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Un grupo de facultativos mantiene desde la pasada noche un encierro en el vestíbulo del nuevo Centro Integral de Salud Olimpia Valencia de Vigo para exigir medidas concretas que alivien la presión sobre la Atención Primaria. La protesta, que arrancó el lunes 17 de marzo, agrupa a profesionales llegados de distintas áreas de Galicia y pretende forzar una negociación directa con la Consellería de Sanidade tras meses de reivindicaciones sin respuesta aparente.

El encierro y las demandas inmediatas

La mañana comenzó con el peculiar contrapunto de una alerta de evacuación por megafonía en el centro, que no interrumpió el campamento improvisado. Los médicos, con colchones hinchables y sacos de dormir en el vestíbulo, corean una consigna que resume la determinación del colectivo:

«De aquí no nos vamos hasta que se sienten con intención negociadora»

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. A la espera de que esa mesa exista, los portavoces aseguran que hay en reserva cerca de 700 compañeros dispuestos a sumarse a la iniciativa.

En el cruce entre la indignación y la urgencia clínica se colocan las cifras que explican la protesta. Una médica de servicios mínimos en la céntrica Calle Cuba tenía, según los concentrados, 83 pacientes citados en una sola jornada; otro facultativo recuerda haber llegado a ver hasta 90 pacientes en un día en Porriño durante un verano en mínimos de plantilla. Esos episodios, denuncian, son síntoma de una gestión de agendas que obliga a priorizar urgencias sobre la continuidad asistencial y alarga las jornadas más allá del horario previsto.

Las peticiones son claras y concretas: limitación de cupos a 30 pacientes por turno para garantizar al menos diez minutos por consulta, cobertura de todos los cupos con médicos asignados y criterios que eviten las llamadas «citas forzadas» que llenan las agendas por la presión administrativa. «No pedimos más dinero para nosotros, pedimos tiempo para atender bien», repiten los manifestantes, que ayer registraron formalmente sus reivindicaciones ante la Xunta.

Antecedentes y por qué la protesta ha prendido en Vigo

La movilización no surge en el vacío. En los últimos años la Atención Primaria gallega ha encadenado episodios de sobrecarga, cierres de cupos y dificultades para retener jóvenes facultativos que completan la residencia (MIR). Según los médicos concentrados, parte del problema es la precariedad funcional: médicos que cubren varios cupos a la vez, jornadas partidas y contratos que no proporcionan continuidad. El argumento médico se mezcla con el empuje humano: como apunta el doctor Martín Menéndez, de Val Miñor, la sobrecarga «genera burn-out y acabamos con psicofármacos».

La apertura del Olimpia Valencia, que pretendía ser un hito en la reorganización de la atención en Vigo, coincidió con una convocatoria de la Consellería que los médicos interpretaron como poco ambiciosa. Denuncian que la reunión fue corta y cerrada —celebrada el mismo día de la inauguración del centro— y que no fructificó en compromisos medibles. La figura del conselleiro, Antonio Gómez Caamaño, aparece en el discurso del colectivo como interlocutor esperado y, por ahora, ausente: los profesionales critican la negativa a sentarse a negociar personalmente.

También hay relatos personales que añaden dramatismo: la doctora Luz Abal, de Lavadores, confiesa que llegó a plantearse abandonar la medicina; el doctor Gabriel Camacho recuerda una baja por sobrecarga nada más terminar la especialidad. Historias como estas explican por qué la palabra «marcha atrás» no está en el vocabulario de muchos de los que ocupan hoy el vestíbulo del centro.

Impacto sobre la población y posibles escenarios

Para los usuarios, la acumulación de citas forzadas significa listas de espera improvisadas, consultas comprimidas y dudas sobre a quién dirigirse fuera del horario habitual. ¿Qué ocurre a las nueve de la noche si aún quedan pacientes por ver? «Nadie nos dice qué hacer cuando se acaba el horario laboral y aún hay pacientes sin ver», resume una médica presente. En la práctica, algunos se quedan horas extras —como el doctor Artur De Matos, que ha llegado a permanecer hasta las once de la noche— o derivan parte de la atención a los Puntos de Atención Continuada, con la mera improvisación como consigna.

La protesta de Vigo ya está generando ecos: fuentes internas del movimiento avanzan que se estudian acciones similares en otras áreas sanitarias de Galicia si no se produce una respuesta eficaz. Los médicos insisten en que no buscan confrontación, sino reglas de juego estables: agendas razonables, cupos cubiertos y protección de la continuidad asistencial, un valor que, subrayan, tiene impacto directo en la mortalidad y en la salud poblacional.

En el plano político, la cuestión tocará a la Xunta. La Consellería de Sanidade ha defendido su disposición al diálogo y ha pedido al sindicato O’Mega que concrete sus reclamaciones, según el comunicado oficial. Los médicos replican que esos documentos ya se presentaron y que la espera de respuestas les empuja a escenificar el conflicto para poner en el centro del debate público la situación real de la primaria.

El desenlace está abierto. Si la experiencia reciente en Galicia sirve de guía, la negociación tendrá que traducirse en medidas tangibles —plantillas, horarios, incentivos para la continuidad— y en calendarios verificables. Mientras tanto, el vestíbulo del Olimpia Valencia es un recordatorio físico de que la sanidad de cercanía, la que se celebra en la consulta de barrio y no en los grandes hospitales, reclama atención urgente.

La protesta seguirá, al menos hasta que haya una propuesta con voluntad de cambio, y en Vigo nadie olvida que la Atención Primaria es la puerta de entrada del sistema. Cerrar esa puerta por agotamiento no solo afecta a los médicos, advierten: afecta al tejido social de barrios como Coia, Lavadores o Calle Cuba, donde la salud comunitaria lleva tiempo pidiendo auxilio.

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M

Miguel Ángel Vázquez

Redactor especializado en economía y empresas. Cubre la actualidad económica de Galicia y España para Galicia Universal.