
Las estaciones marcan el ritmo de la vida en cada rincón del planeta y establecen un diálogo íntimo y genuino con los artistas que habitan esos lugares.
Sobre esa experiencia común se construye As estacións do ano na arte galega dos séculos XX e XXI, la nueva exposición inaugurada este jueves en el Museo Gaiás de Santiago en la que participan una decena de firmas lucenses y que ha sido comisariada por la fonsagradina Mónica Alonso.
Un recorrido sensorial por el arte gallego
La muestra, que invita al espectador a sentir el arte a través de la temperatura, el color, el sonido o las texturas, reúne más de 80 obras de 63 artista gallegos.
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Ver en Hotels.com → PublicidadEn ella, las estaciones del año sirven como hilo conductor de un recorrido que va desde el Movimiento Pictórico Regionalista de principios del siglo XX, pasando por Os renovadores, el grupo Atlántica y Novos camiñantes, hasta las generaciones más jóvenes de creadores y creadoras en Galicia del siglo XXI.
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La exposición tiene además un marcado sello lucense.
Entre los artistas presentes figuran el monfortino Antón Patiño, el luguense Antonio Murado, el fonsagradino Berio Molina, el mindoniense Daniel Caxigueiro, el paramés Edu Valiña, la valadouresa Mar Vicente y el polense Sergio Marey.
A ellos se suman nombres históricos vinculados a la provincia como Julia Minguillón, Tino Grandío o Vázquez Cereijo.
Experiencia inmersiva y organización de la muestra
A partir de los principios de la colorimetría, de la neuroarquitectura —que estudia cómo los espacios afectan al cerebro, a las emociones y al comportamiento— y de la neuroestética —centrada en analizar cómo el cerebro percibe, procesa y siente al contemplar la belleza de las obras de arte— la exposición busca generar una «novedosa» experiencia artística y «alimentar el bienestar humano», en palabras de su comisaria.
De este modo, Alonso no plantea la exposición como un recorrido cronológico ni como una simple selección de obras destacadas, sino como una experiencia inmersiva que convierte el museo en una especie de paisaje interior.
Las salas están organizadas en cuatro ámbitos —primavera, verano, otoño e invierno— y cada estación se identifica con colores, sonidos y ambientes distintos.
Antes de comenzar la visita, el público atraviesa un espacio de transición desde el que puede dirigirse hacia zonas cálidas o frías tras pasar por cabinas de inmersión térmica.
La intención es que el visitante perciba físicamente el cambio de estación y entre en un estado de atención más pausado ante las obras.
Obras y propuestas artísticas
Paisajes, bodegones de temporada, esculturas, vídeos o instalaciones evocan elementos profundamente ligados a Galicia: la lluvia, la nieve, los cultivos o los frutos de cada época.
Más que ilustrar las estaciones, la exposición propone reconocer en ellas una memoria compartida.
Algunos de los trabajos lucenses fueron creados específicamente para la exposición.
Es el caso de la instalación sonora de Berio Molina, la única presente en las cuatro secciones de la muestra, formada por estructuras de lana y mimbre que reproducen los sonidos del Pico Sacro registrados en un año.
También es un encargo la instalación de Mar Vicente, Cor-Sombra V. A sombra é a raíña da cor, que introduce la luz del verano en el interior del museo mediante un cubo iluminado que recrea el contraste entre el azul del cielo y el amarillo de la arena.
Otra de las piezas centrales es Esfollarse, de Edu Valiña, realizada junto al músico Mondra a partir de hojas de maíz recogidas en Sarria y O Páramo.
La instalación establece vínculos entre arte y la tradición y evoca la memoria del trabajo agrícola a través de prendas tejidas con materiales vegetales.
Entre las obras expuestas figura también Deus te livre (2024), del joven Sergio Marey, una pieza textil que parte de la tradición lanera para reflexionar sobre la identidad y las conexiones culturales entre Galicia y Portugal.
La exposición combina obras históricas con creaciones recientes y establece un diálogo entre distintas generaciones de artistas gallegos.
Figuras como Castelao, Seoane o Laxeiro conviven con nuevas voces para retratar el inexorable y cíclico paso del tiempo.
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