El ruido de los reactores militares sobre las Rías Baixas no es solo una cuestión de paisaje sonoro. Es la banda sonora de un compromiso estratégico que ahora mismo pende de un hilo muy fino. El programa del futuro caza europeo, el FCAS, lleva años encallado en disputas políticas y tecnológicas, y el último fracaso en las negociaciones amenaza con dejar a media Europa a la cola de la defensa aérea. Galicia, con la Base Aérea de A Lanzada y su destacamento en la costa atlántica, observa con más que simple morriña cómo se desmoronan los plazos.
Lo cierto es que el proyecto del Sistema Aéreo de Combate del Futuro, que debía sustituir a los Eurofighter y a los cazas franceses Rafale, acumula retrasos que ya se miden en años. El último desencuentro entre Francia y Alemania sobre el reparto de cargas de trabajo ha provocado la suspensión temporal de la fase de demostración. Una mala noticia en un momento en que la OTAN pide a sus miembros que dupliquen el gasto en defensa. Europa, incapaz de poner sus cazas en el aire a tiempo, se ve obligada a comprar F-35 americanos, una dependencia que a nadie en la Alianza le gusta reconocer abiertamente.
La posición gallega en el tablero atlántico
Para entender el calado local de este fiasco hay que situarse en la punta de la península de O Morrazo, donde la Base Aérea de A Lanzada no es un simple acuartelamiento. Alberga el Destacamento de la Fuerza Aérea en la costa gallega, una unidad que gestiona el radar de vigilancia del espacio aéreo en el Atlántico Norte. Cada día, sus operadores controlan una extensión de mar equivalente a tres veces la superficie de Galicia.
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Conoce más →Si el FCAS se retrasa, los cazas que tendrían que proteger ese espacio —los Eurofighter de la Base de Morón o los nuevos que pudieran destinarse a la zona— envejecen sin relevo. Cabe recordar que el plan de modernización de la defensa aérea del Atlántico incluía la posibilidad de establecer un destacamento permanente de cazas en Galicia. Un proyecto que, con la incertidumbre europea, se ha congelado sine die. La industria auxiliar aeronáutica en Vigo, que ya fabrica componentes para el Eurofighter, ve cómo los pedidos se reducen.
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El debate sobre el caza europeo no es una abstracción en los despachos de Madrid o Bruselas. La Base de A Lanzada ha recibido en los últimos años una inversión de más de tres millones de euros para modernizar sus sistemas de comunicaciones y control. Un dinero que solo cobra sentido si hay aeronaves capaces de integrarse en esa red. Ahora bien, sin un caza europeo en el horizonte, los radares gallegos corren el riesgo de vigilar el vacío.
“Galicia es una terra de paso obligado para cualquier operación aérea en el Atlántico. No tener un caza propio y depender de compras externas nos deja en una posición vulnerable. El FCAS no es un capricho, es la única garantía de que nuestras bases no queden obsoletas”, explica Manuel Seoane, analista de defensa del Instituto de Estudos Estratéxicos de Galicia.
Y mientras los políticos discuten, los militares en A Lanzada siguen su rutina. Con retranca, algunos comentan que lo de Europa es como la corredera del pulpo: mucho ruido y poco movimiento. El mensaje que llega desde las Rías Baixas es claro: si el fiasco del FCAS no se soluciona, la defensa del flanco atlántico se jugará con material de segunda mano, y Galicia será la primera en notarlo.
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