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El castillo de Monterrei, isla verde en medio del segundo mayor incendio de la historia de Galicia

Valle de Monterrei, 30 de agosto de 2025. Sobre un paisaje carbonizado, una silueta aguanta: el conjunto monumental del castillo y la fortaleza que corona la loma se mantienen como el único punto verdor en kilómetros a la redonda. Esa imagen, captada desde el aire por el veterano fotoperiodista Pedro Armestre para la ONG Greenpeace, resume la devastación causada por lo que ya figura como el segundo mayor incendio forestal de la historia de Galicia.

Imágenes que cuentan la magnitud de la catástrofe

Las fotografías tomadas desde una aeronave ofertan una perspectiva brutal: colinas enteras transformadas en ceniza, vaguadas de humo que aún no se habían disipado y fincas de viñedo consumidas por las llamas. Armestre, que lleva más de treinta años documentando crisis ambientales por todo el planeta, no pudo estar «en primera línea de fuego» por problemas de salud, pero alquiló un helicóptero para retratar la tragedia desde el aire. El resultado es un registro cuyas composiciones —un castillo intacto en medio de un mar quemado— actúan como indicador gráfico de pérdidas materiales y simbólicas.

Quien conoce la comarca de Monterrei sabe que el castillo, ligado a la historia fronteriza entre Galicia y Portugal, es más que un monumento: es un punto de referencia para la identidad local. Verín y los concellos vecinos han visto cómo la temporada de incendios se come años de trabajo agrario y forestal. Las instantáneas de Armestre, además de su valor estético, son un inventario visual que servirá para evaluar daños, documentar réplicas y recordar lo que se perdió.

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«Quería que la gente viese lo que la lupa de los maps no alcanza: la escala y la soledad de la devastación»,

dice el propio fotógrafo en la breve nota que acompaña su serie de imágenes. Es una reflexión que remite a otras campañas suyas —desde glaciares del Ártico a paisajes destrozados por vertidos— donde la mirada aérea ayuda a entender la dimensión real de una emergencia.

Sequía, calor y un patrón que se repite

Los bomberos y los servicios de emergencias han coincidido en la contemporaneidad de factores que han convertido muchos fuegos en monstruos difíciles de contener: olas de calor prolongadas, suelos resecos por meses sin lluvia y combustibles forestales acumulados por años de abandono rural. A esto se suman patrones de gestión del monte que en Galicia llevan décadas en debate: ordenación de masas arbóreas, presencia masiva de eucalipto en zonas de productividad forestal y la reducción de pastoreo y usos tradicionales que mantenían el paisaje abierto.

En Ourense, provincia que concentra buena parte de la superficie afectada, las estaciones meteorológicas registraron en agosto registros de temperatura y déficit hídrico que no eran habituales hasta hace pocos años. Aunque aún no hay confirmación oficial sobre las causas precisas de la mayoría de los focos, agentes forestales y técnicos del Consorcio Galego de Servizos de FP apuntan a una confluencia de negligencias humanas y condiciones meteorológicas extremas. La investigación sobre varios de los focos continúa abierta y, a falta de conclusiones judiciales, la sospecha de incendios provocados y de negligencias en labores agrícolas persiste en el debate público.

La recurrencia de episodios similares en estaciones recientes obliga a mirar más allá de la extinción inmediata. No se trata sólo de apagar llamas: es necesario repensar el mapa del monte gallego, las políticas de prevención y la economía rural que sostienen —o no— la mejor defensa contra estos eventos.

Impacto local y retos para la recuperación

La comarca de Monterrei, con su D.O. de reconocido prestigio y un tejido de bodegas familiares, afronta ahora daños a viñas, caminos rurales y bosques que alimentan el turismo y la apicultura. Fuentes municipales de Verín ya han cuantificado pérdidas en explotaciones y han anunciado solicitudes de ayudas para agricultores y propietarios forestales. En la práctica, la reconstrucción pasará por una mezcla de reparación urgente —restauración de infraestructuras, apoyo económico a quemados y limpieza de fincas— y decisiones a medio plazo sobre qué volver a plantar y dónde.

Especialistas en restauración de suelos insisten en que la recuperación ecológica no será automática. Suelos arrancados por el fuego pueden quedar compactados, con pérdida de materia orgánica y riesgo de erosión en lluvias posteriores, lo que estrecha la ventana para actuacions que eviten deslaves y pérdida de capa fértil. La imagen del castillo como único punto verde es también un aviso: las islas de vegetación que sobreviven pueden convertirse en refugios de biodiversidad, pero necesitan gestión activa para no quedar como meros vestigios aislados.

A nivel político, se abre el debate sobre la asignación de fondos y la estrategia a adoptar en Galicia. La Xunta y las diputaciones provinciales manejan partidas extraordinarias en episodios anteriores; ahora deberán coordinar subvenciones, tareas de prevención y, muy relevante, políticas para devolver población y usos al rural: el abandono del monte favorece la continuidad de combustibles acumulados.

Mientras tanto, la comarca busca consuelo en gestos cotidianos: vecinos que acondicionan carreteras para facilitar el acceso de maquinaria, propietarias de pequeñas bodegas que replantan con ayuda técnica y asociaciones conservacionistas que proponen mallas y franjas cortafuegos para proteger los restos de arboleda autóctona. Son respuestas locales a una problemática que, por su magnitud, requiere también decisiones de alcance autonómico y europeo.

Las fotografías de Pedro Armestre no sólo documentan una catástrofe concreta: obligan a mirar la hoja de ruta que Galicia seguirá en los próximos años frente a una amenaza que se repite. Recuperar viñas y caminos, sí; pero también replantear usos del monte, reforzar la prevención y armar proyectos de economía rural que den sentido a un paisaje habitado. Si el castillo de Monterrei queda como isla verde en la memoria visual, la tarea colectiva será convertir esas islas en puentes que eviten futuras tragedias.

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Sofía Martínez

Periodista gallega especializada en información local y política. Licenciada en Periodismo por la USC. Redactora jefe de Galicia Universal.

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