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Pilar Alén reivindica el ‘Largo’ de Haendel como música para leer y pensar

Pilar Alén reivindica el 'Largo' de Haendel como música para leer y pensar

Pilar Alén, profesora de la Universidad de Santiago de Compostela, publicó el 11 de marzo de 2026 en El Correo Gallego una tribuna en la que propone redescubrir piezas clásicas etiquetadas como «música para leer», entre ellas el célebre «Largo» de la ópera Serse. En su columna, Alén examina la aparente contradicción entre la solemnidad de la música y la ligereza o extrañeza del texto lírico, y sugiere varias grabaciones para escuchar mientras se lee. El artículo vincula además esa experiencia auditiva con otros relatos clásicos, como los cuentos de Las mil y una noches, para subrayar la capacidad de la música y la literatura de evocar mundos distintos.

La autora centra buena parte de su reflexión en la famosa aria «Ombra mai fu», conocida popularmente como «Largo», que suele incluirse en recopilaciones destinadas a acompañar la lectura. Alén recuerda que, pese a su carácter sombrío y pausado, la letra italiana dice algo tan inesperado como elogiar la sombra de un árbol, lo que provoca una disonancia entre música y texto que invita a la interpretación. Señala que la pieza, de ritmo lento y expresividad creciente, transmite una melancolía que parece detener el tiempo, por lo que muchos oyentes la asocian a momentos de calma y concentración.

La columna ofrece además un rápido repaso histórico: la figura lírica es atribuida a Jerjes, rey persa de la antigüedad, protagonista de una ópera que remite a episodios como la derrota persa en la batalla de Salamina hacia el año 480 a. C. Alén recuerda que la historia del monarca ha servido de inspiración a varios compositores. Menciona que Francesco Cavalli presentó una versión en 1654, que Giovanni B. Bononcini compuso una variante hacia 1694 y que fue finalmente el propio Handel quien, en 1738, popularizó la melodía que hoy es la más interpretada.

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La profesora destaca que no todas las versiones son iguales y anima a comparar interpretaciones para comprender mejor la polisemia de la pieza. En este sentido recomienda la grabación de Cavalli por Philippe Jaroussky como referencia para quien quiera escuchar una aproximación que rescata matices menos habituales. Para la versión atribuida a Bononcini sugiere la interpretación de Simone Kermes, y para la lectura más conocida recomienda la versión de Cecilia Bartoli, cuya intensidad vocal ha hecho de ese registro una referencia contemporánea.

Alén apunta que, más allá de la música concreta, el estante titulado «música para leer» reúne una serie de piezas cuya atmósfera resulta propicia para la concentración o la contemplación. Pone el acento en la paradoja entre lo que suenan como lamentos o exaltaciones y las letras que, en algunos casos, alaban elementos de la naturaleza con una sencillez casi naïf. Esa mezcla de sátira, serenidad y evasión, según la columna, es lo que convierte a muchas de estas obras en compañeras idóneas para la lectura pausada, aunque no siempre por las razones que se imaginan a primera escucha.

Como alternativa a la propuesta musical, la tribuna rememora el poder evocador de los relatos tradicionales y ofrece como «lectura para acompañar» el cuento de «Alí Babá y los cuarenta ladrones». Alén subraya cómo la atmósfera fantástica de Las mil y una noches rescata la infancia y la fascinación por fórmulas tan icónicas como «¡Ábrete Sésamo!», que funcionan como llaves de acceso a la imaginación. En su texto, la escritora plantea que tanto la música como la narrativa actúan como vehículos para trasladarnos a espacios mentales que facilitan la reflexión.

La profesora concluye invitando a los lectores a hacer la prueba: buscar versiones de las arias barrocas y acompañar la lectura con esos sonidos para comprobar el efecto. Propone que la experiencia auditiva no solo complemente la comprensión del texto, sino que también revele contradicciones y sutilezas que pasan desapercibidas en el silencio. En esa línea, la columna pretende despertar la curiosidad por indagar en diferentes interpretaciones y disfrutar de la tensión entre palabra y música.

La publicación de esta tribuna pone de relieve, además, el interés renovado por acercar el repertorio clásico a públicos amplios mediante propuestas sencillas y accesibles. Alén, desde su condición de profesora universitaria, articula una llamada a recuperar la escucha atenta como hábito cultural, sin pretensiones académicas excesivas pero con un aprecio profundo por las piezas y los relatos que conforman nuestro acervo compartido. La recomendación final es clara: detenerse, escuchar y leer al mismo tiempo puede transformar la percepción de obras aparentemente conocidas.

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Redacción

Periodista de Galicia Universal.