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El dilema de los residuos radiactivos: Japón estudia enterrar desechos en una isla a casi 2.000 kilómetros de Tokio

El dilema de los residuos radiactivos: Japón estudia enterrar desechos en una isla a casi 2.000 kilómetros de Tokio

El Gobierno japonés ha anunciado que iniciará un estudio preliminar para evaluar la idoneidad de Minamitorishima, una isla deshabitada del Pacífico situada a unos 2.000 kilómetros de Tokio, como posible emplazamiento para el enterramiento de residuos radiactivos. La medida, planteada en el marco de la política energética que impulsa un mayor uso de la energía nuclear tras el accidente de 2011 en Fukushima, busca una solución a largo plazo para desechos que mantienen su peligrosidad durante siglos. La decisión sigue a sondeos previos en territorio continental que descartaron emplazamientos por la densidad de población y otras limitaciones. El Ejecutivo justifica la búsqueda por la falta de alternativas aceptables en las islas principales y por la necesidad de garantizar la seguridad pública.

Minamitorishima, propiedad del Estado y cerrada al turismo, emerge así como la primera candidata oficial. La isla, con una superficie aproximada de 1,5 kilómetros cuadrados, tiene forma triangular y está rodeada por un atolón de coral; sus características orográficas y geológicas han sido descritas por el Gobierno como «científicamente favorables» para albergar una instalación de almacenamiento. El ministro de Industria, Ryosei Akazawa, señaló que en ese territorio existe “masa de tierra no utilizada” que podría acoger las infraestructuras necesarias, aunque remarcó que por ahora solo se trata de una evaluación preliminar. Las autoridades subrayan que no hay población civil asentada en la isla, lo que facilita su consideración como alternativa.

Antes de apuntar a Minamitorishima, el Ejecutivo exploró sitios en las islas principales y realizó sondeos en tres ubicaciones de Hokkaido y Kyushu, que finalmente fueron descartadas. La densidad demográfica y la oposición local en esos territorios dificultaron cualquier opción de establecimiento permanente. La iniciativa surge en paralelo a la reactivación de centrales, como la mayor planta nuclear de Japón en la prefectura de Niigata, que volvió a operar en enero, lo que ha reabierto el debate sobre la gestión de los residuos derivados del reaprovechamiento de la energía atómica.

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Los residuos nucleares plantean un reto técnico y ético por su longevidad: algunos materiales conservan su radioactividad dañina durante miles o incluso decenas de miles de años. Encontrar un sitio donde asegurar su contención sin riesgo de emisiones accidentales es una prioridad para los países que mantienen programas nucleares. En Europa, Finlandia ha avanzado con la construcción del primer depósito geológico profundo del mundo, una referencia que Tokio observa con atención al valorar alternativas geológicas estables para el confinamiento permanente.

Eliminar la opción de enterrarlos en el territorio continental obliga a contemplar el transporte de bidones a través del océano, una operación que incorpora riesgos logísticos y ambientales. Recorrer 2.000 kilómetros por mar implica planificar rutas seguras, embalajes especiales y sistemas de vigilancia durante décadas, además de prever protocolos ante incidentes meteorológicos o accidentes marítimos. La exportación de residuos a zonas remotas plantea dudas sobre la trazabilidad y la responsabilidad a largo plazo, puesto que el control efectivo del material debe mantenerse durante generaciones.

La propuesta ha reactivado preocupaciones en grupos ecologistas y entre comunidades pesqueras, que temen los posibles efectos sobre el medio marino y la pesca en áreas próximas a la isla. Aunque Minamitorishima carece de población permanente, su uso como depósito podría alterar ecosistemas coralinos y rutas migratorias, y suscita interrogantes sobre la transparencia del proceso y la participación pública en decisiones que condicionarán la gestión de residuos durante siglos. El Gobierno mantiene, no obstante, que el proceso incluirá estudios ambientales y geológicos exhaustivos.

Los siguientes pasos oficiales consisten en realizar prospecciones científicas y evaluaciones de impacto que podrían tardar años, antes de que se tome cualquier determinación final. El carácter preliminar del anuncio implica que aún no existe un calendario cerrado ni una decisión política firme; las labores de estudio deberán determinar la estabilidad geológica, la impermeabilidad y la viabilidad técnica de construir un depósito seguro. Mientras tanto, Japón continúa acumulando residuos en instalaciones temporales en las proximidades de sus centrales, una solución interina que no zanja el problema a largo plazo.

El debate que plantea Japón tiene resonancias internacionales, porque el resurgir de la nuclear obliga a reconsiderar modelos de gestión de desechos que garanticen la seguridad intergeneracional. Para un país insular y densamente poblado como Japón, la búsqueda de emplazamientos alejados plantea dilemas de soberanía, ética y responsabilidad ambiental. La consideración de Minamitorishima como candidato ilustra la dificultad de conciliar la política energética con la necesidad de custodiar residuos peligrosos durante períodos extraordinarios, una cuestión que seguirá en la agenda pública en los próximos años.

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Redacción

Periodista de Galicia Universal.