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El impacto de los antibióticos en el microbioma intestinal puede durar hasta ocho años

El impacto de los antibióticos en el microbioma intestinal puede durar hasta ocho años

Investigadores de la Universidad de Uppsala alertan de que el efecto de algunos antibióticos sobre la comunidad bacteriana del intestino puede perdurar hasta ocho años, según un estudio publicado el 11 de marzo de 2026 en Nature Medicine. El trabajo, que analiza datos de miles de suecos, relaciona el uso previo de estos fármacos con cambios sostenidos en la composición y diversidad del microbioma, lo que podría explicar el mayor riesgo de ciertas enfermedades. El estudio sugiere que incluso tratamientos únicos con determinados antibióticos dejan huella a largo plazo y plantea preguntas sobre cómo se deben prescribir estos medicamentos.

El equipo examinó las muestras intestinales de 14.979 residentes de Suecia y cruzó esa información con el registro nacional de dispensación de medicamentos, que incluye todos los antibióticos entregados en farmacias del país. Al comparar a personas que habían tomado distintos tipos de antibióticos en los ocho años previos con las que no los habían consumido, los autores hallaron asociaciones claras entre tratamientos anteriores y la estructura actual del microbioma. La solidez del registro sueco, con seguimiento exhaustivo de prescripciones, permitió a los científicos evaluar efectos a plazos que raramente se abordan en estudios similares.

Los análisis mostraron que el uso pasado de antibióticos se vincula con variaciones en la riqueza y la composición de especies bacterianas del intestino. Según los autores, estas alteraciones no se limitan a semanas o meses, sino que en algunos casos pueden apreciarse años después del tratamiento. En palabras de Gabriel Baldanzi, primer autor del estudio y exdoctorando en Uppsala, los datos indican que «un solo ciclo de ciertos antibióticos deja rastros» que todavía son detectables varios años después.

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No todos los antibióticos produjeron el mismo efecto: las asociaciones más consistentes y duraderas se observaron con clindamicina, fluoroquinolonas y flucloxacilina, mientras que la penicilina V, muy prescrita en la atención primaria sueca, se asoció con cambios menos pronunciados y de duración más corta. El hallazgo de un vínculo fuerte entre la flucloxacilina, un antibiótico de espectro relativamente estrecho, y alteraciones del microbioma sorprendió a los investigadores. Tove Fall, profesora de Epidemiología Molecular y responsable del proyecto, subraya que estos resultados requieren replicación en otras poblaciones antes de extraer conclusiones definitivas sobre causalidad.

Los autores recuerdan que los antibióticos siguen siendo imprescindibles para combatir infecciones graves, pero advierten contra su uso excesivo, que puede elevar el riesgo de problemas como la diabetes tipo 2 o infecciones gastrointestinales. La hipótesis es que los cambios inducidos en la microbiota intestinal actúan como mediadores de algunos de esos efectos adversos a largo plazo. En un contexto en el que la prescripción responsable ya es una prioridad en muchos países, este estudio aporta un nuevo argumento para conservar la eficacia de estos fármacos y minimizar daños colaterales.

El valor del trabajo radica tanto en su tamaño muestral como en la posibilidad de enlazar datos clínicos con registros farmacéuticos nacionales, algo relativamente raro fuera de los países nórdicos. Aun así, los investigadores reconocen limitaciones: se trata de análisis observacionales que no prueban causalidad y pueden verse afectados por factores de confusión, como condiciones de salud subyacentes que motivaron la prescripción. Por ello, insisten en la necesidad de ensayos y estudios complementarios en otros entornos geográficos para confirmar y matizar sus hallazgos.

Desde el punto de vista clínico, los resultados podrían influir en decisiones de prescripción cuando existen alternativas terapéuticas equivalentes en eficacia. Elegir un antibiótico con menor impacto sobre la microbiota cuando las opciones son comparables sería una medida preventiva razonable, sugieren los autores, aunque subrayan que la prioridad sigue siendo tratar adecuadamente las infecciones. Además, reclaman más investigación sobre estrategias que ayuden a restaurar el microbioma tras el tratamiento, incluyendo probióticos o intervenciones dietéticas.

En resumen, el estudio aporta evidencia de que los efectos de algunos antibióticos en la comunidad microbiana intestinal pueden persistir durante años, lo que abre un nuevo campo de debate sobre riesgos y beneficios en la prescripción. Los expertos consultados piden prudencia: no se trata de evitar tratamientos necesarios, sino de usarlos con mayor juicio y de seguir investigando para minimizar consecuencias a largo plazo. La investigación, publicada el 11 de marzo de 2026 en Nature Medicine, proviene de un contexto sueco con un riguroso control de dispensaciones que ha permitido detectar señales que ahora deben confirmarse fuera de ese marco.

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Redacción

Periodista de Galicia Universal.