Que el IV Foro Rural Sustentable haya cerrado su jornada central en O Castro de Caldelas con propuestas concretas, y no con un simple manifiesto de buenas intenciones, es en sí mismo una noticia. Pero lo es más si tenemos en cuenta que las medidas sobre la mesa —red de telecomunicaciones para aldeas, incentivos fiscales para nuevos residentes, digitalización del sector primario— llevan décadas siendo reclamadas sin que nadie lograra articularlas en un plan concreto.
Galicia tiene un problema demográfico que no admite más diagnósticos sin solución. Llevamos años leyendo informes sobre la despoblación del rural, sobre la falta de relevo generacional en el sector primario, sobre la brecha digital que separa las aldeas de las ciudades. Lo que faltaba no era diagnóstico: era voluntad política y, sobre todo, capacidad de ejecución.
El mérito del Foro de Caldelas ha sido precisamente ese: sentar en la misma mesa a administraciones, agentes del territorio, expertos y emprendedores rurales, y exigirles que no se fueran sin propuestas medibles. El resultado es un documento que incluye plazos, responsables y métricas. Algo tan básico como inusual en la política territorial gallega.
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Conoce más →Pero el rural no se salva solo con incentivos fiscales y fibra óptica, por necesarios que sean. Necesita también un cambio de relato. Durante demasiado tiempo, la narrativa dominante sobre las aldeas gallegas ha sido la de la decadencia: pueblos que se mueren, escuelas que cierran, bares que echan el cierre. Ese discurso, por realista que sea en muchos casos, tiene un efecto paralizante. Si todo está perdido, ¿para qué intentarlo?
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Buscar dominio →La historia de las cuatro pontevedresas que han pasado de la inspección marítima al certamen Mrs. +30, la exposición sobre Cela y Álvarez Blázquez que atrae a investigadores al Liceo de Ourense, el éxito de los cástings de la TVG o el flujo constante de peregrinos en el Camino de Santiago durante todo el año demuestran que Galicia no es solo un problema demográfico: es también un territorio lleno de iniciativas, de energía y de capacidad de reinventarse.
El desafío del rural gallego no es revertir la despoblación en una generación. Eso sería irreal. El desafío es crear las condiciones para que quien quiera vivir en el pueblo pueda hacerlo con dignidad, con conectividad, con acceso a servicios y con oportunidades económicas. El Foro de Caldelas ha dado pasos en esa dirección. Ahora falta que las propuestas no se queden en el cajón.
Galicia no puede permitirse otro foro que termine en nada. El rural no necesita más estudios: necesita hechos. Y la mejor manera de honrar las palabras del Foro es convertirlas en realidades antes de que se convoque la quinta edición.
La transición digital, la conectividad y los incentivos fiscales son herramientas necesarias, pero no suficientes si no van acompañadas de un cambio cultural que devuelva el orgullo de vivir en el rural. Las cuatro inspectoras marítimas que se atreven con Mrs. +30, los investigadores que acuden al Liceo de Ourense, los peregrinos que llenan el Camino en febrero y los centenares de personas que hacen cola en los cástings de la TVG son la mejor prueba de que Galicia tiene energía para dar y tomar. Canalizar esa energía hacia el rural es la tarea de los próximos años.
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