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South Pars, el yacimiento compartido que pone en jaque al mercado mundial tras el bombardeo

El bombardeo sobre el yacimiento de gas conocido como South Pars ha abierto una nueva fase en el conflicto que asola Oriente Próximo. La ofensiva, atribuida a Israel según declaraciones oficiales y que ha provocado la ira de Irán, ha llevado a Teherán a advertir de que los activos energéticos de cualquier país del Golfo son ahora “objetivos legítimos”. La amenaza, que incluye instalaciones en Qatar, Arabia Saudí y los Emiratos Árabes Unidos, ha desatado una ola de nerviosismo en los mercados y en las capitales europeas que dependen del gas y del petróleo de la región.

Qué es South Pars y por qué importa tanto

South Pars‑North Dome es, sencillamente, la mayor acumulación de hidrocarburos convencionales que existe sobre la faz de la Tierra. El yacimiento se extiende por una superficie de 9.700 kilómetros cuadrados, de los cuales 3.700 kilómetros corresponden a aguas territoriales iraníes (South Pars) y 6.000 kilómetros a las de Qatar (North Dome). Bajo esas capas sedimentarias hay gas condensado que, hasta la aparición del conflicto actual, se encontraba en plena producción.

Geológicamente, la estructura se articula en dos formaciones independientes —Kangan (Triásico) y Alto Dalan (Pérmico)—, con cuatro niveles de reservas separadas por barreras impermeables. Esa complejidad no resta magnitud: las reservas recuperables de gas se estiman equivalentes a unos 215.000 millones de barriles de petróleo, y el condensado alcanzaría cerca de 16.000 millones de barriles, traducidos en aproximadamente 230.000 millones de barriles de petróleo equivalente. Para hacerse una idea del tamaño, South Pars supera en volumen incluso al yacimiento petrolero de Ghawar, en Arabia Saudí.

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La ubicación, bajo el golfo Pérsico, incide en su vulnerabilidad. Plataformas marinas, ductos submarinos y complejos de tratamiento son infraestructuras complejas que requieren cadenas logísticas transfronterizas. Atacar ese entramado no es solo un golpe físico: es interrumpir flujos energéticos que alimentan industrias, centrales eléctricas y mercados enteros.

Reacciones, daños colaterales y antecedentes

La condena internacional llegó rápida desde la región. Majed Al Ansari, portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores de Qatar, calificó el ataque de “peligroso e irresponsable” en una publicación en X. La sensación de que la guerra puede extenderse a otras capitales del Golfo se intensificó cuando Anwar Gargash, asesor del presidente de los Emiratos Árabes Unidos, subrayó que Irán habría cometido un error al atacar a estados árabes, al tiempo que insinuó que la reacción de los Emiratos podría acercar más a esos países a la órbita de Estados Unidos y Israel. Gargash mencionó además la disposición de los EAU para ayudar a asegurar el estratégico estrecho de Ormuz.

“Ha sido un paso peligroso e irresponsable”, dijo Majed Al Ansari sobre el ataque a South Pars.

Los precios respondieron de inmediato. El crudo de referencia Brent subió hasta un 6% y superó temporalmente los 109 dólares por barril, mientras que el precio de referencia del gas en Europa escaló un 9,1% según ICE Futures Europe. Desde el 28 de febrero, cuando comenzaron los enfrentamientos entre EEUU e Israel y la respuesta iraní con misiles y drones, los precios del petróleo se han incrementado cerca de un 50%.

En paralelo, se ha acentuado la divergencia entre Brent y el West Texas Intermediate, con un descuento del orden de los 12 dólares para el crudo estadounidense, la brecha más amplia desde comienzos de 2015. Esa diferencia refleja una realidad geopolítica: mientras EEUU ha alcanzado niveles cercanos a la autosuficiencia mediante su producción interna y la importación de crudo de países como Venezuela, Europa y gran parte de Asia siguen siendo sensibles a los vaivenes del Golfo Pérsico.

Repercusiones y próximos pasos: de Ormuz a Galicia

Si los ataques a infraestructuras se generalizan, la prioridad estratégica del estrecho de Ormuz podría perder relevancia práctica. No por falta de importancia geográfica, sino porque, si las instalaciones dejan de producir, asegurar el paso de cargamentos se vuelve secundario frente a la parálisis total de la oferta. Empresas energéticas de la región ya han reducido producción ante el bloqueo operativo de este cuello de botella marítimo; un paso más implicaría una disrupción de mayor alcance.

En España, y en Galicia en particular, el impacto no será directo solo en el mostrador del crudo. Desde los muelles de Ferrol hasta las refinerías de A Coruña, se sigue con atención la evolución de los precios y la disponibilidad de gas licuado. Galicia alberga infraestructuras relevantes: la terminal de regasificación de Mugardos, en la ría de Ferrol, forma parte de la red que permite a España recibir GNL y aliviar tensiones en el mercado europeo. No es la primera vez que desde estos puertos se observa cómo los conflictos a miles de kilómetros alteran la vida económica local: subida de combustibles, costes industriales y presión sobre el transporte marítimo son efectos que llegan rápido.

En los próximos días, los grandes interrogantes serán dos: hasta qué punto Teherán materializa su aviso de atacar activos de otros países del Golfo y cómo responderán esos estados y sus aliados. La posibilidad de una coalición para asegurar rutas —con base en la experiencia de países como los Emiratos o con el apoyo estadounidense— podría dar paso a una militarización aún mayor del área. A la vez, la comunidad internacional tendrá que calibrar medidas diplomáticas y económicas para evitar que la crisis energética se convierta en una crisis humanitaria o en una recesión global.

Desde Galicia se verá pasar más buques de GNL y, seguramente, aumentará la atención política sobre la diversificación de suministros. A falta de una solución rápida, la factura del consumidor se resentirá: empresas y hogares mirarán de cerca los indicadores de referencia y las decisiones del Gobierno central sobre reservas y medidas de contención del aumento de precios.

La sombra de South Pars es larga. No solo por la magnitud de sus recursos: por su capacidad para convertir decisiones militares en tensiones económicas globales. Como periodista que ha seguido los vaivenes energéticos en Galicia y el Atlántico, conviene recordar que los efectos secundarios de estas crisis llegan siempre a la costa, aunque el disparo se haya hecho en el corazón del Golfo Pérsico.

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Pablo Rivas

Periodista deportivo con amplia experiencia en la cobertura del fútbol y deporte gallego. Redactor de la sección de Deportes.