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El metanero ruso Arctic Metagaz, a la deriva en el Mediterráneo central, amenaza con un vertido que inquieta a Malta e Italia

Un buque metanero ruso permanece a la deriva desde principios de marzo tras ser alcanzado por un ataque con drones en aguas del Mediterráneo central. El riesgo de un gran vertido y de una posible explosión ha llevado a las autoridades maltesas e italianas a activar alertas, imponer zonas de exclusión y ofrecer apoyo técnico, mientras la comunidad internacional observa con creciente preocupación el avance de la embarcación y el rastro aceitoso que deja en el mar.

El siniestro y la situación actual del buque

El buque afectado, identificado como Arctic Metagaz, fue atacado la madrugada del 3 de marzo en aguas neutrales, a unas 168 millas náuticas al sureste de Malta, según comunicados oficiales. De 277 metros de eslora y navegando bajo bandera rusa, la embarcación salió en enero del puerto de Tieshan (China) con destino a Port Said (Egipto). Tras el impacto y un incendio, los treinta tripulantes abandonaron la nave; algunos resultaron heridos por quemaduras y fueron rescatados. Desde entonces el buque permanece sin gobierno, escorado hacia babor y con una gran brecha en el casco.

La carga a bordo aumenta la alarma: además de unos 900 toneladas métricas de diésel, el metanero transporta más de 60.000 toneladas de gas natural licuado (GNL). Las autoridades italianas han señalado también la presencia de casi 1.000 metros cúbicos de fuelóleo pesado y aceites lubricantes, además de pinturas y disolventes. Imágenes de vigilancia muestran un rastro aceitoso que se extiende sobre la superficie, indicio de que ya se ha producido una contaminación inicial.

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Malta ha declarado la zona de peligro y establecido una prohibición de acercamiento de 7 kilómetros, además de advertir a los pescadores para que se mantengan alejados. Las aguas donde se encuentra la nave están bajo la jurisdicción de búsqueda y rescate (SAR) maltesa, lo que implica que La Valeta tiene la responsabilidad primaria sobre las operaciones. Italia, por su parte, ha puesto a disposición técnicos, embarcaciones y equipos para contener daños medioambientales y está en contacto constante con las autoridades maltesas.

“Malta se encuentra entre los diez países con mayor escasez de agua en el mundo, y depende casi por completo de plantas de desalinización para el agua potable… Sería un desastre nacional sin precedentes”, declaró Mark Camilleri Gambin, líder del partido ecologista Momentum en La Valeta.

Contexto geopolítico y dudas sobre la autoría

En el plano político, el ataque ha reavivado tensiones vinculadas al conflicto entre Rusia y Ucrania. Moscú ha condenado el incidente y exigido una posición más contundente de los países europeos, mientras que parte de la prensa italiana apunta, sin confirmación independiente, a un posible origen ucraniano de la acción. A falta de verificación, la autoría sigue siendo objeto de especulación y el caso ha reabierto el debate sobre la seguridad de las rutas marítimas en la cuenca mediterránea.

Además, el Arctic Metagaz podría formar parte de la llamada “flota fantasma” con la que, según análisis previos, ciertos armadores sortean sanciones internacionales. Ese trasfondo complica la identificación de responsabilidades legales y administrativas en caso de un siniestro mayor. La normativa marítima internacional establece responsabilidades diversas: la bandera, el Estado ribereño en cuyas aguas ocurra la emergencia y los operadores del buque tienen roles distintos que, en la práctica, exigen coordinación rápida y recursos especializados para una respuesta eficaz.

Para Malta, pequeño archipiélago con recursos limitados, la amenaza no es solo ecológica. La desalinización provee en cifras oficiales gran parte del agua potable del país; cualquier contaminación persistente podría comprometer las plantas costeras y la seguridad hídrica de cientos de miles de residentes y turistas. Esa vulnerabilidad ha llevado a La Valeta a urgir apoyo internacional y a reclamar medidas inmediatas de contención y salvamento.

Impacto ambiental y lecciones a la vista

El Mediterráneo es una cuenca de alta biodiversidad pero también de fragilidad. La zona en la que se encuentra el barco es sensible por sus corrientes y por la proximidad a áreas de pesca y a enclaves turísticos e industriales. La posibilidad de que el fuelóleo y los hidrocarburos lleguen a las costas de Malta, Sicilia o incluso del norte de África depende de la meteorología y las corrientes; de producirse, los daños sobre praderas de posidonia, aves marinas y recursos pesqueros serían importantes y de larga duración.

En Galicia, el recuerdo del Prestige no es solo memoria: la gestión pública y el tejido social adquirieron lecciones sobre movilización, contención y responsabilidades. Aquel desastre multiplicó la exigencia de protocolos claros, tugs de salvamento disponibles y mayor coordinación internacional. Ahora, ante el Arctic Metagaz, se requiere esa misma diligencia: respuesta rápida, booms de contención, y quizá, si el casco lo permite, una operación de remolque o trasvase de carga para reducir el riesgo de explosión.

Autoridades técnicas italianas han advertido que, aunque el GNL en principio no contamina como un fuel tradicional si se libera al mar (se evapora), el riesgo real es la explosión por el contenido energéticamente denso y la fuga de fuelóleo y aceites. Aurelio Caligiore, almirante inspector de la Guardia Costera italiana, subrayó que “una cantidad significativa de contaminantes sigue presente a bordo” y detalló la complejidad de la operación de salvamento.

En paralelo, la dimensión legal y diplomática ya está sobre la mesa: reclamaciones por daños, procedimientos de salvamento y quién asume el coste de la contención y la limpieza son preguntas que posiblemente tardarán semanas en resolverse, si no meses.

Mientras tanto, Europa mira la situación con más atención de la que a menudo presta a incidentes en la cuenca. La combinación de material inflamable, combustible pesado y una embarcación dañada en una zona congestionada por tráfico y sensibles ecosistemas exige no solo recursos técnicos, sino también voluntad política para coordinar un esfuerzo multinacional.

El desenlace todavía está por verse. Si hay una lección que trae este caso es la fragilidad de la línea que separa una emergencia contenible de un desastre ecológico transfronterizo. A falta de un salvamento efectivo inmediato, el Arctic Metagaz sigue siendo una bomba ambiental a la deriva en un mar que, por su historia y su biodiversidad, no puede permitirse más lecciones dolorosas.

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Pablo Rivas

Periodista deportivo con amplia experiencia en la cobertura del fútbol y deporte gallego. Redactor de la sección de Deportes.