sábado, 21 de marzo de 2026 | Galicia, España
ÚLTIMA HORA Galicia cría más perros que niños: dos canes por cada menor inscrito
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Galicia tiene el doble de perros que de menores: el mapa de una comunidad que envejece y se hace más animal

Galicia supera ya las 833.658 mascotas inscritas en el Regiac, el rexistro galego de identificación de animais de compañía, y cerca del 90% de ese censo son perros. El resultado es llamativo: por cada persona menor de edad en la comunidad —que rondan las 365.000— hay algo más de dos perros registrados. Los datos, actualizados este marzo, dibujan una realidad social y administrativa que mezcla la aplicación de la ley, cambios demográficos y un negocio creciente alrededor de los animales de compañía.

Un registro que desvela lo que había bajo la alfombra

Los números de ahora no salen de la nada. La entrada en vigor de la Lei de benestar animal en 2018 empujó a miles de propietarios a sacar del anonimato a sus mascotas, y desde entonces las inscripciones en el registro han crecido un 78%. La Consellería de Medio Ambiente eleva a 833.658 el total de animales anotados en el Regiac, un censo donde, además de los canes, figuran gatos, hurones y aves rapaces. Desde el pasado agosto la media de altas mensuales supera el millar, lo que confirma que el proceso de identificación y el impulso administrativo no han sido flor de un día.

Si se aplica el porcentaje aproximado —un 90% de perros sobre el total—, Galicia cuenta hoy con alrededor de tres cuartos de millón de perros registrados. Esa cifra convierte a los canes en actores visibles de la vida urbana y también rural: en ciudades como Vigo o A Coruña los parques caninos y las tiendas especializadas forman parte ya del mobiliario social, mientras en el interior mantienen su papel histórico en los núcleos agrarios.

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No todo son buenas noticias en la contabilidad del registro. Entre los 833.658 animales se incluyen 20.606 perros potencialmente peligrosos, una cifra que, sin embargo, ha descendido respecto a los 21.641 contabilizados hace dos años. La Xunta insiste en la obligatoriedad de identificar y registrar a todos los perros sin excepción, y la normativa estatal ha ampliado esa obligación ahora también a gatos, hurones y determinadas aves. Algunas de las exigencias previstas por el legislador estatal, como la obligatoriedad de realizar un curso formativo para tener mascotas, siguen pendientes de desarrollo reglamentario.

Demografía, soledad y nuevas formas de compañía

Que haya más perros que niños no es un fenómeno aislado de Galicia; sin embargo, adquiere un matiz propio sobre el tapiz demográfico de la comunidad. Galicia es una de las autonomías más envejecidas de España, con tasas de natalidad bajas y un saldo migratorio que durante décadas ha vaciado pueblos y rejuvenecido apenas las capitales. En ese escenario, las mascotas ocupan espacios afectivos que antes correspondían a la familia extensa: sustituyen compañía en hogares monoparentales o unipersonales y son puente emocional para muchas personas mayores que permanecen en su pueblo.

También pesa la estructura de la vivienda y del trabajo: más personas viven solas o trabajan desde casa, lo que facilita la convivencia con animales. La presencia de perros, además, está relacionada con un nuevo mercado de servicios locales —adiestradores, guarderías caninas, clínicas y peluquerías— que ha ido profesionalizándose. No es gratis: mantener un animal implica gasto recurrente en alimentación, veterinarios y cuidados, y esa economía doméstica convive ahora con la de una Galicia que lucha por atraer población joven y frenar la despoblación en áreas rurales.

Control, sanciones y retos administrativos

La expansión del registro ha traído también obligaciones y procedimientos. La identificación por chip y la inscripción en el registro autonómico son ya norma, y la infracción más repetida sigue siendo no identificar a los animales, una falta que tiene carácter grave. La Xunta tramita expedientes por diversas transgresiones; el año pasado registró un expediente considerado muy grave y decretó prohibiciones de tenencia en varios casos, algunas por periodos de hasta cinco años. La legislación contempla sanciones que pueden alcanzar los 30.000 euros en supuestos extremos.

Desde el punto de vista operativo, el crecimiento del censo obliga a ayuntamientos y a la propia Consellería a reforzar controles, campañas de vacunación y planes de tenencia responsable. Las protectoras y perreras también se ven afectadas: más perros registrados no siempre equivale a menos animales en las calles o en centros de acogida, porque el fenómeno del abandono persiste y las adopciones no siempre cubren la demanda. A esto se suma la esperanza de los gestores públicos de que las nuevas obligaciones —como los cursos para propietarios— mejoren la convivencia y reduzcan riesgos.

En la esfera política, la gestión del fenómeno de las mascotas se ha convertido en un tema transversal: afecta a seguridad ciudadana, a salud pública y al turismo rural. Algunos concellos han apostado por ampliar zonas de esparcimiento canino y promover campañas de esterilización para controlar camadas no deseadas. En paralelo, el tejido empresarial local ha visto oportunidades: desde clínicas móviles que recorren ayuntamientos hasta escuelas de adiestramiento que ofrecen bonos municipales.

Que los perros doblen a los niños en Galicia no es tanto una curiosidad numérica como un síntoma. Expresa, de una parte, el éxito administrativo de sacar a la luz un parque móvil de animales que existía sin control; de otra, la transformación de la sociedad gallega: envejecida, con hogares más pequeños y necesidades afectivas distintas. La pregunta ahora es si las instituciones y los municipios están preparados para gestionar ese auge de forma equilibrada: garantizando bienestar animal, seguridad ciudadana y sostenibilidad económica.

En las próximas semanas la atención pública se centrará en cómo se desarrollan las normas estatales pendientes —el temido y esperado curso para propietarios figura entre ellas— y en si la capacidad de las administraciones para inspeccionar, sancionar y acompañar alcanza a un parque que no deja de crecer. Mientras tanto, en plazas y senderos de Galicia, es fácil ver a la mañana temprano a alguien paseando a un perro, idéntico reflejo de una comunidad que ha cambiado y que busca, en muchos casos, cariño en cuatro patas.

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Sofía Martínez

Periodista gallega especializada en información local y política. Licenciada en Periodismo por la USC. Redactora jefe de Galicia Universal.

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