Los carburantes han encendido las alarmas en España: desde el 27 de febrero, previo a los ataques en el golfo Pérsico, el gasóleo de automoción se ha disparado mientras la gasolina también registra aumentos significativos por la incertidumbre geopolítica. La combinación de la crisis en el estrecho de Ormuz y la decisión de China de frenar exportaciones de productos refinados ha reducido la oferta mundial y empujado al alza los precios. En el periodo analizado, el gasóleo sube con mayor intensidad que la gasolina, una dinámica que comienza a notarse en sectores como el transporte y la agricultura gallega.
Los datos oficiales del Ministerio para la Transición Ecológica sitúan a la gasolina de 95 octanos en torno a los 1,679 euros por litro, frente a los 1,478 euros a finales de febrero, lo que supone un incremento del 13,6%. El gasóleo de automoción ha pasado de 1,435 euros por litro a alrededor de 1,802 euros, lo que representa una subida cercana al 25% desde el 27 de febrero y lo coloca en niveles no vistos desde octubre de 2023. Mientras la gasolina alcanza sus máximos desde agosto de 2024, el diésel acumula la mayor presión alcista por la mayor demanda global del producto.
El boletín petrolero de la Unión Europea confirma esa tendencia: en la semana anterior al 9 de marzo el gasóleo experimentó un fuerte repunte, cercano al 14%, y la gasolina subió casi un 8%, las mayores variaciones semanales registradas desde enero de 2023. Entonces, la volatilidad respondió en buena medida a la retirada de la bonificación de 20 céntimos que el Gobierno había implantado como paliativo a los efectos de la guerra en Ucrania. En esta ocasión, la combinación de factores geopolíticos y cambios en los flujos de exportación marca la pauta.
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Conoce más →Fuentes de la Asociación de la Industria del Combustible de España (Aice) subrayan que los precios del gasóleo y la gasolina están influidos tanto por la cotización del crudo como por factores estructurales y coyunturales propios de los productos refinados. El consumo mundial de diésel supera al de gasolina, lo que genera una presión adicional sobre los márgenes cuando se producen disrupciones. La suspensión de ventas de productos refinados por parte de China ha retirado del mercado millones de litros diarios, intensificando el desequilibrio entre oferta y demanda.
En Galicia, el encarecimiento del gasóleo tiene una incidencia directa en el sector agropecuario y en el transporte por carretera. Agricultores y transportistas han alertado sobre la subida del gasóleo B por encima de algunas referencias clave, y colectivos agrarios han pedido la intervención de la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia para vigilar posibles distorsiones. Los costes de producción y de logística se trasladan con rapidez a los eslabones más sensibles de la cadena de suministro, con efectos sobre precios al consumidor y márgenes empresariales.
Más allá de la falta puntual de oferta, los analistas señalan que la estructura de la refinación y los márgenes industriales también inciden en las diferencias entre combustibles. Las refinerías adaptan su producción en función de la demanda y de la rentabilidad, y en momentos de tensión es habitual que el diésel acumule presiones mayores por su papel en el transporte pesado y en la industria. Además, la amenaza de interrupciones en el transporte marítimo —agravada por las declaraciones de actores en la región del Golfo— eleva las primas de riesgo y de seguro para el crudo y sus derivados.
En el ámbito político y regulatorio no hay soluciones inmediatas: el Gobierno dispone de instrumentos fiscales y de intervención en el mercado, pero su aplicación suele requerir consenso y tiempo. Las medidas temporales de descuento a surtidor, exenciones o ayudas al sector pueden aliviar la presión, aunque especialistas advierten que prolongar alivios fiscales sin abordar la oferta a medio plazo puede generar desequilibrios presupuestarios. Mientras tanto, la vigilancia sobre márgenes y prácticas comerciales corre a cargo de organismos como Competencia.
El horizonte más probable es de mayor volatilidad hasta que se clarifique la situación en Oriente Medio y se restablezcan los flujos exportadores desde Asia. Si China retoma las exportaciones refinadas o si la tensión en el estrecho de Ormuz disminuye, la presión sobre el diésel podría relajarse; de lo contrario, tanto transportistas como consumidores deberán asumir una factura energética más alta. En cualquier caso, el impacto ya se percibe en la economía real y obliga a sectores y administraciones a prepararse para escenarios de precios más elevados durante los próximos meses.
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