Cuando comienza la temporada alta este fin de semana, los tres aeródromos gallegos afrontan un verano con aún menos conexiones. La retirada de 20 rutas para la programación estival amplía una crisis que el año pasado ya se cobró la pérdida de 13 enlaces y casi 300.000 plazas. La cifra no es solo estadística: se traduce en pasajeros que perderán accesos directos, en nichos turísticos más difíciles de explotar y en alcaldías y patronales que volverán a reclamar medidas urgentes.
Cómo han desaparecido los vuelos y qué significan
Los aeropuertos de Alvedro (A Coruña), Lavacolla (Santiago) y Peinador (Vigo) presentan este verano una oferta más reducida que la del año anterior. No se trata únicamente de frecuencias; en muchos casos las compañías han decidido no repetir rutas iniciadas en años previos o han concentrado sus operaciones en otros hubs. El resultado: menos destinos directos y, con ello, viajes más largos y costosos para los usuarios gallegos.
El fenómeno tiene varias aristas. Por un lado, la consolidación de algunas aerolíneas tras la crisis de costos y la subida del precio del combustible ha llevado a priorizar rutas con mayores márgenes. Por otro, la competencia regional —en especial el tirón del aeropuerto de Oporto y su red de conexiones— sigue entrando en juego, sobre todo para viajeros del sur de Galicia que encuentran alternativas cercanas y, a menudo, más económicas.
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Conoce más →Además, la estacionalidad pesa: muchas rutas que funcionaban solo en verano o en periodos puntuales han dejado de ser rentables en un contexto de costos crecientes. A ello se suma la proliferación de vuelos chárter, cuyo aumento es un indicio de demanda puntual pero que no sustituye la red regular esencial para negocios y viajes interconectados. A falta de confirmación oficial sobre la lista completa de cancelaciones, fuentes del sector consultadas por este periódico confirman que la pérdida de conexiones afectará tanto a destinos europeos como a algunos enlaces nacionales clave.
Demanda latente: el vuelo a Nueva York y el auge de los chárteres
Un dato que resulta paradójico frente al recorte de rutas es la aparición de iniciativas que parecen apostar por Galicia como punto de destino de largo recorrido. El proyecto de un vuelo a Nueva York y el aumento de chárteres que cubren demandas puntuales demuestran que hay potencial de viajeros interesados en volar desde y hacia Galicia. No obstante, fuentes del sector advierten que la demanda detectada por chárter es, por definición, poco fiable desde la perspectiva de una aerolínea que busca regularidad y rentabilidad.
En los últimos meses, operadores turísticos y promotores locales han conseguido traer grupos y paquetes que llenan aviones en determinados periodos, sobre todo vinculados a congresos, eventos deportivos y turismo de sol y playa. Esto ha animado a algunos destinos a plantear rutas de largo radio, pero la realidad económica de las compañías impide dar continuidad a operaciones susceptibles de funcionar solo una parte del año.
«Hay demanda, pero no siempre se traduce en una ruta regular sostenible; el chárter funciona en picos, una aerolínea necesita continuidad», señalan responsables del sector.
El contraste entre la posibilidad de atraer un vuelo intercontinental y la simultánea desaparición de conexiones regionales es una llamada de atención: Galicia puede exportar y recibir turistas de alto valor, pero necesita una oferta estable y previsibilidad para que el sector productivo —desde agencias hasta hoteles y restaurantes— planifique con garantías.
Antecedentes y responsabilidades: quién tiene la llave
La crisis aeroportuaria gallega no surge de la nada. Hace una década la región vivió un periodo de expansión de rutas impulsado por las low cost y por la recuperación tras la crisis financiera. Poco a poco, sin embargo, la reordenación del mapa aéreo español y europeo ha ido dejando a Galicia con menos alternativas. AENA, como gestor aeroportuario, mantiene atribuciones sobre slots y servicios, pero las decisiones comerciales dependen de las compañías. La Xunta y los ayuntamientos intentan jugar su papel mediante planes de promoción y fondos para incentivar rutas, sin que hasta ahora esas medidas hayan revertido la tendencia.
En el plano local hay agravantes que se repiten: la falta de una estrategia conjunta y sostenida para posicionar a los tres aeropuertos como una red complementaria, la dispersión de esfuerzos promocionales y la competencia por captar la misma ruta entre las terminales gallegas. Además, la mejora de conexiones ferroviarias, como la plataforma de alta velocidad proyectada para ciertos corredores, introduce una variable que algunas aerolíneas valoran a la hora de decidir si invertir en una base o no.
Los sectores económico y turístico piden instrumentos más ambiciosos: acuerdos bilaterales con aerolíneas, fondos públicos temporales para garantizar la viabilidad de nuevas rutas y una estrategia de mercado exterior que muestre la demanda efectiva hacia Galicia. En otros puntos de Europa, modelos de «route development» han logrado atraer vuelos mediante bonificaciones y promoción conjunta entre aeropuerto, administración y turoperadores. Aquí ese tipo de políticas han sido muy puntuales y, según varios agentes consultados, insuficientes.
Repercusiones y pasos a seguir
Menos vuelos en verano implica impactos inmediatos: menos turistas internacionales directos, dificultades para congresos que requieren conexiones rápidas y un freno potencial al crecimiento de segmentos como el turismo deportivo y el MICE (reuniones, incentivos, congresos y exposiciones). A medio plazo también puede afectar la percepción de la región como destino accesible y, por tanto, su competitividad frente a comunidades vecinas.
Las próximas semanas serán clave. La Xunta prepara reuniones con AENA y con compañías para explorar medidas de incentivo, mientras que autoridades municipales y empresarios turísticos buscan alianzas con turoperadores. Entre las opciones sobre la mesa figura la negociación de paquetes de promoción conjunta y la utilización de los chárteres como puerta de entrada para testar rutas regulares.
La solución no será rápida ni sencilla. Mantener la red de conexiones exige política, recursos y tiempo; también coherencia entre administraciones. Galicia tiene argumentos —paisaje, patrimonio, peregrinaciones a Santiago, gastronomía y mercados emisores potenciales— pero convertirlos en vuelos regulares requiere que todos los actores se alineen en una estrategia a medio plazo. Para los pasajeros y para el tejido productivo, la cuenta atrás para el verano ya ha comenzado y las consecuencias de otra temporada con menos rutas se notarán en los mostradores y en las carreteras de llegada a los aeropuertos.
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