El río Lérez, que atraviesa Pontevedra y que desde hace semanas mantiene la alerta por sequía en la ciudad, ha experimentado un descenso vertiginoso de su caudal: un 45,21% en apenas tres jornadas. El nivel medio pasó de los 2,274 metros cúbicos por segundo del sábado a los 1,246 registrados este martes. Todo ello, paradójicamente, después de que las lluvias de la última semana de agosto dieran cierto respiro a la cuenca.
Un bajón que llama la atención
La caída no ha pasado desapercibida en el gobierno local. El concejal de Infraestruturas vinculó este comportamiento anómalo del río a una posible captación de agua por parte de la factoría papelera en la presa de Bora, situada aguas arriba. Su diagnóstico fue contundente: un descenso «absolutamente espectacular», en sus palabras, demasiado brusco como para atribuirlo solo a la evolución natural de la sequía. La cifra, por sí sola, inquieta.
No es un dato menor. Que un río pierda cerca de la mitad de su flujo en setenta y dos horas, precisamente cuando las precipitaciones habían empezado a suavizar la situación, plantea preguntas que el consistorio quiere ver respondidas.
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Conoce más →La empresa lo niega
La compañía papelera rechaza frontalmente las acusaciones. Según su versión, mantiene escrupulosamente las medidas que anunció el pasado 6 de agosto, cuando comunicó que dejaba de consumir temporalmente agua del Lérez. Su actividad en la fábrica de Lourizán, explica la empresa, se mantiene únicamente mediante soluciones alternativas: recuperar y recircular una parte importante del efluente procedente de la depuradora de Os Praceres.
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Ver planes de email →Conviene recordar el contexto. La situación de alerta por sequía llevó al ayuntamiento a tomar medidas inusualmente restrictivas para una ciudad gallega: prohibiciones sobre el llenado de piscinas, el lavado de coches y otros usos de agua potable considerados superfluos. Que Pontevedra, tierra de lluvia por definición, llegue a decretar este tipo de restricciones dice mucho de la magnitud del episodio.
Un río bajo vigilancia
El Lérez sigue, pese a todo, en situación de alerta. Las lluvias de finales de agosto solo aportaron un alivio parcial y pasajero, y los datos de estos días confirman que la recuperación de la cuenca es, cuando menos, frágil. La evolución de los próximos días será determinante para decidir si las restricciones se mantienen, se endurecen o se levantan.
De fondo, queda abierta una discusión que trasciende lo hidrológico: la convivencia entre una industria intensiva en consumo de agua y un río que abastece a una capital de provincia. Mientras el concejo y la empresa sostienen versiones opuestas sobre qué está drenando el caudal, los datos del aforo seguirán hablando por sí solos. Y si las cifras continúan por esta senda, la polémica apenas ha hecho más que empezar. ¿Cuánta agua queda realmente en el Lérez, y quién responde por ella?
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