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El Celta se descompone en Balaídos y entrega la victoria al Alavés (3-4)

Celta de Vigo salió del túnel de vestuarios de Balaídos tras la primera parte con la sensación de haber sentenciado un partido que, sin embargo, terminó en un volantazo doloroso: ganaba por 3-0 a los 36 minutos y perdió 3-4 ante el Deportivo Alavés. Lo que fue una exhibición ofensiva en la primera media hora se convirtió en una sucesión de concesiones defensivas que el rival, con paciencia y eficacia, supo aprovechar.

De la brillantez de Jutglà al descontrol en la segunda parte

Ferran Jutglà fue la gran referencia del Celta en el primer acto: dos goles y la asistencia que culminó Hugo Álvarez. El guion parecía perfecto. Giráldez, con nueve cambios respecto al jueves en Lyon, encontró en el extremo catalán el desequilibrio por la derecha; su diagonal y su asociación con Javi Rodríguez y Borja hicieron daño a un Alavés que apostó por una presión alta pero dejó autopistas entre líneas.

La efectividad celeste contrastó con un ritmo contenido; no fue un partido de ida y vuelta, sino de finales clínicos. El 1-0 llegó tras una asistencia milimétrica de Javi Rodríguez y un disparo cruzado que no dejó opciones a Sivera. El 2-0, fruto de otra diagonal de Jutglà, y el 3-0, un arreón de velocidad y habilidad de Borja Iglesias, parecían cerrar el relato. Sin embargo, el Alavés aprovechó el descuento del primer tiempo para acortar distancias con un tanto de Toni Martínez, una diana que acabaría resultando simbólica.

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La segunda parte fue la antítesis del primer tiempo. Salió más vivo el equipo vitoriano tras las instrucciones de Quique Sánchez Flores y el Celta, quizá confiado por el marcador y castigado por la rotación, se deshilachó atrás. El desajuste quedó patente en la acción del 3-2, donde una serie de errores terminan con el gol de Ángel Martínez. Desde ese momento, la estructura celeste, frágil, fue presa de contragolpes y pérdidas evitables.

Decisiones tácticas, lesiones y la presión de Balaídos

No es la primera vez que la gestión de la plantilla y las rotaciones generan debate en Vigo. Optar por nueve cambios para dos partidos exigentes —uno en Europa y otro en liga— era una apuesta de riesgo que, en esta ocasión, no salió bien. La pareja de centrales formada por Mingueza y Sotelo mostró altibajos y las bandas, con Jones y Álvaro Núñez, quedaron a merced de contratiempos que permitieron a los vascos encontrar los carriles.

La lesión que afectó a Radu en el tramo final añadió incertidumbre a una defensa ya tocada. A falta de confirmación oficial sobre el alcance de esas molestias, el club tendrá que calibrar plazos y alternativas. En el banquillo, la entrada de Fer López y Carreira no sirvió para cerrar el desaguisado; además, el VAR anuló, por una falta previa más que dudosa para la grada, un gol que habría supuesto respirar (el posible 4-2 de Javi Rodríguez).

La influencia de la grada también pesa. Balaídos es un estadio de reacciones intensas: empuja cuando ve crecer al equipo, pero puede volverse un juez severo cuando la sensación es de permisividad defensiva. Esta campaña ya ha dejado algunas advertencias: la afición viguesa exige cierta coherencia defensiva si el proyecto quiere aspirar a objetivos mayores.

Consecuencias deportivas y necesidades inmediatas

Más allá del disgusto, la derrota obliga a tomar decisiones concretas. En lo inmediato es imprescindible recuperar la autoestima colectiva: perder un encuentro que se tenía encarrilado afecta al ánimo y a la confianza, sobre todo cuando el tramo final mostró a un equipo incapaz de cortar dos contras claras que decantaron el resultado. El cuerpo técnico deberá evaluar la posibilidad de darle más minutos a piezas que aseguren estabilidad y, sobre todo, revisar el trabajo táctico defensivo en los entrenamientos.

En el capítulo de fichajes o movimientos de mercado no hay soluciones inmediatas, pero sí una necesidad de replantear el trabajo en la retaguardia. La continuidad de la dupla de centrales o la apuesta por perfiles más físicos en la medular son debates que terminarán sobre la mesa. Mientras tanto, el calendario no espera: cada jornada es una oportunidad para recuperar terreno y para evitar que episodios como este condicionen la cuenta final.

Para los jugadores ofensivos, el mensaje es doble. Jutglà y Borja dejaron claro que el potencial goleador existe; sin embargo, el fútbol moderno exige equilibrio. Un equipo que genera tres goles en media hora debe ser capaz de mantener la concentración y el orden para convertir esa ventaja en puntos. El cuerpo técnico tendrá que encontrar el punto medio entre rotación y solidez.

La afición, por su parte, tendrá tiempo de reclamar explicaciones y resultados. En Vigo se recuerda con facilidad cuando la esperanza muta en desilusión, pero también se celebra la reacción cuando llega. Ahora toca que el vestuario demuestre que la derrota fue un tropiezo puntual y no el síntoma de un problema estructural. Si no hay respuesta rápida, la temporada puede torcerse con más facilidad de la deseada.

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Miguel Ángel Vázquez

Redactor especializado en economía y empresas. Cubre la actualidad económica de Galicia y España para Galicia Universal.

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