Eduardo Casanova presentó en el Festival de Málaga el documental Sidosa, una película que parte de su experiencia personal y que busca romper el estigma en torno al VIH. El estreno tuvo lugar el 10 de marzo de 2026 en Málaga y la cinta, producida por Producciones del Barrio y respaldada por Atresmedia, llegará a las salas españolas el 23 de abril. Casanova explica que decidió contar su historia para visibilizar una realidad silenciada durante años y ofrecer apoyo a quienes viven el diagnóstico en soledad. La cinta mezcla confesión íntima, observación cotidiana y humor con la intención de provocar una reflexión pública.
El proyecto comenzó a gestarse hace más de tres años cuando Casanova compartió con Jordi Évole un hecho que llevaba oculto desde la adolescencia: vive con VIH desde los 17 años. Aquella conversación privada fue el germen de un documental que trasladó la conversación a la pantalla con la idea de transformar el silencio en relato. Según el equipo, la película muestra a un creador que decide poner en común una experiencia personal para incidir en el debate social sobre la enfermedad y sus consecuencias. Esa valentía del protagonista fue destacada por quienes acompañaron el trabajo desde la producción.
En el pase de presentación en el Muelle Uno, los responsables subrayaron que la obra huye de los lugares comunes de las películas sobre el sida y pretende, además, incorporar la risa como mecanismo de comunicación. La intención no era volver sobre las narrativas clásicas del drama, sino ofrecer una mirada distinta que incluya la cotidianidad y el humor como instrumentos para entender la vida de una persona con VIH hoy. De ese modo, Sidosa plantea una geometría narrativa heterodoxa que alterna la confesión con escenas de la vida diaria. El resultado, según sus creadores, es una historia humana que busca normalizar lo que todavía genera miedo social.
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Conoce más →Casanova relató episodios personales que ilustran el estigma persistente: durante años recogía la medicación a escondidas, rompía los envoltorios para que nadie identificase el fármaco y pedía a otros que hicieran ese trámite por él. Son gestos que, afirmó, no le son exclusivos y que describen la vivencia de muchas personas diagnosticadas. La película pretende mostrar que, con tratamiento, es posible llevar una existencia plenamente normal, pero también que la carga social del diagnóstico sigue limitando la libertad de quienes lo padecen. Esa doble lectura —la eficacia de la medicina frente al peso del prejuicio— atraviesa todo el metraje.
Entre los objetivos del documental figura desmontar mitos que siguen circulando en la sociedad y, en ocasiones, incluso entre profesionales sanitarios, donde persisten dudas infundadas sobre el riesgo de contagio. Los cineastas insisten en que el conocimiento social no ha avanzado al mismo ritmo que los avances médicos y que esa descoordinación alimenta la marginación. La obra busca también educar y ofrecer herramientas para el apoyo comunitario, haciendo visible que el diagnóstico no define por completo a la persona. Esa pedagogía es parte de la estrategia para reducir el miedo y la discriminación.
El título de la película, deliberadamente transgresor, recupera un término que históricamente se ha usado como insulto. Casanova explicó que su propósito es reapropiarse de esa palabra y darle un nuevo sentido desde el orgullo y la libertad, siguiendo ejemplos de procesos de resignificación llevados a cabo por otros colectivos. La apuesta simbólica busca desactivar el insulto transformándolo en una herramienta de visibilidad y lucha. Para el autor, la visibilidad es una manera de empoderamiento que puede cambiar percepciones y abrir caminos de aceptación.
La relación entre autor y productor fue clave para que el proyecto viera la luz: Évole, que firma la producción desde su sello, apostó por convertir una conversación íntima en un relato público con vocación social. En la presentación, ambos insistieron en el doble propósito del filme: contar una historia personal y ofrecer apoyo a quienes todavía viven el diagnóstico en el silencio. La colaboración con Atresmedia permitió darle al proyecto el alcance necesario para su distribución en cines. El calendario de exhibición sitúa su llegada a las pantallas el 23 de abril, cuando el público podrá valorar la propuesta.
Sidosa se plantea, en definitiva, como una invitación a revisar prejuicios y a entender que el avance terapéutico no basta si la sociedad no acompaña con empatía y conocimiento. El documental combina el relato íntimo con la intención didáctica y un tono que no rehúye la ironía ni la complicidad con el espectador. Casanova, que ha canalizado su vivencia a través del cine, confía en que la película sirva para generar conversaciones y ayudar a quienes hoy siguen ocultando su realidad. En esa aspiración se encuentra la apuesta principal de una obra concebida para transformar miradas.
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