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Alberto Suárez, técnico lucense del Celta juvenil A, afronta la Final a Cuatro en el Anxo Carro tras aprender con Quique Setién

Alberto Suárez, técnico lucense del Celta juvenil A, afronta la Final a Cuatro en el Anxo Carro tras aprender con Quique

Alberto Suárez, entrenador lucense del Celta juvenil A, afronta desde hoy la Final a Cuatro de la Copa del Rey en el Anxo Carro, el estadio donde se formó como jugador, con la ambición de conquistar su primer título como técnico y la certeza de que su paso por el CD Lugo y el trabajo junto a Quique Setién marcaron su vocación por dirigir. El torneo, que se celebra en Lugo el 11 de marzo de 2026, confronta a la promesa de la cantera céltica con su pasado y pone en juego la proyección de futbolistas que aspiran a dar el salto al fútbol profesional. Suárez, nacido en 1993 en Lugo, es hoy la cabeza visible de lo que desde A Madroa consideran la “joya de la corona” del club vigués.

Como responsable del juvenil A, Suárez ha construido un proyecto que combina resultados y formación, y que ha llevado al equipo a brillar en su categoría nacional. La presencia en la Final a Cuatro refuerza la idea de que el Celta mantiene en sus categorías inferiores una estructura capaz de generar jugadores con mapa para el primer equipo. El mérito, coinciden varios técnicos, está tanto en la materia prima como en la capacidad de su entrenador para dotar al grupo de identidad y consistencia competitiva.

Suárez recuerda su etapa como futbolista con claridad: mediocentro diestro, muy posicional, con un trato del balón fiable en el control y el pase corto. No era, admite, un atleta renacentista; su escasa fortaleza física y cierta lentitud le obligaron a suplir esas carencias con lectura de juego e inteligencia táctica. Esa forma de entender el fútbol, más cerebral que física, acabó inclinándole hacia la dirección técnica cuando se fue acercando el final de su etapa como jugador.

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El contacto directo con Quique Setién resultó determinante en su tránsito hacia los banquillos. Entrenar con el primer equipo del Lugo durante los últimos años de su formación le permitió absorber conceptos, rutinas y una mirada amplia sobre el juego que, según el propio Suárez, le mostró que existía otra vía en el fútbol: la de ser entrenador. Esa convivencia con el primer equipo transformó su comprensión del deporte y le dio herramientas para interpretar modelos de juego aplicables a las categorías inferiores.

Además de Setién, la figura de Manuel Mourelos, entrenador en su etapa juvenil, permanece como referencia en su trayectoria. Suárez conserva una relación estrecha con Mourelos, con quien sigue hablando de fútbol cada vez que regresa a Lugo. Describe al técnico como cercano y atento con sus jugadores, alguien que prestaba máxima atención tanto al rendimiento en el césped como a las circunstancias fuera de él, una actitud que Suárez intenta reproducir en su propio trato con la cantera céltica.

Su paso por aquellos equipos quedó ligado a episodios formativos intensos, como la época conocida entre los jugadores como los “Héroes del Carranza”, cuando muchos juveniles entrenaban con el primer equipo y convivían con futbolistas consolidados. Suárez comparte esos recuerdos con compañeros como Iago Díaz y Santi Gegunde, con quienes mantiene la amistad y a quienes espera ver empujando desde la grada en la cita del Anxo Carro. Aquella convivencia forjó un grupo competitivo que, en su momento, supo competir e incluso vencer a clubes con mayor potencial en categorías superiores.

El modelo de trabajo que aplica en el Celta juvenil A refleja la apuesta del club por un fútbol de posesión, con matices ofensivos y exigencia táctica, pero también por la formación integral del jugador. En ese sentido, Suárez entiende su papel como el de un artesano: pulir virtudes, corregir defectos y preparar a futbolistas para que asuman responsabilidades en escalones superiores. La capacidad del entrenador para conjugar resultados y formación será observada de cerca por la dirección deportiva, que vigila con atención la evolución de la cantera como cantera y como fuente de talento para el primer equipo.

Jugar la Final a Cuatro en el estadio donde se formó adquiere para Suárez un valor sentimental que no resta intensidad deportiva; al contrario, le imprime presión y motivación a partes iguales. Aspirar al título en Lugo supone cerrar un círculo personal y profesional, y, sobre todo, reafirmar que su decisión de dedicarse a entrenar, impulsada por figuras como Setién y Mourelos, tiene frutos visibles. Más allá del resultado, el rendimiento colectivo y la proyección de sus jugadores marcarán si este equipo se confirma como una de las hornadas que pueda nutrir al Celta en los próximos años.

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Redacción

Periodista de Galicia Universal.