Vigo, 22 de marzo de 2026. El estadio de Balaídos vivió una tarde para la memoria y para el reproche: el Celta llegó a dominar por 3-0 en el minuto 30, pero terminó cediendo ante un Deportivo Alavés que firmó una remontada épica para ganar por 3-4. Al término del choque, el técnico local, Claudio Giráldez, no esquivó responsabilidades y se declaró autor de las decisiones erróneas que permitieron el vuelco.
La rueda de prensa: autocrítica y explicaciones
Con voz mesurada pero contundente, el entrenador gallego abrió la comparecencia con una admisión que no es habitual en entrenadores tras derrotas dolorosas: se proclamó el principal responsable de lo sucedido. «Me he equivocado en todo lo que he hecho en la segunda parte», afirmó, y su frase, repetida varias veces, marcó el tono de una intervención en la que buscó desentrañar por qué un partido controlado se escapó entre los dedos del equipo.
Giraldez añadió que no hallaba «una explicación coherente» para la sucesión de errores que siguió al dominio inicial: «Hemos pasado de ser muy superiores en la primera parte a tirarnos un tiro en el pie y meter al rival en el partido». En su diagnóstico entraron tanto cuestiones tácticas —cambios que no salieron bien y dudas después de la lesión del portero— como aspectos anímicos: «Nos ha faltado madurez y experiencia en ese momento».
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Conoce más →La lesión del guardameta Radu, que aguantó el choque pero salió cojeando al final, fue citada por Giráldez como factor que condicionó sus movimientos desde el banquillo. Además señaló la ausencia de piezas clave en el centro de la zaga y en el lateral derecho: los nombres del sueco Carl Starfelt y del veterano Marcos Alonso salieron a relucir como explicación de la fragilidad mostrada en el tramo decisivo.
«Soy el principal responsable, evidentemente no he estado bien en el descanso. Me he equivocado en todo lo que he hecho en la segunda parte»
Cómo se fraguó la remontada y la figura de Jutglà
El guion del partido fue extraño: un Celta dominante que no remató la faena y un Alavés que, paciente, fue encontrando grietas hasta explotarlas. El artífice del giro fue Ferran Jutglà, autor de dos goles y una asistencia, que acabó por convertirse en la pesadilla de la defensa celeste. Su entrenador, Quique Sánchez Flores, reconoció en la sala de prensa que nunca había vivido una remontada igual y describió la segunda parte de su equipo como «una gran segunda parte» en la que los cambios tácticos funcionaron.
Sánchez Flores explicó que en el descanso se habló de «corregir la situación» de Jutglà porque había encontrado mucho espacio para girar y generar. La intención fue clara: bajar un punto la altura de los puntas, reubicar a los delanteros y forzar a un Celta que había perdido consistencia en el centro del campo a jugar incómodo. El tanto visitante antes del segundo tiempo y la rápida sucesión del gol inicial de la segunda parte dieron al Alavés el empuje necesario para creer hasta el final.
En Balaídos también quedó la sensación de que el Celta no supo rematar el partido cuando pudo. Giráldez llegó a hablar de ‘aprovechar la ola’ y lamentó que el equipo no cerrara el choque en el momento de superioridad: pequeñas decisiones, pases forzados desde atrás y concesiones al juego directo rival terminaron por provocar la fractura.
Antecedentes y cuestiones de fondo
En Vigo, la derrota despierta ecos que van más allá del marcador. Balaídos ha sido durante años un termómetro del sentimiento social y deportivo de la ciudad: cuando el Celta se muestra sólido en casa, la calma llega a las calles; cuando se descompone, la crítica afina argumentos. La montaña rusa vivida este domingo vuelve a poner sobre la mesa debates ya conocidos: la profundidad de la plantilla, la gestión de la experiencia en el eje defensivo y la capacidad del cuerpo técnico para administrar ventajas en partidos que se tornan adversos.
No es la primera vez en las últimas temporadas que el equipo cede terreno tras ir por delante, y en el entorno se pregunta si las ausencias por lesión o por forma física —en este caso la de Starfelt y Alonso— son la causa principal o solo un agravante de problemas estructurales. La respuesta exige mirar más allá del resultado de un domingo: la planificación deportiva, la gestión de minutos y el perfil de fichajes deberán analizarse con la misma frialdad con la que el club ahora repasa la crónica del partido.
Los hinchas, que llenaron en buena parte Balaídos, vivieron una montaña rusa emocional que terminará por tener efecto en la percepción del proyecto. El entrenador, por su parte, ha asumido la responsabilidad pública; la presidencia y la dirección deportiva observarán con lupa la reacción del vestuario en los próximos entrenamientos.
Repercusiones inmediatas y el horizonte próximo
La derrota complica el calendario inmediato y exige respuestas rápidas. El Celta debe recuperar la confianza de sus jugadores y de su afición, atender la evolución de la lesión de Radu y evaluar si las soluciones en el centro de la zaga pasan por recuperar hombres o por corregir conceptos. Giráldez pidió aprender de lo sucedido, y en su petición anida el reconocimiento de que lo ocurrido no puede repetirse si el equipo aspira a objetivos ambiciosos esta campaña.
En términos concretos, la competición no se detiene: la plantilla tendrá poco tiempo para digerir la frustración y encarar próximos compromisos. Los técnicos de ambos bandos ya piensan en ajustar piezas; para el Celta la tarea permitirá medir la fortaleza real del grupo, mientras que para el Alavés esta victoria supone un impulso anímico que puede marcar su tramo final de temporada.
Al final, el fútbol dejó en Balaídos una lección doble: por un lado, la demostración de que pocos partidos están cerrados; por otro, la necesidad de responsabilidad y claridad cuando se gestionan ventajas. La autocrítica de Claudio Giráldez es sincera y dura; ahora toca que esa autocrítica se traduzca en medidas visibles dentro del césped. Los próximos partidos dirán si fue un tropezón aislado o el síntoma de algo más profundo en el proyecto celeste.
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