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Del cachondeo al aula: la Xunta impulsa el humor como herramienta para mejorar la convivencia escolar en Galicia

La Xunta de Galicia presentó este marzo la nueva Guía para a abordaxe dos problemas de conduta no ámbito educativo, un documento que abre paso a fórmulas menos punitivas para gestionar conflictos y que coloca el sentido del humor como recurso educativo. En colegios como el CEIP Plurilingüe Pintor Laxeiro de Vigo, profesores y familias ya trabajan con esas claves: bromas medidas, apodos cariñosos y exámenes con guiños para rebajar la tensión y reforzar la confianza.

Cómo se usa el humor en el día a día del aula

En la clase de quinto del CEIP Pintor Laxeiro, el humor no es un adorno: es la estructura de la convivencia. Así lo resume su tutor, Nacho Maceda Casas, con la naturalidad de quien lo practica desde hace años: «Yo realmente estoy todo el día de cachondeo». Esa frase, lejos de ser frívola, encierra una estrategia deliberada: crear un clima que permita enseñar con menos barreras.

La relación afectiva que describe Maceda se construye con gestos concretos. Los alumnos de su aula reúnen un apodo colectivo —«la clase de los panolis»— surgido de bromas internas que él alimenta con ternura. Introduce expresiones mnemotécnicas —«apurando, que es gerundio»— para enseñar gramática, organiza partidos de fútbol los viernes con reglas que sancionan el insulto con penalti y acepta pintarse el pelo en carnaval como gesto de reciprocidad. Incluso en exámenes, permite que los niños salgan al baño, amenizando la situación con chanzas sobre «consultar la chuleta» para disminuir la ansiedad sin perder el control.

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La psicopedagoga Andrea Fernández abona esa lectura: «El humor es un recurso para convivir en el centro educativo». Matiza, eso sí, que no basta la broma sin más. «El humor debe ir acompañado de herramientas educativas clave, como fomentar la empatía, utilizar la asertividad o enseñar a poner límites», advierte. Con esa mezcla, la risa actúa como lubricante social y como mecanismo para que el alumnado acepte normas y correcciones con menos resistencia.

Antecedentes y debates en Galicia sobre disciplina y autoridad

La apuesta por el humor aparece en un momento en que la convivencia escolar vuelve a ocupar la agenda pública. Tras años en los que el foco se centró en protocolos sancionadores y medidas disciplinarias, la guía de la Xunta propone ampliar la caja de herramientas: mediación, apoyo socioemocional y estrategias docentes que no reproduzcan el castigo como primera respuesta.

En Galicia, la tradición del profesorado cercano —más visible en centros rurales que en los grandes institutos urbanos— facilita este enfoque. Aun así, no es una novedad absoluta: a principios de siglo hubo experiencias pedagógicas similares en centros integrados en redes de innovación. La novedad ahora es la institucionalización del humor como recurso señalado expresamente por la Administración autonómica, con recomendaciones para su uso como parte de la convivencia escolar.

La medida llega también en una coyuntura marcada por cambios: la plurilingüización progresiva de la enseñanza, la vuelta a la normalidad tras la pandemia y una mayor sensibilidad social hacia problemas como el acoso y la exclusión. Todo ello obliga a afinar: la broma puede ser puente o barrera, según cómo y quién la diga. Profesores veteranos recuerdan que el humor del docente ejercido desde la autoridad puede reforzar el vínculo; otros alertan del riesgo contrario, cuando el chiste desdibuja límites o genera desigualdades.

Riesgos, formación y próximos pasos

El uso pedagógico del humor plantea dilemas prácticos. Una broma que hoy une puede mañana humillar; un apodo cariñoso en un grupo pasará a ser etiqueta en otro. Por eso la guía insiste en combinar el recurso con habilidades socioemocionales y en formar al profesorado para detectar cuándo el tono es saludable y cuándo no.

Formación específica, supervisión y participación de las familias aparecen como pasos imprescindibles. En centros como el Pintor Laxeiro, los pequeños gestos —mancharse la cara con castañas en el magosto o celebrar una actuación con un chascarrillo— se sostienen porque existe un tejido de confianza que incluye a las familias. Cuando eso falla, la misma broma puede convertirse en conflicto. A falta de estadísticas públicas sobre el impacto del humor en la convivencia, los equipos docentes piden programas de evaluación y compartir buenas prácticas entre centros.

También hay cuestiones jurídicas y de seguridad: el profesorado debe saber hasta dónde llega la permisividad sin vulnerar derechos del alumnado. La guía autonómica apunta en esa dirección, pero serán necesarias instrucciones operativas y recursos para aplicarla en aulas con realidades dispares, desde Lugo a Pontevedra, pasando por Vigo y A Coruña, donde la densidad educativa y las dinámicas comunitarias cambian mucho.

Si la Xunta pretende que el humor deje de ser solo un recurso anecdótico y pase a ser una herramienta sistemática, hará falta inversión en formación en gestión emocional y en mediación escolar. Asimismo, los equipos directivos deberán traducir las recomendaciones en normas internas coherentes, con criterios claros sobre cuándo la broma es pedagogía y cuándo es indisciplina.

Para algunos docentes, la clave es mantener la autenticidad sin renunciar a la profesionalidad. «Yo soy como soy», decía Maceda; su punto de equilibrio es sencillo: bromear mucho, pero enfadarse cuando toca. Ese enfado, escaso y significativo, funciona como señal educativa. En el debate público, esa combinación —proximidad, límites y herramientas— podría definir la forma en que Galicia entienda la convivencia escolar en los próximos años.

De cara al futuro inmediato, el reto será medir resultados. ¿Reduce el humor los incidentes de convivencia? ¿Mejora el rendimiento al bajar la ansiedad ante los exámenes? Las respuestas exigirán investigación y tiempo. Mientras tanto, en aulas como la del Pintor Laxeiro, las risas son ya parte del currículo: una apuesta modesta pero notable por humanizar la tarea de enseñar, sin renunciar a que los niños aprendan, se respeten y, a veces, se rían juntos.

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Sofía Martínez

Periodista gallega especializada en información local y política. Licenciada en Periodismo por la USC. Redactora jefe de Galicia Universal.

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