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En el MARCO de Vigo, mujeres privadas de libertad y alumnas migrantes comparten experiencias para romper estereotipos

Vigo — El Museo MARCO acogió este martes una jornada que iluminó dos realidades que rara vez se cruzan en la agenda pública: la de las mujeres que cursan estudios desde el Centro Penitenciario de A Lama y la de las alumnas migrantes del Centro de Educación de Personas Adultas Berbés. Bajo el título «O reto de ser muller aquí», el coloquio puso en primer plano cuestiones sobre educación, estigma y redes de apoyo que sostienen a quienes enfrentan el doble lastre de la desigualdad de género y la exclusión social.

Un coloquio que acercó dos realidades

La iniciativa reunió a alumnado y profesorado de la EPAPU Nelson Mandela -la escuela en prisión del módulo femenino- y de la EPA Berbés, acompañados por responsables educativas y público general. Entre las voces que moderaron y acompañaron el encuentro estuvieron Marta García, jefa de estudios de la EPAPU, y la docente Carme Adán, de la EPA Berbés. Su presencia subrayó la intención del encuentro: convertir la educación en un puente para la comprensión mutua.

Durante el debate, muchas de las preguntas del público —en su mayoría estudiantes adultos y asistentes vinculados al tejido social de Vigo— revelaron un desconocimiento extendido sobre la realidad penitenciaria femenina. “No sabíamos que el número de reclusas era tan pequeño”, comentó una participante, sorprendida al descubrir que la presencia femenina en las cárceles está lejos de ser mayoritaria. Fue una constatación que abrió la puerta a desmontar mitos y prejuicios, especialmente en torno a la procedencia y las circunstancias de las internas.

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La profesora Carme Adán destacó la singularidad de la experiencia para sus alumnas migrantes: muchas de ellas afrontan trámites administrativos complejos y la percepción social de que su destino será el empleo doméstico. Ver y oír a mujeres que estudian desde prisión, desarrollando proyectos de futuro, resultó transformador para el alumnado del Berbés. “Ha sido una experiencia positiva porque permite ver que la educación es un hilo común y que hay múltiples caminos hacia la inserción social”, explicó.

La prisión como espejo: la minoría femenina y la dificultad añadida

Que la mujer sea minoría en el ámbito penitenciario no es un detalle anecdótico. Según datos generales del sistema penitenciario español, las mujeres representan menos del 10% de la población reclusa, un desequilibrio que condiciona recursos, programas y visibilidad. Para Marta García ese desequilibrio convierte la lucha por la igualdad en algo “más duro” detrás de los muros; no solo por la privación de libertad, sino porque las políticas y servicios suelen orientarse a una mayoría masculina que no siempre atiende necesidades específicas de género.

García recordó además la trayectoria del programa conjunto con el MARCO, que ya cumple cuatro años de colaboración a través de la llamada biblioteca humana y otras actividades públicas donde las personas privadas de libertad cuentan su experiencia en primera persona. Estas acciones buscan desactivar prejuicios mostrando vidas que la sociedad tiende a simplificar. En Vigo, donde la migración y la industria han marcado el paisaje social y laboral en las últimas décadas, el encuentro permitió leer la realidad penitenciaria a la luz de otras historias de movilidad y trabajo.

Otro asunto recurrente fue la situación de las mujeres migrantes privadas de libertad: muchas llegan sin documentación, con barreras para matricularse en programas formativos y con una estigmatización añadida por discursos de odio que circulan en la esfera pública. En Galicia, donde la llegada de población extranjera se focaliza en áreas urbanas como Vigo y en sectores de servicios, la invisibilidad de esas trayectorias y la precariedad laboral las colocan en una posición de especial vulnerabilidad tanto dentro como fuera de las prisiones.

De la escucha al cambio: educación, apoyos y pasos pendientes

El coloquio no se quedó en la exposición de problemas; también recuperó propuestas concretas. La continuidad educativa después del cumplimiento de la pena fue uno de los ejes: cuando una persona sale, necesita no solo certificados sino acompañamiento que vaya más allá del mero trámite administrativo. En este sentido, la coordinación entre instituciones educativas, ONGs y servicios sociales aparece como una pieza clave. La colaboración entre la EPAPU y la EPA Berbés es un ejemplo modesto pero con potencial replicable en otros municipios gallegos.

Además, las participantes señalaron la necesidad de facilitar el acceso de mujeres migrantes a plazas formativas y reconocer la validez de los estudios que cursan en prisión. Una apuesta por la formación profesional vinculada a empleos administrativos o de gestión puede contribuir a romper el estereotipo del trabajo reproductivo femenino que persiste en muchos sectores de la economía local.

El impacto del encuentro se palpó en la sala: confianza, preguntas y un cambio de perspectiva que, aunque limitado a unas horas, puede incubar transformaciones más duraderas. Como subrayó una docente del Berbés, el contacto directo con otras realidades genera empatía y reduce la distancia que los medios y las redes sociales suelen aumentar. Ese acercamiento, práctico y humano, es el primer paso para políticas públicas más sensibles y para una ciudadanía menos proclive a los tópicos.

La jornada en el MARCO vino a recordar que la igualdad no se conquista en un solo escenario: es necesario transitarla en las aulas, pero también en los tribunales, en los centros de empleo y, como se mostró en Vigo, dentro de los centros penitenciarios. Queda mucho por hacer: reglamentos que garanticen la continuidad educativa, programas específicos para mujeres y migrantes, y más espacios donde la palabra de quienes han vivido la privación de libertad pueda afrontar el imaginario colectivo. Si algo dejó claro la tarde en el museo es que escuchar historias verdaderas —no relatos prestablecidos— cambia las ciudades, paso a paso, muros incluidos.

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Carmen Dorado

Periodista especializada en cultura y sociedad gallega. Colaboradora habitual en medios digitales del noroeste peninsular.

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