense, se enfrentaron este martes en el Penal 2 por una pelea ocurrida el 10 de marzo de 2023, que terminó con denuncias cruzadas por agresión y un parte de lesiones. En la vista, ambos ofrecieron relatos opuestos sobre lo sucedido: uno sostuvo que fue amenazado y agredido tras un intimidante episodio con nunchakus, mientras el otro afirmó que recibió un ataque con gel hidroalcohólico en los ojos y fue arrojado de una moto. La causa refleja una enemistad previa, según las partes, y el tribunal deberá dirimir qué versión se ajusta a la prueba practicada. El suceso ha reabierto la disputa entre los dos hombres y su entorno, que lleva meses marcada por denuncias mutuas.

La sesión celebrada en el juzgado de lo Penal concentró los testimonios de los implicados y de posibles testigos, ante la titular del órgano que instruye el caso. Ambas partes se personaron y comparecieron ante la magistrada para relatar su versión de los hechos y responder a las preguntas de las defensas y de la acusación. El proceso, según fuentes presentes en la sala, se desarrolló con acusaciones directas entre los encausados y un claro choque de versiones sobre quién inició la agresión. El tribunal tendrá en cuenta los partes médicos, las declaraciones y cualquier prueba documental o pericial que pueda aclarar la dinámica del enfrentamiento.

El primer acusado aseguró frente al juez que, al cruzarse con su vecino y su pareja junto a su domicilio, recibió amenazas de muerte y una provocación física. Relató que el otro hombre exhibió unos nunchakus, lo que le atemorizó, y que su reacción fue rociar gel hidroalcohólico, insistiendo en que no llegó a agredir físicamente. Poco después, según su versión, fue abordado por la espalda, empujado y golpeado hasta sufrir lesiones que quedaron recogidas en un parte médico. Esta persona negó ser el agresor que algunos testigos describen y subrayó que siempre había intentado evitar el conflicto.

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Frente a esa narración, el segundo implicado sostuvo que él fue la víctima de una agresión distinta: aseguró que su rival lo arrojó de una motocicleta y que, además, le lanzó gel desinfectante directamente a la cara, dejándole sin visión momentánea y con miedo de sufrir daños permanentes en los ojos. Recriminó que la relación ya venía deteriorada por denuncias previas y por hostilidad prolongada entre ambos, y negó haber empleado los nunchakus que su vecino describió. Su testimonio pretendió describir un episodio en el que la violencia física y la humillación se combinaron, agravando la sensación de inseguridad en la calle donde viven.

Las contradicciones no se limitaron a las versiones sobre el episodio concreto: ambos acusaron al otro de haber presentado denuncias anteriores por motivos diversos, desde quejas laborales hasta molestias personales, lo que, según sus relatos, alimentó la tensión entre las familias. En la sala se aludió a una denuncia por el supuesto uso de trabajadores sin contrato, que habría provocado resentimiento y discusiones previas. Ese historial de querellas mutuas aparece como contexto relevante para entender la escalada que culminó en la agresión denunciada. Los letrados de ambas partes hicieron hincapié en ese punto para contextualizar los hechos ante la magistrada.

En su declaración, uno de los acusados admitió haber arrojado gel hidroalcohólico, pero rechazó haber propinado golpes o haber empujado hasta causar lesiones, mientras el otro negó rotundamente ser quien vertió el líquido o utilizar la motocicleta para agredirle. La investigación judicial incluye el examen del parte de lesiones y la valoración de los testimonios, que presentan discrepancias significativas en cuestiones clave como la secuencia de los hechos y la identidad del agresor. La fiscalía y las defensas cruzaron preguntas para poner a prueba la coherencia de las versiones y la credibilidad de los testigos aportados por cada parte.

Legalmente, los acusados se enfrentan a las consecuencias que determine la instrucción y la eventual calificación de los hechos por el ministerio público o la acusación particular, en su caso. El tribunal deberá valorar si los hechos constituyen una agresión con resultado de lesiones, una intimidación u otro tipo de ilícito, en función de la prueba practicada durante la vista. Por el momento no se han conocido medidas cautelares nuevas ni resoluciones definitivas; la causa permanece abierta hasta que la magistrada dicte un auto o la sentencia que fije responsabilidades.

El caso ha generado inquietud entre los vecinos de O Ribeiro, que señalan el empeoramiento de una relación vecinal ya tensa y demandan soluciones que eviten nuevos episodios de violencia. La resolución del procedimiento será determinante para aclarar responsabilidades y, en su caso, restablecer cierta normalidad en el barrio. Hasta entonces, ambas partes aguardarán la decisión judicial, que concluirá si las versiones enfrentadas responden a un enfrentamiento puntual o a una hostilidad persistente que requiere sanción y medidas restauradoras.

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Redacción

Periodista de Galicia Universal.