La Xunta, a través del Centro de Investigaciones Agrarias de Mabegondo, va a poner en marcha un sistema de medición en vivo del metano producido por el ganado para estudiar con detalle la contribución de las vacas al calentamiento global. El equipo, financiado por la Unión Europea y el Ministerio de Agricultura dentro del proyecto europeo AgriFoodTEF, permitirá controlar la ración de los animales y correlacionarla con la producción gaseosa, una necesidad que desde hace años reclama el sector lácteo gallego.
Qué se va a medir y cómo: un laboratorio en el establo
La licitación del aparejo —valorado en 181.500 euros con IVA— se acaba de publicar y el dispositivo se instalará en uno de los establos experimentales del centro de Mabegondo. Allí, las instalaciones ya están diseñadas para ensayos controlados, de modo que será posible variar la dieta, el manejo y otras variables para ver su efecto sobre las emisiones.
Según ha explicado a este diario el responsable del área de formación e innovación agraria, Manuel Luaces, el objetivo no es solo medir, sino servir de banco de pruebas para validar tecnologías de robótica e inteligencia artificial destinadas a mejorar la eficiencia ganadera. Los datos que genere el equipo se utilizarán para calibrar sensores, probar algoritmos y poner a disposición del ecosistema agrario conjuntos de datos que permitan reducir errores en las mediciones.
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Conoce más →«Podremos controlar la ración que se está suministrando a las vacas y correlacionar con la producción de gases», afirma Manuel Luaces, que subraya el interés tanto del sector como de la Administración por disponer de cifras fiables.
El proyecto forma parte de una red europea de centros de ensayo y experimentación que cuenta con un presupuesto global de 60 millones de euros y reúne a nueve países —entre ellos Italia, Alemania y Francia—. Galicia participa desde 2023 en el nodo español a través de un consorcio que integran la Axencia Galega de Calidade Alimentaria y Gradiant, lo que facilita que las soluciones validadas aquí puedan luego probarse a escala comercial.
Un problema concreto: la fermentación entérica y su impacto
El metano originado en la digestión de los rumiantes proviene de la denominada fermentación entérica, que tiene lugar en el rumen. Cuando los animales ingieren forrajes y otros alimentos, la descomposición por la microbiota ruminal genera metano que los animales expulsan mayoritariamente al eructar. Cabe recordar que, según los datos con los que trabaja la Administración, el 95% del metano entérico sale por los eructos y apenas un 5% por las flatulencias.
En términos prácticos, una vaca lechera gallega puede emitir cada día metano equivalente a 8 kilos de CO2, una cantidad que los técnicos comparan con alrededor de dos tercios de las emisiones diarias de un turismo medio. A escala regional, la digestión del ganado representa más de la mitad de las emisiones del sector agroganadero y cerca del 7% del total de gases de efecto invernadero (GEI) de Galicia. El metano, además, es responsable aproximadamente del 20% del calentamiento global ligado a actividades humanas.
Estos números explican la creciente atención hacia soluciones que reduzcan la fermentación y, con ello, las emisiones, al tiempo que mejoren la productividad. En los últimos años han proliferado propuestas que van desde cambios en la alimentación hasta aditivos naturales o sintéticos, manejo del estiércol e incluso programas de selección genética. La ventaja de los ensayos en Mabegondo es que permitirán comparar de forma objetiva alternativas y cuantificar su eficacia.
Repercusiones para el sector y pasos siguientes
Disponer de mediciones precisas abre varias vías. Por una parte, permitirá a las empresas tecnológicas —startups de robótica, fabricantes de sensores o equipos de telemetría— calibrar sus dispositivos con datos reales y reducir la incertidumbre técnica. Por otra, ofrece a las granjas herramientas para optimizar la ración, mejorar la conversión alimenticia y, potencialmente, acceder a incentivos relacionados con la reducción de emisiones o a nichos de mercado que valoren productos de menor huella climática.
No obstante, existen desafíos que no conviene subestimar. Traducir un ensayo controlado a miles de explotaciones dispares implica costes, formación y voluntad de los ganaderos. Según fuentes cercanas al sector, la aceptación dependerá de que las soluciones demuestren rentabilidad a corto o medio plazo, algo que la industria y la Administración llevan tiempo reclamando tras episodios recientes que han tensionado la economía del vacuno, como las crisis sanitarias que han encarecido seguros y provocado indemnizaciones millonarias.
Además, la gestión de los datos suscitara debates sobre propiedad, acceso y uso. La filosofía del consorcio europeo contempla la disponibilidad de datos para testeo, pero los agricultores querrán garantías de que la información sobre sus explotaciones no será utilizada en su contra ni difundida sin control. La transparencia en estos procesos y la implicación desde el primer momento de las cooperativas y asociaciones agrarias serán determinantes.
En el calendario, el dispositivo llegará al establo tras la adjudicación de la licitación y los ensayos se prolongarán hasta finales del próximo año, cuando concluye la convocatoria del proyecto europeo. A partir de ahí, el reto será escalar los hallazgos: diseñar protocolos de actuación, replicar resultados en diferentes razas y sistemas de manejo y, finalmente, incorporar la tecnología a la rutina de las granjas gallegas.
Más allá de la reducción de emisiones, lo que está en juego es la capacidad del sector lácteo gallego para conjugar tradición y modernidad. Galicia figura entre las diez primeras regiones europeas productoras de leche; las vaquerías salpican municipios como Silleda, A Estrada o Lalín y sostienen economías rurales enteras. Si los ensayos de Mabegondo consiguen identificar prácticas que abatan metano sin penalizar producción, el impacto socioeconómico será notable.
La instalación de este equipo marca, en definitiva, el paso de la curiosidad científica a la experimentación aplicada. Es una apuesta por medir para poder gestionar, pero también una prueba de que la innovación —desde la robótica hasta la inteligencia artificial— puede encontrar en los establos gallegos un campo de pruebas con vocación de transferencia real. A falta de confirmación oficial sobre la adjudicación, la siguiente mirada estará puesta en los primeros datos y en la reacción de un sector que espera respuestas prácticas más que discursos.
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