En Valencia, el 13 de marzo de 2026, responsables de la cooperativa Consum y expertos de la consultora Deloitte y la patronal Aecoc presentaron en el XIII Encuentro #DecirHaciendo un mapa de la transformación del supermercado, en el que la inteligencia artificial y las ventas por internet juegan un papel central. Según los ponentes, el avance del comercio ‘online’ y la digitalización obligan a reinventar tanto la experiencia de compra física como las herramientas que la acompañan. Entre las propuestas más llamativas aparecen los carritos inteligentes: dispositivos con pantallas, sensores y sistemas de reconocimiento que anticipan necesidades y facilitan el pago. El objetivo declarado es ahorrar tiempo al cliente y personalizar la oferta combinando datos y proximidad.
Los carros de nueva generación incorporan pantallas táctiles que, en tiempo real, pueden sugerir productos, promociones o recetas ajustadas al historial de compras y búsquedas previas vinculadas a una tarjeta de fidelidad. En paralelo integran cámaras, sensores y básculas capaces de identificar automáticamente los artículos al depositarlos, mostrar su precio individual y el total acumulado en la pantalla, y permitir el pago directo desde el propio carro, evitando pasar por una caja tradicional. Estas soluciones, explicaron los ponentes, buscan unir la conveniencia de la compra en línea con la inmediatez del establecimiento físico.
Para la responsable de Transformación Digital de Consum, Nuria Enríquez, la apuesta tecnológica debe estar orientada a las personas y a su día a día, no al revés. Enríquez señaló que la cooperativa trabaja ya en prototipos del supermercado del futuro donde la tecnología simplifica tareas cotidianas y ofrece servicios personalizados relacionados con salud, nutrición y hábitos de vida. Su diagnóstico es claro: el gran reto no es solo surtir estanterías, sino acompañar al cliente desde la cercanía y con recomendaciones adaptadas.
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Conoce más →En el debate surgió con fuerza el papel de los datos como motor de esa adaptación: conocer mejor a los compradores permite afinar ofertas y diseñar experiencias que respondan a necesidades concretas. Consum, dijeron, maneja grandes volúmenes de información para perfilar la experiencia, pero también plantea su uso para construir servicios que vayan más allá de la transacción, como sugerencias de menú o alertas nutricionales. La integración entre tienda física y canales digitales —modelo omnicanal— aparece como condición para que esas propuestas resulten coherentes y eficaces.
Representantes de Deloitte y Aecoc añadieron que la aceleración del comercio electrónico ha cambiado el ritmo del sector y obliga a las tiendas tradicionales a convertirse en espacios atractivos y distintivos. No se trata solo de implantar tecnología, subrayaron, sino de rediseñar la tienda para ofrecer experiencias inmersivas capaces de fidelizar a un consumidor cada vez más exigente y diverso. Esa metamorfosis implica pensar en servicios, no solo en productos, y en cómo la tecnología puede facilitar la relación entre cliente y establecimiento.
El despliegue de estas soluciones tendrá además efectos laborales y organizativos. Por un lado, la automatización de procesos puede mejorar la eficiencia y reducir tareas repetitivas; por otro, exigirá formación y nuevos perfiles profesionales dentro de las tiendas para gestionar sistemas digitales y ofrecer atención personalizada. Los ponentes admitieron que el sector deberá acompañar a su plantilla en esa transición para que la tecnología sea un complemento que potencie el trabajo humano en lugar de sustituirlo indiscriminadamente.
La propuesta despierta, lógicamente, inquietudes sobre privacidad y protección de datos. El uso de cámaras, sensores y el cruce de información asociada a tarjetas de fidelidad obliga a cumplir con el marco legal —como el RGPD— y a garantizar transparencia y consentimiento por parte de los consumidores. En el encuentro se insistió en que la confianza será un factor determinante para la aceptación de estos desarrollos: sin garantías claras, la sofisticación tecnológica puede chocar con la reticencia de los clientes.
Consum afirmó que ya trabaja en la construcción de modelos y pruebas piloto, aunque no se concretó un calendario de implantación masiva. A juicio de los expertos, algunas funciones, como el reconocimiento automático de productos o el pago en el carro, ya han sido testadas en distintos mercados y pueden proliferar en los próximos años si los ensayos demuestran mejora en la experiencia y rentabilidad para las empresas. La velocidad de adopción, añadieron, dependerá tanto de la respuesta regulatoria como de la percepción de utilidad por parte del público.
La conclusión común del encuentro fue que la transformación del supermercado es inevitable y que la combinación de tienda física y tecnología puede convertirse en una ventaja competitiva. No obstante, la profundidad del cambio estará determinada por la capacidad del sector para equilibrar innovación, respeto a la privacidad y mantenimiento del vínculo humano con el cliente. En ese escenario, el carro que «sabe» lo que necesitas es solo uno de los elementos de una revolución mayor en la forma de comprar y en el papel que deben jugar las tiendas en la vida cotidiana.
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