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El tren como alternativa al precio del gasoil: la ruta entre Vigo y A Coruña duplicó sus viajeros con el abono en la anterior crisis

El tren como alternativa al precio del gasoil: la ruta entre Vigo y A Coruña duplicó sus viajeros con el abono en la ant

La conexión ferroviaria entre Vigo y A Coruña experimentó un notable incremento de usuarios desde 2022, cuando el Gobierno implantó abonos cuatrimestrales que abarataron los viajes y empujaron a muchos conductores a cambiar el coche por el tren. El alza responde directamente al encarecimiento del combustible y al coste de viajar por carretera entre ambas ciudades, una presión que vuelve a sentirse tras la última crisis internacional. Los datos más recientes muestran que la oferta ferroviaria recuperó y superó los niveles previos a la pandemia, situando al tren como una alternativa económica y competitiva dentro de Galicia.

El aumento del precio de los carburantes, que se aproxima a 2 euros por litro en muchas estaciones, y el coste del trayecto por la Autopista del Atlántico —en torno a 45 euros por un viaje de ida según el propio sector— han vuelto a colocar al ferrocarril en el centro del debate sobre movilidad. Ante esta situación, muchos viajeros valoran la previsibilidad del billete y la posibilidad de evitar los costes variables del vehículo privado, desde el consumo hasta los peajes y el mantenimiento. La tensión sobre los precios ha llevado a autoridades y operadores a reexaminar medidas que en el pasado demostraron eficacia para atraer usuarios.

La experiencia de 2022 fue paradigmática: el paquete de apoyos incluyó abonos cuatrimestrales que, aunque se describieron como gratuitos, exigían una fianza de 20 euros que los usuarios recuperaban tras realizar 16 viajes. Aquella fórmula permitió viajes ilimitados durante el periodo y dejó patente que el precio era la principal barrera para que muchos usaran el tren en trayectos más largos. En el primer año completo del Eje Atlántico la ruta entre Vigo y A Coruña registró 239.183 pasajeros, cifra que había crecido a 273.631 en 2019 antes de la pandemia.

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Tras el bache del coronavirus, la recuperación fue rápida. Según el Observatorio del Ferrocarril en España, en 2024 la ruta Vigo-A Coruña alcanzó los 616.018 viajeros y la de Vigo-Santiago rozó los 711.430 desplazamientos punto a punto. En conjunto, las dos relaciones movieron alrededor de 3.600 viajeros diarios, un dato relevante si se tiene en cuenta que buena parte de los servicios no son directos y todavía compiten con la flexibilidad del coche particular. El impulso del abono demostró que, con un precio atractivo, la demanda responde con rapidez.

El crecimiento, sin embargo, se topa con limitaciones operativas. Muchos trenes efectúan paradas en Pontevedra o Vilagarcía de Arousa, lo que alarga tiempos y reduce la ventaja frente a la carretera en trayectos punta a punta. Operadores y expertos coinciden en que la implantación de servicios directos sin paradas intermedias permitiría recortar minutos cruciales y atraer a viajeros que hoy prefieren la puerta a puerta que ofrece el coche. La combinación de frecuencias, tiempo de viaje y precio sigue siendo el reto para consolidar el trasvase modal.

Las cifras de incremento de viajeros ponen de relieve también una cuestión de política pública: el precio del billete puede ser determinante para cambiar hábitos. La experiencia del abono cuatrimestral funcionó como una medida de choque que no solo compensó a usuarios en el corto plazo sino que sirvió de ensayo sobre cómo incentivar el transporte público en episodios de inflación energética. Recuperar o diseñar mecanismos similares exigirá, no obstante, estudios de sostenibilidad financiera y decisiones sobre financiación autonómica y estatal.

Más allá de la economía doméstica, la mayor utilización del tren tiene implicaciones ambientales y urbanas: menos vehículos en las autopistas reducirían emisiones y la presión sobre infraestructuras, además de aliviar atascos en días punta. No obstante, para que ese efecto sea duradero es necesario mejorar la oferta: trenes más rápidos, mayor capacidad en horas punta y mejor integración con la movilidad urbana y el transporte público local. Sin esas mejoras, la captación de usuarios podría disiparse cuando los precios del combustible vuelvan a normalizarse.

La crisis internacional abre una nueva ventana para el ferrocarril gallego. Los datos del Eje Atlántico y la experiencia de 2022 muestran que existe demanda dispuesta a migrar del coche al tren si se le ofrecen tiempos competitivos y tarifas asequibles. La decisión política sobre reactivar descuentos y la apuesta por servicios directos serán claves para saber si el pico de usuarios se convierte en una tendencia estable o en una reacción temporal a la subida de precios.

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Redacción

Periodista de Galicia Universal.